La Ciudad

La labor de tejer vínculos entre más de 60 jóvenes derivados de la Justicia Penal Juvenil

Los chicos del emprendimiento "Todo Rico" son parte de la estrategia donde juntarse a cocinar es una excusa para encontrarse

Sábado 10 de Julio de 2021

Tejer desde el Estado un escenario diferente y por fuera de los expedientes donde los jóvenes y adolescentes suelen ser protagonistas. Que el Estado sea más un agente represor; un expediente primero en los organismos de Niñez, después en la Justicia Penal Juvenil y que termine en los Tribunales. Esa red es la que desde 2014 a nivel provincial y ahora desde el municipio, pandemia de por medio, intenta ir anudando el programa Nueva Oportunidad que sigue funcionando y que entre el 2020 y el 2021 trabajó con más de 60 chicos derivados justamente de juzgados de menores, la división de asuntos juveniles femeninos e incluso los que pasaron por el Centro Especializado de Responsabilidad Penal Juvenil (ex Irar). "Esa es la población más vulnerable y a que alguien los tienen que estar esperando una vez que vuelven a su casa, al barrio y al territorio", dice Luciano Vigoni, a cargo del proyecto de enlace que se viene desarrollando en los barrios. Así y todo, sabe de las dificultades, de las complejidades que sumó la pandemia y de lo que falta. "Por lo menos habría que llegar a 200 chicos”, admite.

“Los chicos encuentran mucha soledad, complejidades y tensiones después de pasar por esos procesos y a veces incluso los adultos de sus familias también están arrasados", cuenta Claudia Girri en el patio de La Estación, ese espacio frente al parque Yrigoyen, donde desde hace un año, en plena pandemia, asumieron el desafío de poner en marcha "Todo Rico".

El emprendimiento de panificación es "una excusa" para encontrarse y generar otros lazos con los chicos, admiten Anabel Valentini y Alejandra Macchiatti, dos trabajadoras de la Municipalidad que llevan más de una década de experiencia en diferentes espacios territoriales.

Hasta ahí llegaron Elías, de 20 años, e Iván, de 25. El más chico tiene largo pasar por el programa Nueva Oportunidad, un programa del que ya es un "veterano" y con el que se conectó durante su paso por el ex Irar. Ahí Elías también se vinculó a la escritura y la poesía en los talleres, incluso llegó a ser parte de "El humo les va a llegar", un libro de poesía que la editorial Municipal editó en 2018.

Con 20 años, una hija de uno y asentado con su pareja en el barrio Tablada, Elías se sumó al proyecto de panificación en la pandemia. "Ahora escribo trap", cuenta, pero admite que siempre le gustó cocinar y más allá de las letras y las poesías que siguen siendo parte de sus días, señala que también busca alternativas que le permitan conseguir un trabajo.

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Es que el empleo que había conseguido, cuenta, "se cortó con la pandemia". La elaboración de budines, alfajores y tortas ahora son parte de sus jornadas, una producción que publican y venden a través de las redes sociales. Así y todo no deja de pensar en las canciones que son otro de sus proyectos. "Pienso, si puedo, en grabar un video y subir la música por las redes sociales”, tira como adelanto.

La pelea de Iván contra los consumos problemáticos es reciente y en el emprendimiento se propone "hacer algo". El joven de Villa Constitución, cuenta que pasó "un tiempo en un centro de adicciones y en el Buen Pastor" y señala que lo que busca ahora es "conseguir un trabajo".

El contexto de la violencia

El director del programa no deja de insistir en que el nudo del abordaje "es el de los pibes de los barrios, esos que están muchas veces tomados por las situaciones de violencia". Esos mismos que terminan siendo parte de las crónicas de los diarios porque mueren o porque matan.

"Las tensiones que atraviesan incluso quienes están contenidos en estos espacios son constantes", le suma Girri. Y esa tensión pasa muchas veces por estar en su casa y que les toquen la puerta para sumarse a una red delictiva para salir a tirar tiros o vender drogas.

“Estos espacios se generan para que justamente puedan pensarse desde otro lugar de esa realidad abrumadora que tienen", agregó la coordinadora.

Además de su paso por la Justicia Penal Juvenil, algunos tienen problemas de consumos problemáticos, otros pasaron por situación de calle o escenarios de violencia familiar. "Cuando salen de los centros, no tienen a nadie y justamente lo que creemos que es central, es que tengan un enlace en los territorios, alguien que los contenga y los acompañe -continua Vigoni-. Las alternativas son que se sumen a estos espacios productivos o a las propuestas educativas, pero si eso no es posible, al menos que alguien, un referente, esté ahí para ellos y para acompañar su reinserción".

Es que los recorridos tiene fluctuaciones, idas y vueltas. Muchas veces se presentan a las primeras entrevistas, manifiestan interés por alguna de las alternativas, se ausentan; consiguen una changa y luego la pierden; enfrentan en sus hogares otras situaciones críticas, violencia, consumos en padres o hermanos; no pueden asistir porque tienen conflictos en los territorios, hay barrios a los que pueden ir y otros a los que no; a veces vuelven a caer detenidos.

La excusa de hacer el pan

Anabel no es maestra pastelera, pero lleva casi dos décadas de trabajo sostenido en el municipio y desde 2014 trabajan juntas con Alejandra. "Hacemos más que todo un espacio de transmisión de recetas, de intercambio, donde ellos traen incluso sus propias recetas familias y las trabajamos juntos", señala Anabel.

Admiten que meter las manos en la masa es "una excusa" para el encuentro. Pese a la pandemia, el espacio se sostiene desde hace un año y con restricciones en la cantidad de participantes, se encuentran en La Estación a cocinar.

“Queremos que se encuentren, que sea un lugar donde puedan surgir y compartir las situaciones críticas o de conflicto que atraviesan, que eso salga y esas cuestiones podamos conversarlas entre todos", dice.

Alejandra señala que "esas charlas salen espontáneamente, a veces más a veces menos". Y deja en claro su mirada sobre las infancias, los jóvenes y los territorios a lo largo de los años. "Se dio un desarme de la política pública de infancias y juventudes _considera_. Hubo una apuesta y un fortalecimiento que fue menguando en la última etapa y que la pandemia terminó de golpear. A eso se sumó la dificultad con la escolaridad y lo que termina sucediendo es que los chicos en los barrios, no tienen mucho para hacer".

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