La ciudad

La crisis llegó a los hostels, que ahora viven de los contingentes ante la caída del turismo joven

Este último sector se resintió y los alojamientos son hoy la opción económica para quienes vienen a congresos y torneos.

Domingo 17 de Noviembre de 2019

En un contexto nacional de caída de la actividad, la llegada de menos turistas, tanto locales como extranjeros, resintió las finanzas de varios de los hostels rosarinos. En consonancia con lo que marcan las cifras de la Encuesta de Ocupación Hotelera que elabora el Indec, referentes del sector afirman que el primer semestre del año "fue para el olvido". Los últimos datos disponibles marcan que los viajeros alojados entre enero y agosto del año pasado en la ciudad fueron 12.770, mientras que en los primeros 8 meses de 2019 llegaron a 11.296, un desplome del 11,5 por ciento.

Sin embargo, desde la cámara del sector afirman que la segunda parte de 2019 permitió salvar la ropa de la mano de múltiples acontecimientos que acercaron varios contingentes de visitantes, tanto académicos (mencionan el 37 Congreso de Cardiología) como deportivos (por ejemplo, el torneo nacional de la División de Honor de fútbol de salón).

Omar Ortigüela, presidente de la entidad que los agrupa, afirma que en estos casos trabajan "organizadamente, unificando el precio y ofreciendo un servicio conjunto en convenio con las entidades deportivas o educativas". Eso significa que, en lugar de competir, se complementan y distribuyen a los huéspedes.

Los alojamientos son en la actualidad unos 25, de los cuales 18 funcionan nucleados en la cámara. El sector representa unas 1.200 plazas, de un total de 10.000 que hay en toda la ciudad. "Los grupos son los que nos permiten sobrevivir, porque vienen tres días, se llenan las camas y así pagamos los gastos fuertes como alquiler y tarifas", detalla por su parte Maximiliano Calichio, del staff de La Casa de Arriba.

Precio

Hoy el rango de precios oscila entre los 600 y los 800 pesos por noche por persona. La tarifa varía si la habitación y el baño son compartidos o privados. Desde la cámara dicen que intentan "tener un precio de referencia de 10 dólares en la opción más económica". Por fuera de ese grupo, quizás se consigue cama hasta por 400 pesos, pero el servicio y la calidad de los alojamientos puede variar. Incluso aparecen los clubes con opciones no reguladas bajo el eufemismo "alojamiento deportivo", que tienen tarifas más bajas, sobre todo para los diferentes torneos que se desarrollan en la ciudad.

Para Ortigüela, dueño de Cool Raúl, el sector "hace años que tiene la vara alta como para competir con los hoteles de dos o tres estrellas". Además de contar con aire acondicionado, cuartos cuádruples y triples, los hostels ofrecen cocina, que abarata mucho los costos y "forma parte de la onda del turismo joven, que implica sociabilización y compartir los espacios de recreación", afirma.

El rango de edad es principalmente de 18 a 35 años, en su mayoría personas sin hijos, aunque hay algunas excepciones. Sin embargo, no es el único tipo: hay un fenómeno de turismo religioso, que involucra por ejemplo grandes congresos evangelistas, a los que llegan a venir hasta 20.000 personas y se repiten unas tres veces por año. Los hostels alojan a muchos de los que concurren desde otras localidades.

Extranjeros

El turismo, coinciden, estuvo flojo este año, y cayó la llegada de extranjeros. Por eso más de uno está batallando por no cerrar. "El que llega desde otro país a Buenos Aires quiere ir a Mendoza, las Cataratas, el sur, Córdoba y después recién viene Rosario a conocer algo de Messi o el Che Guevara, pero es aislado", dice Calichio.

En ese sentido, cuenta que hacen un trabajo "casi artesanal" con los turistas: "Les explicamos qué pueden hacer, a veces hasta los llevamos con nosotros y nuestros amigos a algún lugar. Es el público más importante y lo tratamos de cuidar", explica. Maximiliano apunta que bulevar Oroño, peatonal Córdoba, la zona del Monumento, Pichincha, La Florida y las islas son los puntos que más disfrutan.

En tanto, el turismo interno está representado, por afuera de los contingentes, por personas que vienen a pasar el fin de semana a la ciudad, disfrutando la oferta cultural, gastronómica y nocturna, así como también el río y las islas. Estos provienen principalmente de Capital Federal y la provincia de Buenos Aires, Córdoba, la capital provincial y otras localidades de los alrededores de Rosario. "Vienen a ver un recital, a una despedida de soltero, a hacer un curso o capacitación", ejemplifica.

Trabajar codo a codo con el Estado

Hace algunos años, el verano traía mayor actividad a los hostels, con gran presencia de israelíes que venían atraídos por actividades como salto en paracaídas, que les resultaba económica. Es que los jóvenes allí terminan de estudiar y tienen dos años y 8 meses de servicio militar obligatorio. Una vez concluido, con 22 años, acostumbran a viajar por el mundo. “Eso ahora decayó. Antes te ocupaban 6 hostels y hoy sólo quedan dos que reciben ese público, porque cayó el boca en boca y dejaron de venir”, apunta Omar Ortiguela, titular de la cámara del sector.

   Y marca que a Rosario “le falta un poco” para posicionarse turísticamente.

Así, desde la cámara afirman que intentan trabajar codo a codo con el Estado en el Ente Turístico (Etur), y hace poco se sumaron al consejo asesor junto a los hoteleros gastronómicos, las agencias de viajes y la Terminal de Omnibus, entre otros.

   “Hace falta una campaña furiosa de turismo joven con la gente que viene de Buenos Aires a conocer la noche, los museos, parques, a ver un partido de Newell’s o Central. Esto hay que reforzarlo con políticas firmes, con fuerte presencia en redes y salir a recorrer las ciudades con colectivos y carpas turísticas como hacen otras provincias”, señala Ortigüela, quien también considera como problema la falta de cartelería en distintos idiomas.

Para los responsables de hostels rosarinos, el enemigo número uno son las plataformas como Airbnb, con las que creen que hay una “competencia desleal. Es preocupante porque tienen tarifas mucho más bajas y nadie inspecciona los lugares para habilitarlos. Tampoco pagan impuestos como Drei o el aporte al Etur”, enumera Maximiliano Calichio, otro referente del sector.

   Por ejemplo, una habitación para cuatro con baño privado puede salir 3.000 pesos en un hostel y 2.500 en la app. Por eso, piden al municipio que la regule, como sucedió en otros países.

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