La ciudad

"La droga se instaló bajo el tejido social, lo más honesto sería decir que no tenemos respuesta"

El sacerdote Alberto Murialdo, más conocido como el padre Tito, cura de Puente Gallego, dio su visión de la realidad que enfrenta en su tarea pastoral de contención social ante el fenómeno del narcotráfico.  

Miércoles 26 de Diciembre de 2012

Alberto Murialdo, el sacerdote mucho más conocido como el padre Tito en la dura barriada de Puente Gallego, en el extremo sur de Rosario, dio su visión de la realidad que enfrenta en su tarea pastoral de contención social.
Lo hizo en medio de la oscura realidad del delito relacionado con el tráfico de estupefacientes que azota a grandes zonas de la ciudad y luego de los episodios de saqueos organizados de la semana pasada..

“Hablo desde el punto de vista del trato con los chicos que es muy escaso, uno convive pero establecer un vínculo con ellos, no es tan fácil y a veces planteo la visión de la madeja de la adicción como una imagen de lo que hay que desenredar. En vez de tirar para llegar a la punta del ovillo lo vamos pasando a ver si la culpa la tiene el otro", arrancó diciendo el cura de la parroquia San Vicente de Paúl, enclavada en Punta de Indio al 7700.

"Hay gente que trabaja en los barrios, docentes, vecinalistas, los que tratan de hacer algo por los chicos que son los más vulnerables: Creo que los lugares comunes como quien vende y quien no, son cosas que a la sociedad la sorprende pero que en los barrios se conocen. Trato de tener una mirada de esta franja de chicos que también ahora son los que han protagonizado estas situaciones", explicó en diálogo con "La que se viene" por La Ocho.

"Lo más honesto sería decir que no tenemos respuesta, que se nos ha ido de las manos, a los mejor es mucho lo que se hace pero eso quizá no da resultado y de alguna manera hay una sensación de fracaso. ¿Cómo llegar a este grupo de chicos que no estudia ni trabaja y que alguien los utiliza para su beneficio?, se preguntó para luego afirmar que el fenómeno del consumo de drogas se ha extendido mucho en esos sectores "porque además del consumo hay otros factores. Quien se aprovecha de eso se lo hace participar de un negocio que es muy grande. Ese chico gana 400 pesos por día que les parece una fortuna, pero detrás hay mucha plata".

“La gente de nuestros barrios es muy trabajadora y la familia está muy tironeada. También el que entra en la policía tiene un espíritu de servicio, pero llega a un punto en que ve que hay tanto dinero al lado suyo que se ve tentado. Como los chicos y la familia laburante que están los dos trabajando y el pibe que está en la casa sin hacer nada hay está el problema. Es muy compleja la realidad que vivimos", evaluó Tito.    

"Es como cuando dejás crecer la gramilla en un patio de baldosas porque está debajo y es muy complicado sacarla, está debajo, debajo del tejido social ya se ha instalado. Esta es una mirada crítica pero esperanzadora porque el click está en esa gente de lo que algunos formamos parte. Por ejemplo los docentes tienen a los nietos de sus alumnos, porque la gente tienen hijos muy jóvenes, y  ese vínculo establecido con esa familia es fundamental y ahí está el capital y el tesoro para trabajar", se esperanza el sacerdote.

El padre opinó que el Estado "a mi juicio está muy presente, pero las planificaciones y políticas no dan resultado con esos chicos de 15 a 25, un porcentaje de esa franja que es violenta y con dificultades. En el barrio hay un desgranamiento en la escuela,  tenés dos primeros años, dos segundos, dos terceros, un cuarto y llegan nueve chicos al quinto año, es inexplicable, no podés decir que el estado no está presente. En los saqueos se ve que los que salieron son los chicos de 15 a 25 no se si se les ocurre o alguien les da la idea, es lo que tenemos que preguntar". 

"Hay varios factores como la pérdida de la cultura del trabajo y el aprovechamiento que a veces no es solo el tema de las adicciones. No solo consumen sustancias sino valores pasatistas que vemos a diario en los medios de comunicación. Está todo muy relacionado, el chico ocioso, aunque no necesariamente consuma, se engancha en las malas y no en las buenas. Es una cuestión cultural, hay mucha oferta en educación pero no logramos que el chico valore esa oportunidad que tiene de estudiar", concluyó preocupado Alberto Murialdo. 

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