La ciudad

La experiencia de volver a la universidad cerca de los sesenta

Historias similares a partir del caso de Roberto Ciccioli, quien se recibió de arquitecto con 83 años.

Domingo 25 de Marzo de 2018

El caso de Roberto Ciccioli, quien se recibió a sus 83 años de arquitecto en la Universidad Nacional de Rosario (UNR), abrió el panorama sobre historias similares donde la edad no es sinónimo de impedimento para acumular saber. ¿Cómo es comenzar una carrera estando jubilados o teniendo ya una trayectoria profesional? Alumnos que vencieron barreras, prejuicios y van por más.


"La motivación y el interés, no tienen edad"

Una de las sensaciones que sintió la pediatra Mónica Jurado Surber (58) el primer día que cursó arquitectura en la UNR, en 2010, fue "¿qué hago acá?".

Hoy, cinco materias y el proyecto final la separan del título de arquitecta, carrera que cursó a la par de su labor en el Hospital de Niños Zona Norte por la mañana y el consultorio por la tarde.

Si bien a simple vista las carreras que eligió no parecieran concordar, ella brindó una apreciación interesante: "Ambas son arte y son sensibles. La arquitectura, con la generación de un espacio para habitar, pretende que uno encuentre un lugar de bienestar; mientras que la medicina, a través de actuar en la dolencia, trata de generar salud para que uno esté bien".

Arquitectura siempre le interesó y la miró "desde el lado del arte". Sin embargo, aclaró: "La supremacía la tenía medicina".

"Amo mi trabajo. Desde los 4 o 5 años, ya sabía que quería ser médica", contó.

Ingresó a la Facultad de Medicina en 1978. Siete años, dos hijas (y uno en camino) después, se recibió: "Estaba embarazada de mi tercer hijo, así me entregaron el título".

Luego hizo la especialidad en pediatría en el Hospital de Niños Víctor J. Vilela y la de neonatología en la Maternidad Martin.

En noviembre de 2009, abrió la puerta a la posibilidad de concretar el anhelo de interiorizarse más en la arquitectura. Y lo comenzó con un "voy a averiguar".

"Salí del consultorio, me fui a la Siberia, donde nunca había entrado, fui a alumnado y consulté", recordó.

De allí,pasó al primer día de clases: "Fue una mezcla se sensaciones: ¿qué hago acá?, ¿cómo voy a poder?, ¿está bien?".

"Cursaba casi todo de noche, era la única opción. Me levantaba a las 6.30, iba al hospital, a la tarde al consultorio y de 19 a 0 a la universidad", detalló.

También ponderó a sus compañeros de carrera: "Sin ellos no hubiera podido. Nos acompañamos e intercambiamos experiencias y eso es lo mejor que te puede pasar".

A tres meses de comenzar, tuvo una magra experiencia que le haría constatar que siempre se puede ir por más: reprobó su primer parcial de física.

"Ahí sí dije ¿qué hago acá? Pensé que hasta ahí llegaba. Pero no contenta con eso, no iba a dejar que a esta altura de mi vida los números me vencieran: fui a un maestro particular, hice el cambio y terminé promocionando todas las físicas y pude hacer anualmente todas las materias", narró.

"Como cualquier hijo de vecino, sacrifiqué mis fines de semana sin dormir para las entregas. Con ello, sacrificar las visitas a mis nietas, que viven en la provincia de Buenos Aires y son mi motor", se sinceró.

Tras ocho años recorridos, afirmó: "Se puede. Creo que lo más maravilloso es vencer todas las barreras del qué dirán o de la edad. Para aprender, conocer e interpretar no hay barreras. Conocer otras disciplinas, otras cosas, mejora mi hacer cotidiano".

"No importa la edad. Hay que poner sensibilidad y pasión a todo para afrontar los riesgos y llevarlos adelante. La motivación y el interés no tienen edad", concluyó.


"Mi premio es obtener más conocimientos"

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Volantazo. Tras recibirse de contadora, Patricia estudia Comunicación Social.
Volantazo. Tras recibirse de contadora, Patricia estudia Comunicación Social.

Patricia Martínez Dufour tiene 63 años, se recibió de contadora y se jubiló como docente de música. Trabajó de manera independiente en la rama de la que es profesional durante 15 años, ya que un mandato familiar la hizo poner rumbo hacia los asientos contables y los balances. Nada más alejado de su verdadera vocación: las ciencias sociales.

Por eso, en 2012, cerca de sus 60 años, comenzó desde cero la Licenciatura en Comunicación Social en la UNR. Actualmente, está a ocho materias de recibirse.

De contabilidad sólo mantiene las clases particulares de economía, estadística y matemática financiera que da en un instituto privado para alumnos universitarios.

Lo que la movilizó a volver a estudiar una carrera de grado fue la inquietud.

Contó que cuando se le "vino encima" la jubilación, dijo que bajo ningún concepto quería retirarse del conocimiento y de la "posibilidad de saber".

"Después de la maternidad, arrancar esta carrera fue una de las decisiones más importantes y hermosas que tomé en mi vida. Le hice frente a un montón de prejuicios", admitió.

"Me puse del otro lado del mostrador, porque yo antes era una docente que examinaba y pasé a ser examinada", analizó, a la vez que comentó que se hizo grandes amigos, ya que "es una carrera que permite trabajar en equipo. Eso en mi pasada experiencia en la facultad, en la década de 1970, estaba muy condicionado".

Sobre la facultad actual, se mostró entusiasmada en las primeras clases por la participación de los alumnos: "Me llamó mucho la atención cómo todos participan y los debates que se arman".

"Yo voté a un centro de estudiantes en esta segunda etapa, porque en la anterior esa experiencia no la conocí", añadió.

"Me gusta conocer otros lenguajes, adaptarme a condiciones más modernas. Me siento joven y útil. Acumulo saberes, que pienso que no se deben guardar sino que son para compartir y para dar", opinó.

"Me quiero premiar con conocimientos. Hay gente que se retira de la docencia y se recluye en la familia o en actividades lúdicas. Yo elegí una carrera para exigirme".

"En casa me apoyaron mucho, tanto mi esposo como mi hija. Desde el vamos dije que no esperaran que mamá se recibiera en cuatro o cinco años, porque yo tomaba la responsabilidad por gusto. El mismo que no tuve cuando hice ciencias económicas", admitió.

El día a día para ella es como el de cualquier otro alumno de la UNR. "Hay que bancar los aplazos", dijo y remarcó que en los exámenes se pone "muy nerviosa".

De todos modos, aclaró que se "manda a guardar" cuando no puede completar como corresponde el programa de estudio. "Me emociona cuando veo que una persona mayor muestra que se puede. El cerebro es un músculo y hay que ejercitarlo", aseveró para cerrar con una reflexión: "Hay que hacer gimnasia con el cerebro y no lo vas a hacer si te quedás encerrado en un mismo lugar".

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