La esperanza de la IA reside en las personas y no en las máquinas

La Fundación Nueva Generación Argentina y La Capital presentaron el Atlas de Inteligencia Artificial para el Desarrollo Humano, de Gustavo Beliz

06:30 hs - Jueves 09 de Abril de 2026

Gustavo Beliz, autor y coordinador del Atlas de Inteligencia Artificial para el Desarrollo Humano, es abogado, periodista y político argentino, con una destacada trayectoria en la función pública y en organismos internacionales como el Banco Interamericano de Desarrollo. Actualmente es miembro permanente de la Academia Pontificia de Ciencias Sociales, coordinador del informe del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo sobre inteligencia artificial y desarrollo humano, y autor de más de 25 libros, entre ellos, "No robarás: es posible ganarle a la corrupción?".

Un Atlas para el desarrollo humano

La obra se presenta como una carta de navegación para que la inteligencia artificial contribuya a la paz con justicia y no se convierta en una amenaza existencial para la humanidad.

“Navegar por las aguas desconocidas de la IA significa adentrarnos en diferentes continentes, y eso es lo que propone el Atlas que estamos presentando. En su desarrollo se busca dejar de lado una mirada ideológica, de un extremo y del otro. La IA puede contribuir a un turbo-desarrollo de la humanidad, que supone recrear un nuevo pacto social tecnológico y un nuevo constitucionalismo digital”, señaló Beliz.

Además, el autor advirtió sobre la profundidad del cambio en curso: “La inteligencia artificial no plantea sólo un cambio tecnológico, sino un cambio civilizatorio. Ese estado superior lo denominó IA-Ceno, porque la innovación tecnológica ya no impacta sólo sobre la Tierra, sino sobre nuestra mente, nuestras células, nuestra secuencia genética, nuestro comportamiento y biología. Se genera un calentamiento tecnológico global, a través del cual una lluvia ácida de información se desparrama cada segundo sobre nuestro cerebro y afecta nuestra conciencia y nuestras relaciones comunitarias”.

Inteligencia artificial y crisis climática

La relación entre inteligencia artificial y crisis climática también fue uno de los ejes centrales del encuentro. Diego Sueiras, presidente de la Fundación Nueva Generación Argentina, participó con una presentación titulada El rol de la IA en la crisis climática.

Sueiras retomó una reflexión de Thomas Friedman, columnista de The New York Times y tres veces ganador del Premio Pulitzer, quien planteó que la humanidad está abriendo simultáneamente dos “cajas de Pandora”: el cambio climático y la inteligencia artificial.

“En ambos casos, la gobernanza local está mostrando mayor eficiencia que el sistema internacional. En los próximos meses, el sistema global deberá madurar o estos desafíos lo superarán. La búsqueda de impacto global en inteligencia artificial es justamente lo que Gustavo Beliz está impulsando a nivel internacional, y creemos que es uno de los grandes referentes argentinos”, sostuvo.

Respecto al impacto ambiental de la IA, Sueiras destacó aspectos positivos y negativos. Por un lado, los buscadores basados en inteligencia artificial pueden consumir hasta diez veces más electricidad y cuatro veces más agua que los sistemas tradicionales, lo que plantea desafíos energéticos significativos, especialmente cuando la energía proviene de fuentes fósiles.

Al mismo tiempo, señaló el potencial positivo de esta tecnología, mencionando el caso de The Ocean Cleanup, una iniciativa que utiliza inteligencia artificial para optimizar la recolección de plásticos en los océanos.

Aplicación de la IA en la gobernanza local

Siguiendo la línea de la gobernanza local como motor de transformación, Rogelio Biazzi, Jefe de Gabinete de la Municipalidad de Rosario, presentó la exposición Sólido, líquido y gaseoso. IA y gestión pública. “Hoy los grandes desafíos para implementar la inteligencia artificial no son de software, sino de confianza y organización. Lo más importante es la gobernanza, quien decide que sí y que no. La IA puede ayudarnos a construir un municipio más ágil y eficiente, con foco en los problemas de los vecinos”, afirmó. Una transformación silenciosa del trabajo

En este nuevo escenario, la pregunta clave es si cómo la IA está reconfigurando el trabajo. Y en esa reconfiguración hay un punto crítico: el impacto sobre los empleos de calificación media. En el marco del panel “La inteligencia artificial y su impacto en el empleo”, la economista y politóloga, actualmente directora de Insight LAC, Ana Basco analizó cómo la IA no solo reemplaza la fuerza física, sino cómo interviene directamente en nuestras capacidades cognitivas.

