La ciudad

La balearon hace dos años cuando entrenaba y ayer pudo volver a correr

Andrea Benítez fue víctima de la inseguridad, pasó ocho meses internada y una decena de operaciones. "Yo ya gané", aseguró

Lunes 18 de Diciembre de 2017

"No sé si voy a llegar, pero no importa, porque yo ya gané", dijo ayer entre lágrimas Andrea Benítez, a poco de correr su primera maratón después de la tragedia que cambió su vida para siempre.

El terrible ataque que la dejó en coma y que la obligó a estar casi un año internada sucedió en el parque Scalabrini Ortiz el 29 de mayo de 2015, mientras se preparaba para una nueva competencia junto a su grupo de running. En ese momento, cuando apenas habían pasado las 7 de la tarde, irrumpieron dos delincuentes que intentaron robarle el celular a una chica que estaba a unos metros de donde ella elongaba. Ante el estupor, Andrea se movió, o gritó, y como represalia recibió dos balazos que le atravesaron la zona abdominal.

¿Las consecuencias? Decenas de operaciones. Ocho meses internada en un sanatorio y varios más en su casa. Se necesitaron 180 dadores de sangre para asistirla. Tuvieron que practicarle una traqueotomía. Perdió un riñón. Necesitó aprender a caminar y a escribir otra vez. Además, se quedó sin ingresos económicos porque es contadora y trabajaba por su cuenta. Un año dedicado a sobrevivir.

Pero ayer, Andrea se sintió más lejos que nunca de ese infierno. Porque superó otro desafío, porque volvió a correr y llegó cómodamente a la meta.

Minutos antes de palpitar la largada, habló con La Capital. Sus ojos, celestes como el cielo, parecían dar gracias en cada mirada. La sonrisa no le cabía en la cara. "Es una mañana maravillosa, hermosa. Sí, estoy dispuesta a enfrentarlo", aseguró.

Pocas palabras para no interrumpir el disfrute, gigante como su coraje. "Hace menos de tres meses me hicieron la última cirugía, pero estoy bien. Si llego a tener alguna molestia paro, aunque no creo porque me siento bien", dijo de la mano de su sobrina Ornella, que también participó de la maratón.

Ansiado regreso

La brisa que llegaba desde el río se llevaba la tormenta nocturna. Casi una metáfora del regreso de Andrea.

Ella, con su cabeza erguida, sus hombros firmes, sus piernas poderosas, recorría los metros anteriores a la largada sin dejar de sonreír ni por un instante mientras el sol empezaba a acariciarla.

Un día hermoso, un día de gloria que no va a olvidar jamás. Como no olvida a todos los que la ayudaron a superar el momento más terrible de su vida: sus amigas, los médicos y las enfermeras del Sanatorio de la Mujer, sus padres, su hermano, sus hijos, los cientos de desconocidos que se conmovieron por su historia y rezaron por ella o le enviaron sus mejores energías.

Los nombra cada vez que puede, les agradece hasta el infinito que no le hayan soltado la mano. La que sí le soltaron los que tenían que cuidarla porque, como dijo en una extensa entrevista a este diario el año pasado, "en el parque, donde me atacaron, no había vigilancia, aunque había muchos antecedentes de robo; la luz que debía alumbrar esa zona estaba rota; después del ataque nadie acudió a brindarme ayuda".

Aunque fue enorme el desamparo que sintió durante y después del hecho de inseguridad que la tuvo al borde de la muerte, ayer Andrea no quería reclamos. Sólo disfrutar de la dicha de los minutos previos a la largada. Una largada que fue en sí misma una llegada y que ella resumió en una sola frase antes de empezar a correr: "Yo ya gané".

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