La increíble historia del primer rosarino que podría viajar al espacio
Lisandro Martínez es rosarino y tiene 29 años, y acaba de finalizar una serie de pruebas para la Agencia Espacial Europea. Conozca la increíble historia del primer rosarino con posibilidades de viajar al espacio como integrante de una misión internacional. Estudió en el Politécnico y es hincha de Central.

Viernes 05 de Septiembre de 2008

Lisandro Martínez es rosarino y tiene 29 años, y acaba de finalizar una serie de pruebas para la Agencia Espacial Europea. Conozca la increíble historia del primer rosarino con posibilidades de viajar al espacio como integrante de una misión internacional. Estudió en el Politécnico y es hincha de Central.

Según publica el sitio ON24, Lisandro Martínez estudió en el Politécnico. Terminó la secundaria con un marcado gusto por lo aeronaval, con preferencia a lo aeroespacial. A los 17 años ya volaba en el aeroclub de Alvear. Hizo el curso de piloto privado y tuvo su primera licencia de piloto antes del carné de conducir: "Me tomaba el colectivo para ir a volar un avión: un aerovuelo 115 en el Aeroclub", bromea Lisandro, un rosarino de 29 años que acaba de finalizar una serie de pruebas para la Agencia Espacial Europea, que busca formar un plantel de astronautas.

-¿Cómo te comenzaste a involucrar en lo aeroespacial?
-Se me dio la posibilidad de ir a Estados Unidos a hacer la carrera de aeronavegación allá. En julio de 1997 y en cinco meses hice la carrera: homologué la de acá, saqué la de piloto aerocomercial americano, piloto multimotor, licencia de instructor y conseguí un trabajo en la escuela donde yo estudiaba. Sumé quinientas horas, después mil, después seguí y pasé las 1.300. Volé Cessna 182, Dutchess, aviones chicos para entrenamiento, sin pasajeros. Un año decidí venir a Argentina para ver si podía entrar en Aerolíneas, que era lo que quería, cerca del año 2000. Con casi veinte años, era de los más jóvenes pilotos, pero no lograba, junto una camada de nuevos pilotos, que nos incorporaran. Firmamos un acuerdo, logramos seguir perteneciendo a Aerolíneas Argentinas pero intenté conseguir trabajo, mientras tanto, en otro lado. Gracias a Dios me pasó siendo chico, no de grande, si no quedaba en la calle. Volví a Estados Unidos a trabajar y a estudiar ingeniería a la universidad de Embry-Riddle, ingresé para ingeniero físico y la terminé en menos de cuatro años, unos meses antes de lo que normalmente se tarda.

-Ahí empezo la idea de estudiar de cerca fenónemos relacionados...
-Estaba muy relacionado con la física espacial, teníamos sistemas, dinámica espacial, todo se relacionaba con el espacio. Entré en un laboratorio para trabajar en algunos proyectos subvencionados por el National Science Foundation y la Nasa. El primero es como el Conicet. Trabajé como secretario del Departamento y trabajé a prueba para un profesor, que cuatro meses después me llevó a Resolut Bay, una base en el Polo Norte, donde desarrollaban proyectos relacionados con la materia. Ahí estudiamos emisiones de luz en la alta atmósfera, con instrumentos recogemos datos, mantenemos los sistemas, calibramos instrumentos. Ese primer año, como vieron que era interesado, me hicieron aprendiz de un especialista que ya terminaba la carrera. Estuve en Groenlandia, en el Polo Norte y finalmente en la base estadounidense de Amundsen-Scott, a -45 grados de temperatura. Mi vida es un invierno. Allí me dieron una medalla del Congreso de los Estados Unidos, por haber participado del proyecto. La medalla tiene tonos oscuros que hacia el centro se van degradando. Simbolizan los meses de oscuridad y los de luz y los estados intermedios que tiene la Antártida. Yo seguí estudiando las carreras. Hasta entonces, estaba más abocado a los estudios de luz en alta atmósfera, a lo que tiene que ver con la dinámica de la atmósfera. Era más en la parte científica, más relacionado a la aeronomía. Después hice un proyecto de investigación para desarrollar un proyecto relacionado con el diseño de una misión a Urano, como un satélite que iba a hacer mediciones a la atmósfera, que incluyó el estudio de propulsores nucleares.

