Lunes 20 de Julio de 2009
Tienen nombres tan verosímiles como Proyecto Urbano, Mesopotámica, Vaupeq, Logística Porthos o
Grupo Kaiken. Son sociedades de responsabilidad limitada y existen formalmente, pero su actividad
comercial es ficticia y fueron inscriptas como empresas por un sujeto que para la Administración
Federal de Ingresos Públicos (Afip) carece de capacidad económica y tiene al menos una denuncia
judicial por evasión fiscal.
Según una denuncia penal de la Afip que investiga la justicia federal de
Rosario, de la que este diario dio cuenta ayer, estas son algunas de las 24 empresas creadas por
una organización delictiva al solo efecto de falsificar facturas que les permiten a otras compañías
evadir impuestos por cifras millonarias.
Detrás de estas empresas fantasmas, a las que la Afip llama
“usinas” o “pantallas”, aparece siempre el mismo hombre: se llama Carlos
Alberto Signorile y según la denuncia penal del organismo es el ideólogo y organizador de una
asociación ilícita que en cinco años, entre 2003 y 2007, truchó facturas por más de 70 millones de
pesos y facilitó a distintas empresas una evasión global por más de 33 millones.
Tal como publicó ayer La Capital, la denuncia de la Afip
está en manos del juez federal Félix Angelini y ya disparó una serie de allanamientos y medidas
judiciales en las que el magistrado habría sumado pruebas sobre la existencia de esta organización.
La investigación sigue abierta pero se realiza bajo un estricto secreto de sumario.
Otras de las usinas utilizadas para estas operaciones son Tec Luan,
Coymat, Syuna, Randeng, Nezha, El Apero, Dett Mark, Guadales y Coninco. Otras más fueron inscritas
con el nombre de personas: Héctor Gustavo Maglione, Alcides Barrios, Héctor Ruiz Moreno, Rubén
Saavedra, Walter Montenegro, Raúl Argüello, Orlando Sosi, Gerardo Fernández y Arnesto Eduardo
Medina. Todas están ahora bajo la lupa del juez Angelini.
Según una investigación interna de la Afip, estas empresas fueron
creadas con el único fin de falsear operaciones comerciales que luego compran los clientes de la
organización para poder evadir el pago del IVA y el impuesto a las Ganancias.
El cerebro. Signorile tiene domicilio fiscal y legal en Riobamba 1597 de
Rosario y su actividad declarada es el transporte de carga de corta, media y larga distancia. Pero
figura en la base de contribuyentes apócrifos de la Afip desde el 24 de marzo de 2000. Para el
organismo federal no tiene capacidad económica.
La evidencia recogida por los investigadores de la Afip probaría que
Signorile se hacía pasar como contador de Tec Luán y Proyecto Urbano. Lo que es un hecho es que
figura como apoderado de todas las usinas ante el Hexagon Bank Argentina, donde todas los
contribuyentes ficticios tienen cuentas bancarias.
Junto a Signorile figuran en la denuncia que la Afip Rosario entregó en
noviembre de 2008 al juez Angelini varios contadores, abogados y escribanos. Uno de ellos es el
contador Osvaldo Signorile, que es hermano del hombre señalado por el propio organismo como líder
del grupo.
Otro dato significativo de la denuncia de la Afip es la nómina de
clientes de esta organización delictiva, entre las que figuran compañías importantes y conocidas de
Rosario y de otras ciudades.
La evasión global de estas empresas entre 2003 y 2007 alcanzó los
33.503.917 millones de pesos. Algo más de 20 millones corresponden a Ganancias y los otros 13
millones al IVA. Esa formidable maniobra fue posible gracias a la emisión de facturas falsas por
72.709.594 millones de pesos que las empresas evasoras compraron a la organización delictiva cuyo
jefe sería Signorile.
Los “clientes”. Entre esas empresas evasoras figura Avril
Gastronomía SA, que de acuerdo a la Afip compró facturas falsas por 3.560.66 pesos y así evitó el
pago al fisco de 1.029.858 correspondientes al impuesto a las Ganancias y 617.914 correspondientes
al IVA.
También aparece Acción Social de Empresarios (ASE), una obra social de
alcance nacional para personal jerárquico que compró facturas truchas por 2.832.553 millones de
pesos y evadió por 1.310.000 millón.
Cimomet SA, una compañía de montajes industriales que en estos momentos
levanta Puerto Noble en Timbúes, se hizo de facturas dibujadas por 1.021.444 pesos. Laromet, una
empresa rosarina de ingeniería y obras también era “cliente” de Signorile y compañía:
compró facturas por 745.282 pesos y así evadió por 244 mil pesos. En la lista también se anota otra
empresa que ejecutó varios proyectos para la Municipalidad de Rosario y compró facturas truchas por
824.034 pesos.
La Afip pidió que todas sean investigadas por evasión, evasión agravada
y uso de documento falso. Quienes crearon la logística para que pudieran hacerlo, en tanto, también
son sospechosos de falsificación de documento y asociación ilícita.