La ciudad

La conmovedora historia solidaria que surgió tras el robo de un auto

Walter Sacco se emociona cuando recuerda la historia. Este tornero de 49 años, que publicó una carta de lectores en LaCapital donde comentaba que el Renault 12 que utilizaba para...

Jueves 24 de Noviembre de 2011

Walter Sacco se emociona cuando recuerda la historia. Este tornero de 49 años, que publicó una carta de lectores en LaCapital donde comentaba que el Renault 12 que utilizaba para transportar a su hijo discapacitado había sido robado, recibió una de las mejores noticias de su vida: un ciudadano común y corriente, simplemente Matías, se enteró de su situación y decidió entregarle un Fiat Super Europa 87, ponerlo a su nombre y decirle "disfrutalo, es tuyo...". Así nomás.

En su taller de San Luis al 5400, el mismo que abrió su padre allá por 1962, Walter recibe a este diario. Está casado con Silvia y tiene tres hijos: Paola, de 26; Jonathan, de 16 y un excelente basquetbolista según las "malas lenguas"; y Juan Pablo, de 13, quien padece una parálisis cerebral debido a un problema de nacimiento.

Hace una semana Sacco publicó una carta de lectores en este diario donde contaba que el 8 de noviembre, frente al domicilio ubicado en Montevideo 250, le robaron su Renault 12 gris. En el texto relataba que el vehículo era utilizado para trasladar a su hijo a la escuela especial a la que asiste. No pedía ayuda, no pedía dinero, sólo datos del auto.

"Juan Pablo nació con el cordón anudado al cuello. En su momento se trató, lo dejaron pasar y el nene quedó así. Va a una escuela especial que se llama Rayuela pero está postrado, no habla. La vida nos pegó fuerte, mal y había que llevarla adelante. Todo empezó a moverse alrededor de él con amor. Hicimos muchos sacrificios, pasamos noches sin dormir y siempre necesitamos una movilidad. Hasta que hace tres años pude comprar el Renault 12 modelo 81, el primero que tuve en mi vida. Básicamente el auto era para sacar a pasear a Juan Pablo", recuerda Sacco.

"Lamentablemente -evoca- la vida me pegó otro palo más y hace tres semanas me robaron el auto. Fue un martes, un día de una gran tormenta, frente a Montevideo 250. No tiene un valor muy grande, pero para mí fue como si me quitaran las piernas. Llamé a la policía, vino a los 45 minutos. Me asusté porque estaba muy mal y les pedí a los agentes que me llevaran a la seccional 1ª a hacer la denuncia. Me dijeron que fuera caminando, que estaba cerca".

Cuenta entonces que decidió escribir una carta de lectores en LaCapital. "Lo único que puse fueron los datos del auto. Conté que me lo habían robado y que lo usaba para trasladar a mi hijo discapacitado, y pedí que si alguien sabía algún dato me avisara. A los pocos días me llamó una persona, Matías, alguien que no conozco, que no sé quién es ni a qué se dedica, y que me dijo que tenía un auto parado hacía un año, con seguro al día, revisión técnica vehicular en orden, y que quería hacer una obra de bien y ponerlo a nombre mío. Me dejó helado, no sabía si era una broma o qué. Le dije que no tenía problemas, que yo se lo quería pagar y el insistió y me dijo que eso lo charlaríamos más adelante".

Misterioso.El lunes pasado fueron al Registro del Automotor y Matías -un joven al que Sacco definió como "de unos 35 a 40 años y muy agradable"- hizo toda la papelería para hacer la transferencia. "Yo no había dormido en toda la noche, estaba muy nervioso porque no sabía qué era todo esto. No faltó un solo papelito. Preguntó si yo tenía que pagar algo más, le dijeron que no, preguntó cuánto era el costo de la transferencia, la abonó, no me dejó poner un peso. Salimos del registro, me dio las llaves y me dijo: «El auto es tuyo, usalo y disfrutalo»", recuerda todavía shockeado. El Fiat 128 blanco llegó con el tanque lleno, un tubo de gas lleno y cubiertas nuevas. "Está impecable, prácticamente es de colección", se entusiasma.

Sin preguntas.Explica que no se animó a preguntarle el porqué del gesto y si en algún momento de su vida le había pasado algo parecido a lo que a él le tocó vivir con Juan Pablo. "No lo hice porque puede haber algo atrás que lastime. Pero personas como Matías hay pocas en el mundo. A mí este muchacho me devolvió las piernas, la alegría. No me va a alcanzar la vida para agradecer lo que esa familia y ese muchacho hicieron por mí, y sobre todo por Juan Pablo", dice entre lágrimas.

"Lo único que le dije -abunda- es que ojalá un día pueda conocer a Juan Pablo. Porque no es joda esto. Y el me dijo que sí, que con mucho gusto. Yo soy muy creyente y creo que en mi vida apareció un ángel: este muchacho que se me cruzó en el camino".

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