-¿Cuándo notaste el quiebre, la posibilidad real de trabajar en proyectos astronáuticos?
-Con el trabajo, en el último año entré a una competencia de la AIAA (American Institute of Aeronautics and Astronautics). Ellos todos los años te dan consignas, cada universidad se presenta. Nosotros decidimos diseñar un vehículo reusable para sustituir, en un transbordador en uso como el Discovery, para llevar cuatro astronautas y 250 kg de carga o 2500 kg. de carga solamente. Para una nueva generación de transbordadores. Por ejemplo, el del tipo de Columbia, se diseñó en los ‘60 y ‘70 y se usó en los ’80. Es para llevar cargas grandes en el espacio, lo que se necesita es llevar gente y que no tenga un costo tan alto. Quedamos terceros en el certamen. De esa forma, me involucré mucho más con el tema. En ese momento, me recibí de ingeniero físico a los 26 años y de ahí decidí volver después del 11-S, porque lo espacial depende de National Security y los trabajos para un extranjero se restringen mucho. Me quería quedar, pero tenía visa de estudiante y tenía que aguantar allá hasta conseguir la green card. Cuando llegué, hubo un llamado para entrar a Aerolíneas, rendí y me quedé, pero antes tuve que irme a Denver a hacer otro curso, el de copiloto de relevo de cruceros de Jumbo. Volví a hacer la capacitación de Boeing 737-200 y estuve hasta el año pasado trabajando como copiloto. Tengo una licencia sin goce de sueldo de Aerolíneas.

-¿Hasta cuándo volaste con Aerolíneas?
El año pasado me surgió una posibilidad de hacer una beca doble, llamada Erasmus Mundus, es un master doble en ciencia y tecnología espacial, cuya primera etapa ya terminé. Ahora arranco la etapa de astronáutica e ingeniería espacial. Es un programa itinerante, por lo que se hace en diferentes universidades. La primera etapa fue en Alemania, la segunda es en Inglaterra. En esa primera parte, estuve en Kiruna, una ciudad del circulo polar artico. Estudié la aurora boreal, una de las más grandes experiencias, con días de 23 horas de luz y 23 de oscuridad, con todo lo que implica para el cuerpo. Volví a Europa, a fines del año pasado surgió la posibilidad de presentar un proyecto en la Agencia Espacial Europea, un dispositivo para que los astronautas pudieran utilizar en el espacio. En mi caso, un vehículo pequeño, que se pueda manejar y estacionar para utilizar dentro de la estación espacial, para que los astronautas no tengan que estar en contacto con un área de riesgo: una despresurización rápida, una zona con fuego, despresurización explosiva. Que se pueda utilizar este aparatito de minipropulsores por control remoto para que los astronautas no tengan que estar ahí.

-¿Cómo te fue con eso?
Me fue bien, ahora tengo que diseñarlo. Tuve la oportunidad de hablar con un astronauta para sacarme dudas sobre situaciones de emergencia, y tengo que hacer la presentación final en noviembre. Hay un concurso, el primer premio es para construirlo en la Agencia Espacial Europea como un trabajo, durante un año. En medio de eso, salió un llamado para formar un miniplantel de astronautas para Europa y pude acceder porque soy ciudadano italiano. Cuando salió la posibilidad, pensé: soy piloto, hice un master, estudié aeronomía en el Polo Sur y en el Polo Norte. Todo esto tiene que sumar. De chico siempre me preguntaban qué quería ser y yo siempre dije astronauta.

-¿Cómo fue lo del examen?
-De 8.600 candidatos, tras llenar diez páginas de información, estudios médicos como para un piloto, llenar formularios, escribir exámenes durante un día entero, quedé entre los 700 posibles candidatos. Cuando quedé seleccionado, nos invitaron a hacer una serie de exámenes en Hamburgo durante quince días, llegando a catorce en un día y diez minutos durante uno y otro, esto fue lo último que hice. Está por llegar el momento de ir a Inglaterra en la universidad de Kramfields y me queda la sensación de que todo lo que me perdí valió la pena, tengo la posibilidad de competir con 700 cráneos de todas partes. De ellas, no sé, unas quinientas deben tener todas las condiciones. Y todo para cuatro astronautas titulares y cuatro suplentes. Haber participado en un llamado para el que hacía 16 años que no se llamaba es un honor. Buscan biólogos, ingenieros, ingenieros civiles, con el objetivo de llevar gente a una misión en Marte o la Luna. No es que haya que ser ingeniero físico, no es excluyente.

-¿Sentís que sacrificaste todo por tu sueño de ser astronauta? ¿Te quedó algo por hacer?
-Los sacrificios que hice, pasar dos cumpleaños en la Antártida y dos navidades y año nuevo en el Polo Norte. Con esto tenés pilas para salir adelante. Mi familia, mi novia, todo el mundo me banca, están siempre. Soy hincha de Central, voy a la cancha, cuando vengo mis amigos me llevan a comer, a bailar. Es lindo venir y tomar contacto con todo eso. Son ellos con quienes hoy sigo compartiendo todo: lo que soy y lo que me gusta ser.