Domingo 06 de Marzo de 2022
La inseguridad y la situación económica son las razones más fuertes por las cuales los rosarinos dejan el país en busca de otros horizontes. Desde que se relajaron las trabas migratorias por el Covid, empezaron a incrementarse de forma sostenida las consultas para viajar al exterior, sin fecha de retorno. Los que se fueron reconocen que viven más tranquilos y consiguen trabajo, pero extrañan mucho, sobre todo a la familia y a los amigos. A diferencia de 2001, hoy los que dejan el país son profesionales que están trabajando en el país, pero no les alcanza para llegar a fin de mes.
Uno de los que se irá es Carlos (prefirió omitir su apellido). En una charla con La Capital, expresó: “Me niego a vivir en una ciudad narco y que mis hijos crezcan aquí. Rosario se volvió invivible, por eso me voy del país”, expresó el hombre que en estos días está vendiendo todas sus cosas para trasladarse con su familia a España.
Carlos tiene 51 años, nació y creció en Rosario, sin embargo hace varios meses que decidió irse. “Un tipo drogado se bajó de una moto y me puso una (pistola) 9 milímetros en la cabeza, me pegó y me robó. A mi hijo también le robaron. Pero, cuando le pasó a mi hija, un día de semana, a las 5 de la tarde, en la puerta de la Aduana, y la manosearon toda, ahí dije ¡basta!”, confesó indignado.
“En el 2001 se iban de Argentina quienes no tenían trabajo, buscaban oportunidades laborales, pero ahora se va gente que está trabajando, pero que no puede vivir acá por lo que pasa”, reflexionó Carlos, que contó que conoce empresarios que instalaron sus compañías en Uruguay, Italia y España.
Carlos fundó una empresa en Rosario donde trabajan unas 70 personas. En su caso, la tecnología le permitirá seguir dirigiendo la compañía desde Europa. “Me cansé y no necesito estar acá para trabajar”, confesó. Sus hijos adolescentes también se quieren ir, a pesar de que deberán dejar a sus amigos, el club y la escuela. “Están hartos de los políticos, piensan que esto no se arregla más y saben que tendrán posibilidades de crecer sin miedo a que te baleen o te roben”, expresó el hombre.
Jóvenes profesionales
El año pasado, en plena pandemia, Marijé Bruno y Juan Luis Gagliano dejaron todo y se fueron a vivir a Italia. Los dos son profesionales y estaban trabajando muchas horas en Rosario.
La decisión de dejar atrás su tierra la tomaron después de ciertos hechos de inseguridad que sufrió Marijé cuando estaba embarazada y también con su bebé. Esto fue determinante para buscar otro horizonte. “Ahora uso la cartera, voy por la calle sin miedo, dejo la bicicleta atada y sé que cuando vuelvo la voy a encontrar”, aseguró la joven que, a un año de estar en Padua, ya trabaja como psicóloga.
Juan Luis, su marido, también trabaja como ingeniero y en este año ya tuvo varias propuestas laborales más. “A un año, ya estamos encaminados”, reconoció la joven que tiene la ventaja de ser ciudadana italiana.
“En Italia hay planes para que te puedas comprar tu vivienda, no hay inflación, el transporte funciona y la ciudad es limpia, pero también cuesta estar lejos de los afectos. Lo que es seguro es que a Rosario no volvemos. Si regresamos por vacaciones, será para encontrarnos con la familia, pero en otro lugar, en Rosario no”, contestó tajante.
La chica asegura que su salida de Argentina es “definitiva”, y cree que es “muy difícil” que vuelvan a Rosario. “Tenemos miedo, la policía es muy corrupta y la ley no funciona”, cerró.
La aventura de salir adelante
Para los jóvenes que recién arrancan la actividad profesional, irse al exterior les supone una aventura que los desafía. Ese es el caso de Agustina Bustamante. Ella se fue en noviembre de 2019, con 25 años, recién recibida de kinesióloga. Emprendió la aventura con su marido, que trabajaba en Rosario como perito clasificador de granos.
