25N

La médica que lee la muerte en los cuerpos de otras mujeres

Alicia Cadierno, ex directora del Instituto Médico Legal, recuerda cómo fue cambiando el enfoque y el tratamiento de los femicidios a lo largo de las últimas décadas

Miércoles 25 de Noviembre de 2020

El 13 de mayo de 2003, un cuerpo fue hallado en una cuneta, tapado por ramas, en un camino rural cercano a la ruta nacional Nº 9, a unos 60 kilómetros al noroeste de Rosario. Se trataba de la maestra Daniela Spárvoli, de 27 años, quien había sido vista por última vez dos días antes cuando salía de la escuela rural Loma Partida, de Villa Eloísa, a la que solía llegar a trabajar diariamente haciendo dedo. Cinco años después, la Justicia condenó a Juan Pablo Carrascal a prisión perpetua por el asesinato y violación de la docente. La cámara provincial primero y la corte nacional después ratificaron el fallo. Sin embargo, la investigación no pudo establecer si del hecho participaron otras personas.

Sentada en un bar de avenida Pellegrini, un día feriado, muchos años después, Alicia Cadierno recuerda esa autopsia en la que intervino cuando aún en el país no se hablaba de femicidios. La ex directora del Instituto Médico Legal, médica legista, del trabajo y cirujana general, menciona el caso Spárvoli no sólo porque las muestras de ADN del agresor halladas en el cuerpo de la joven fueron una prueba de peso para lograr la condena, sino porque fue uno de los primeros asesinatos de mujeres en los que intervino que tuvo una amplia cobertura en los medios de comunicación.

"Era un momento –dice– en el que esta problemática comenzaba a ponerse en primer plano. Y la mediatización del caso obligaba a dar una respuesta adecuada. Rescato mucho el trabajo de los medios porque creo que al visibilizar estos casos se da a conocer que todos tenemos el derecho de cuidarnos y de priorizar nuestra vida. Esto es fundamental".

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En el Instituto Médico Legal de Rosario se realizan un promedio de entre 1.000 y 1.200 autopsias por año. Los procedimientos se dividen entre diez profesionales.

En el Instituto Médico Legal de Rosario se realizan un promedio de entre 1.000 y 1.200 autopsias por año. Los procedimientos se dividen entre diez profesionales.

Cadierno se jubiló el pasado 1º de mayo, el Día del Trabajador, 42 años después de ingresar al Poder Judicial como empleada. Al edificio de ladrillos rojos del Instituto Médico Legal llegó en 1992, pero no lleva la cuenta de las autopsias en las que participó desde entonces. Solo da pistas: el instituto tiene un promedio histórico de entre mil y mil cien procedimientos por año, que por tradición se reparten equitativamente entre cinco y diez profesionales. La médica suma 30 años de autopsias, el lector puede hacer el cálculo.

Ella prefiere olvidar todas las veces que secundó a la muerte escrutando los cuerpos de las víctimas de violencia, homicidios, suicidios, accidentes, infanticidios, muertes dudosas. La cantidad de informes que escribió atenta a cada signo, a cada detalle. Sobre todo si las autopsias son sobre cuerpos femeninos, porque incluso antes de que el Código Penal argentino incorporara la figura del femicidio como una forma extrema de violencia contra la mujer, allá por 2012, los médicos de la morgue ya sabían que los ataques son muchas veces, "la mayor parte de las veces", la culminación de otras agresiones.

"Los asesinatos de mujeres, de jóvenes, de niñas, muchas veces son el corolario de situaciones de violencia que van in crescendo a través del tiempo. Por eso, la autopsia no se limita a ver las lesiones, lo primero que se observa es el gesto y los rasgos de dolor y de tristeza que, claramente, aparecen en el rostro", asegura.

Para la médica, "el signo traumático de la agresión física es mucho menos frecuente que la agresión psicológica". En la autopsia solo se ven los últimos capítulos de la serie. "Son cosas tremendas. Vemos improntas y estigmas de cadenazos y quemaduras de cigarrillos; de mordeduras, de laceraciones, de desgarros de cuero cabelludo; lesiones hechas en vida y ya fallecidas. Pero los estigmas no pasan solo por la lesión traumática reciente, encontramos también otras heridas cicatrizadas, de antigua y diversas datas. Hemos visto cosas, a veces, inimaginables. Pero la cuestión psicológica es mucho más frecuente y muchas veces mucho más dañina porque el deterioro cruento, crónico, progresivo, lacerante y extenuante fundamentalmente es psicológico y, muchas veces, está naturalizado. Por suerte, esto se está revirtiendo, con el trabajo de las mujeres y con actores varones que lo entienden tal cual como nosotras y que siempre han existido", dice la mujer que mira a la muerte de frente.