“Durante décadas, esos empleos, administrativos, contables, comerciales, fueron el sostén de la clase media y el principal canal de movilidad social en América Latina. Hoy, sin

embargo, son los más expuestos a la IA generativa. No porque desaparezcan de inmediato, sino porque muchas de sus tareas (procesar información, redactar, analizar) pueden ser realizadas por algoritmos de manera cada vez más eficiente”.

De acuerdo a un estudio reciente de Ser Futuro, más de la mitad de los trabajadores se encuentra en ocupaciones susceptibles de automatización debido a la IA. A esto se suma un problema estructural: la brecha entre la oferta y la demanda de habilidades. Mientras las empresas demandan capacidades digitales, analíticas y tecnológicas, una gran parte de la población no cuenta con las competencias necesarias. El Atlas de Inteligencia Artificial lo advierte con claridad: la tecnología puede impulsar el crecimiento, pero no garantiza por sí sola un desarrollo inclusivo. “El impacto final dependerá de cómo se diseñen las políticas públicas, los sistemas educativos y los marcos regulatorios. Porque, en definitiva, el futuro del trabajo no lo definirá la tecnología, sino la forma en que decidamos usarla. ”.

Hacia la búsqueda de un humanismo sistémico

En el marco del panel “La inteligencia artificial como herramienta y riesgo ante la epidemia de salud mental”, Matías Dalla Fontana , psicólogo y fundador de Proyecto Deporte Solidario, una innovadora organización con más de 20 años de trayectoria en prevención, asistencia y formación en salud mental, especialmente en contextos de vulnerabilidad— reflexionó sobre los desafíos que plantea el avance tecnológico. “Sin dudas, la inteligencia artificial señala un umbral hacia un nuevo mundo, un ecosistema que observamos con temor. El catalejo de nuestros marcos de comprensión nos devuelve, invertidas y aceleradas, corrientes anímicas propias y una nublada fusión de horizontes. La experiencia fundamental es reconocer que fenómenos como la ludopatía, el acceso temprano a la pornografía, la transformación y destrucción de ciertos trabajos, coexisten con una historia de la técnica imposible de detener. Debemos enfrentar nuevos desafíos y construir un orden que equilibre la defensa de la vida humana con la generación sostenible de riqueza: un humanismo sistémico, amigo de la vida”, expresó. Además, adelantó que desde su organización trabajan actualmente en dos líneas de acción. La primera se centra en identificar espacios donde sea posible reconstruir el encuentro real entre generaciones y promover un desarrollo integral del cuerpo, la mente y el espíritu. En este sentido, destacó el rol de los clubes de barrio, culturales, sociales y deportivos como puntos de integración de un sistema hoy fragmentado, que involucra al ámbito de la salud, la educación, las comunidades religiosas y el sistema alimentario. La segunda línea de trabajo apunta a desarrollar modos de uso de la inteligencia artificial que puedan integrarse a estos procesos de participación comunitaria. El objetivo es facilitar el acceso a información, promover consultas con profesionales para anticipar crisis, prevenir suicidios adolescentes y acercar asistencia especializada a comunidades alejadas. “Se trata, por ejemplo, de que una madre preocupada por la situación de su hijo en un pequeño pueblo del interior pueda acceder rápidamente a un psiquiatra, aun cuando no haya especialistas a cientos de kilómetros”, concluyó.

En definitiva, siguiendo los lineamientos de Gustavo Beliz, y tal y como advierten referentes internacionales, la pelota ahora está en manos de los hacedores de políticas públicas. El desafío ya no es anticipar el avance de la inteligencia artificial, sino actuar con decisión frente a él. No hay lugar para “comportamientos zombies" ni para la complacencia con los gigantes tecnológicos: el riesgo no es sólo tecnológico, sino profundamente humano. Si no se establecen reglas claras y marcos éticos sólidos, la amenaza no será que las máquinas se parezcan a nosotros, sino que nosotros terminemos funcionando como ellas. En este contexto, para Beliz resonó con vigencia la ironía del gran Roberto Fontanarrosa a través de su personaje Inodoro Pereyra: “Vago no soy, quizá algo tímido para el esfuerzo”. Hoy, esa frase interpela directamente a quienes tienen la responsabilidad de tomar decisiones. El reloj de la historia avanza con una aceleración inédita y el futuro de la inteligencia artificial dependerá, en última instancia, de la capacidad de las personas y especialmente de los líderes, para actuar con coraje, responsabilidad y visión. Porque la esperanza de la IA, como quedó claro a lo largo del encuentro, no reside en las máquinas, sino en la voluntad humana de orientar la tecnología al servicio del desarrollo humano.