“La decisión que nos empujó a irnos fue que se volvía muy difícil independizarnos, más que nada por el tema económico. La inseguridad también fue un factor importante porque nos daba mucho miedo salir a la noche, guardar el auto....”, cuenta desde Europa.
Los dos son jóvenes y tenían la ciudadanía italiana, por lo cual se decidieron a probar y viajaron a Barcelona con el pasaje de vuelta abierto. Los dos tenían trabajo en Rosario, pero no les alcanzaba para casarse e irse a vivir juntos. En cambio sí lo pudieron hacer en España.
Actualmente Agustina y su marido viven en Reus, una ciudad a 90 kilómetros de Barcelona. “La ventaja de vivir aquí es la tranquilidad que tenés cuando salís a la calle, vas tranquila porque no te pasa nada. Acá no tenés miedo de que te roben o de que te maten. Y otra gran ventaja es lo económico, trabajamos los dos, cobramos un sueldo básico y vivimos tranquilos”, relata la joven que hace pocos meses tuvo su primer hijo. “Pudimos formar una familia, no sé si me hubiera animado a hacerlo allá, tal vez tenía que esperar”, reflexiona.
“Pero no todo es color de rosa”, aclara la joven. “No tener a la familia cerca pesa muchísimo y hay días en que te dan ganas de volver. Y se extraña el río, el asado, tomar mate en cualquier lado, la comida, las costumbres, la forma de hablar”, describe.
Agustina cuenta que en Reus hay varios rosarinos y se suelen juntar: “La mayoría dejó la ciudad por la inseguridad, la economía, y la poca tranquilidad. Cuando nos juntamos siempre terminamos hablando de Rosario, de lo bueno y lo malo. Siempre miro las noticias de allá, con la esperanza de que al menos la seguridad mejore, para poder volver, pero por ahora no se ve muy cercano”.
“Puedo viajar”
Azul Placco tiene 22 años, es rosarina y desde hace tres vive en San Cugat, a cinco kilómetros de Barcelona. “Crecí en Rosario, pero con parte de la familia en España, y siempre supe que allí se estaría mejor. Decidí irme porque no vivía tranquila en Rosario, la inseguridad es muy fuerte”, dijo la joven que logró alquilar un departamento e independizarse, algo que en Argentina le era imposible.
“Acá puedo hacer cosas que allá no, como trabajar en blanco, pagar un alquiler, y ahorrar para viajar. En Rosario tenía que trabajar todo el año para pensar alguna vez en irme de vacaciones”.
“Lo único que extraño es a mi familia, mis padres y a los parientes de parte de mi papá, pero después nada más”, contó.
El éxodo de los rosarinos se refleja en la cantidad de consultas que tienen las agencias de viajes para Europa. El presidente de la Asociación Rosarina de Agencias de Viajes (Arav), Claudio Manibesa, confirmó que la tendencia crece. “Desde que se comenzaron a flexibilizar los controles por la pandemia, empezaron a subir las consultas, en las agencias de viajes de personas que se quieren ir. En especial, las consultas son por España, Italia y los países nórdicos, y el perfil de quienes se quieren ir son jóvenes, de hasta 40 o 45 años, que buscan seguridad.
“Tenemos una consulta sostenida de este tipo de viajes”, aseguró Manibesa.
En esa línea, Darío Castro, de la agencia Promar Viajes, contó: “Desde comienzo de año notamos un incremento en las consultas de pasajes aéreos al exterior. Tuvimos la posibilidad de asesorar a distintos pasajeros, con las tarifas y regulaciones de tickets aéreos por sobre todo. Contar con un mayor porcentaje de población vacunada ayuda a que el pasajero tome la iniciativa de volver a viajar, aunque en muchos casos la gente se va para no volver”.