Aquellos ojos

Cadierno tiene los ojos pardos que, a la luz del sol, toman tintes verdosos. Habla con los ojos, a veces muy abiertos, a veces cerrados, a veces húmedos. Uno piensa que son ojos que se han enfrentado a las peores miserias humanas, pero aún así lograron conservar intacta la dulzura. No son particularmente bonitos, son más que eso, son profundos.

La primera vez que ingresó al Poder Judicial tenía 23 años y aún no se había recibido de médica. Había pasado varios exámenes y la Corte la había asignado a una oficina, pero cuando llegó no fue bien recibida. "Disculpame, pichona, no es nada personal contra vos, pero una mujer no puede trabajar acá", le dijo quien estaba destinado a ser su jefe.

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Este año la fiscalía provincial aprobó su propio

Este año la fiscalía provincial aprobó su propio "Protocolo de investigación y litigio de muertes violentas de mujeres (femicidios)” que obliga a realizar autopsias también en los casos que en principio puedan parecer muertes accidentales o suicidios

Ya recibida, cuando empezó a trabajar en el Instituto Médico Legal, solo tenía una compañera mujer: Marta Rodríguez Pujol, que era psiquiatra y no hacía autopsias. Tiempo después se sumó una tanatóloga Silvia Cavallini. En 2013, Cadierno se hizo cargo de la dirección del instituto; desde entonces intentó que los ingresos de personal fueran igualitarios.

¿Por qué? "Para equilibrar las miradas –responde–, porque hemos sufrido ya muchas etapas donde la visión única masculina no permitía poner en plano la sensibilidad, la vulnerabilidad frente a situaciones dolorosas, la sobrecarga del trabajo que sostienen las mujeres o la carga de culpa y dolor de lo que significa dejar a los hijos al cuidado de otras personas".

A diferencia de lo que sucede en otras grandes ciudades de país, en Rosario los médicos forenses no solo hacen autopsias. En Buenos Aires, sin ir más lejos, las tareas están más especializadas: hay profesionales que hacen exclusivamente evisceraciones, médicos tanatólogos, médicos que se dedican a distintas especialidades, por ejemplo clínica o ginecología, gente que trabaja en entrevistas de Cámara Gesell. En el IML hay 14 médicos forenses, de los cuales tres son psiquiatras, y la tarea es amplia: realizan exámenes físicos, entrevistas, visitas domiciliarias, abuso sexual, violencia y autopsias. Examinan los cadáveres y entrevistan a los victimarios, e intentan llevar una respuesta a los afectos de las víctimas.

Según pasan los años

Desde su ingreso al IML, Cadierno fue testigo del incremento de los femicidios. También de los cambios en las formas de investigarlos. Hace dos años, la Unidad Fiscal Especializada en Violencia contra las Mujeres, del Ministerio Público Fiscal de la Nación presentó su "Protocolo de investigación y litigio de muertes violentas de mujeres (femicidios)”. Dos años después, la fiscalía general de la provincia aprobó su propio manual para incorporar la perspectiva de género a las pesquisas penales.

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La vestimenta, calzado, aseo del cuerpo, tatuajes también son signos que ayudan a comprender qué pasó.

La vestimenta, calzado, aseo del cuerpo, tatuajes también son signos que ayudan a comprender qué pasó. "Cada caso es singular y se lo aborda con una meticulosidad absoluta", afirma Cadierno.

Allí se refiere a la necesidad de realizar autopsias en "todas las muertes violentas de mujeres en las que no se pueda descartar que hubieran resultado de usos intencionales de la violencia, aunque en principio puedan parecer muertes accidentales o suicidios". Y describe entre los objetivos de la autopsia "identificar a la persona fallecida, estimar la fecha y hora de la muerte, determinar la causa y modalidad, y preservar rastros del posible agresor presentes en el cuerpo de la víctima y otros rastros o indicios de la violencia de género, incluso aquellos que pudieran tener una data anterior al hecho homicida".

En sus últimos años al frente del IML, Cadierno y su equipo estuvieron trabajando para adaptar los procedimientos a esos protocolos "que obligan a trabajar en todos los casos singularmente". También, dice, habilitan a utilizar recursos complementarios a la autopsia, por ejemplo un relevamiento radiológico completo para visibilizar lesiones óseas de antigua data o tomografías para visibilizar lesiones mínimas que pueden no ser vistas por el ojo desnudo". Pero aclara que "todo esto, claramente, se adapta a la posibilidad de los efectores".

Lo que no cambia es la "meticulosidad absoluta" con la que se trabaja para no pasar por alto ningún signo. Esos que se pueden esconder en la ropa, el calzado, los tatuajes, la falta de cuidados personales o el extremo aseo de las víctimas. "Una vez que finalizamos una autopsia tenemos una obligación moral, como funcionarios públicos, de dar una respuesta al entorno de las víctimas, al menos en la medida que uno pueda y no signifique vulnerar secretos del expediente", señala.

Solo entonces, subraya, su tarea está cumplida.

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