La canchita de la vida
Las buenas intenciones y los buenos proyectos de las inferiores se agotan antes de empezar.

Jueves 30 de Noviembre de 2017

Las buenas intenciones y los buenos proyectos de las inferiores se agotan antes de empezar. Todas las partes creen que el resultado es lo menos importante hasta que empiezan los partidos. Después sucede que el entrenador no rota a todos los chicos como prometió y debe, y los padres no permanecen como pacíficos observadores, sino que exteriorizan toda su furia. En realidad sólo quieren ganar. Todos.

Con el paso de los años empeora. El fútbol infantil representa para muchas personas sin futuro la antesala de la salvación. Y los chicos son el motor de esa expectativa.

"Cuando me preguntan qué hubiese sido si no era futbolista, respondo albañil o cartonero. Mi escuela fue la calle. No tuve la enseñanza de sentarme con un profesor". Esa frase de Carlos Tevez, megaestrella del fútbol mundial, pero parido en Fuerte Apache, ofrece una muestra gratuita de los sentimientos que pueden llegar a entremezclarse en una cancha de fútbol infantil. El triunfo es el camino a la salvación y la derrota más sometimiento, más pobreza...

"Con mi equipo, La Estrella del 1, nos matábamos para ganarnos la Coca y el sándwich. La patada más chica llegaba al cuello. En el potrero te divertís más que en primera", le contó no hace mucho Carlitos a Alejandro Fantino en América y no hacen falta muchas más explicaciones.

En Argentina el fútbol, practicarlo, jugarlo, es la representación más cercana a la realidad que cualquiera pueda imaginar.

¿Hay problemas de educación? Sí, por supuesto, muchos. ¿Existe violencia? Mucha, tanta como la que padecen los ocasionales agresores en la vida cotidiana.

Es bastante sencillo de entender si se cumple con el ejercicio de correr el velo de los ojos. Las canchas de baby, de fútbol infantil, igualan a los ricos, los pobres, los poderosos, los oprimidos. Es fácil de enumerar y sencillo suponer que ese cóctel no es la mejor convivencia. Los ricos, la clase media, se horrorizarán con sus propias reacciones y jurarán no repetirlas. Las personas sin recursos sabrán que fue una de tantas batallas que pasaron y pasarán.

El drama fundamental, antes de buscar culpables individuales o encontrar explicaciones que no trascienden los límites de la canchita, está afuera.

La violencia, los ataques de ira, el triunfo impostergable, la derrota imperdonable son desprendimientos de la sociedad. Allí donde mandan la desigualdad, la falta de inclusión, la ausencia del estado.

Hay que empezar por el principio. No se puede educar con hambre. No se puede pedir que no haya violencia cuando hay opresión. No hay por qué suponer que una canchita sea un cuento de hadas en un país atribulado por películas de terror. La canchita es la sociedad. El fútbol infantil es el futuro. ¿Qué futuro? Obviamente, los chicos son las víctimas. Lo serán ahora o más adelante. O no lo serán. Sólo depende del fútbol.

"Cuando firmé mi primer contrato con Corinthians, que hice la verdadera diferencia, le dije a mi representante que no quería esa plata, que con esa plata saque a mi familia del barrio. «Quiero que comprés 15 casas afuera del barrio y saqués a toda mi familia de ahí. La próxima generación de Tevez tiene que ser mejor»", cuenta Carlitos. ¿Se entiende de qué se trata?