La ciudad

La idea de no dejar entrar motos al centro cosechó duras críticas

“Es una propuesta que denota la falta de un análisis profundo sobre el tema y las variables que lo determinan. La inseguridad no se previene copiando ideas trazadas para otras problemáticas, sino planteando políticas públicas arraigadas en la realidad local y que se sostengan en el tiempo. Y si bien toda estrategia de prevención del delito puede implicar restricciones a la circulación, esto excede lo tolerable en ese sentido”. De esta manera se refirió ayer el secretario de Seguridad Comuntaria de la provincia, Enrique Font, al proyecto presentado por el concejal radical Jorge Boasso...

Jueves 15 de Abril de 2010

“Es una propuesta que denota la falta de un análisis profundo sobre el tema y las variables que lo determinan. La inseguridad no se previene copiando ideas trazadas para otras problemáticas, sino planteando políticas públicas arraigadas en la realidad local y que se sostengan en el tiempo. Y si bien toda estrategia de prevención del delito puede implicar restricciones a la circulación, esto excede lo tolerable en ese sentido”. De esta manera se refirió ayer el secretario de Seguridad Comuntaria de la provincia, Enrique Font, al proyecto presentado por el concejal radical Jorge Boasso que propone prohibir el ingreso al microcentro —los días hábiles en horarios pico— de motos tripuladas por dos personas para impedir delitos como arrebatos y salideras bancarias, para los que suelen emplear ese tipo de rodados.
  Más allá de exponer sus críticas al polémico proyecto del edil, Font prefirió enfocar el tema desde las políticas que el gobierno provincial implementa contra una cuestión que considera más de fondo: la economía delictiva existente en torno a las motos, que hace jugar a los rodados un doble papel de herramienta tanto de objeto de distintos robos.
  Para Font, tanto el robo de motos como el empleo de éstas para delinquir se han visto históricamente amparados en la informalidad del mercado de estos rodados, en el que hasta hace muy poco una concesionaria podía entregar —sin restricciones legales— vehículos sin patente a sus compradores.

Saneamiento. “Para abordar ese problema convocamos a todos los actores que pueden intervenir en sanear este mercado, desde las concesionarias y los registros de la propiedad hasta el Poder Judicial, la policía y los municipios. El trabajo y los controles e investigaciones se dan tanto en la calle como en los locales donde se puedan reducir las motos robadas que, a diferencia de los desarmaderos de autos, pueden funcionar en lugares tan pequeños como un departamento”, explicó Font.
  En esta estrategia, según el funcionario, es clave el papel de los operativos en la calle que la provincia y municipio “vienen realizando coordinadamente” desde hace meses “en distintas zonas de la ciudad, no sólo en el centro”. Estos controles, de los que ya diera cuenta La Capital, consisten en requerir documentación y elementos de seguridad a los motociclistas.
  El funcionario destacó los números de esa tarea. “En 2007 el registro de secuestro de motos en la provincia era de cero. El año pasado, en Rosario se incautaron más de 850 y en lo que va de este ya son más de 1.400 los vehículos remitidos al corralón por problemas de papeles o falta de elementos de seguridad. Y si bien no son todas motos robadas, hay un porcentaje importante que tiene pedido de captura o numeración adulterada”, sostuvo.

Salideras. El proyecto de Boasso fue ingresado tras conocerse dos cuantiosos robos perpetrados por motociclistas, uno de ellos en un rapipago céntrico. En este marco, Font se refirió también a la prevención que se realiza en torno a las salideras bancarias, que van más allá del control de motocicletas. “No sirve copiar ideas y trasplantarlas. En Colombia se colocaron las patentes en los cascos para poder perseguir con helicópteros a los sicarios que mataban o secuestraban en motos”,
señaló.
  “En este caso trabajamos con los bancos, las agencias de seguridad privada y el gremio de los empleados. Se apunta a los espacios públicos y al interior de los locales, porque en esto es fundamental evitar que salga información que permita identificar a los blancos de las salideras”, explicó.
  En este sentido, indicó que las tareas de prevención no se acotan al centro, sino que se extienden a las áreas bancarias de la zona norte, sur y barrios como Echesortu.
  No obstante, Font admitió que es imposible mensurar el éxito de estos dispositivos. “No se puede saber cuántas salideras no se cometieron a raíz de este trabajo. Sí notamos que el fenómeno está bastante estabilizado”, sostuvo, y añadió que con los arrebatos también es difícil cuantificar la situación. “La cifra negra de los arrebatos es altísima, porque más del 70% no se denuncia”.

Prevenir. Esta imposibilidad de mensurar el éxito es una razón que, para Font, abona la necesidad de trabajar sobre la prevención, en este caso “desarticular el mercado que propicia el robo de motos y su utilización para cometer delitos”. No obstante, hay otro aspecto que consideró liminar en las estrategias contra el delito: el desarrollo de “políticas de inclusión
social”. l

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