Viernes 17 de Julio de 2015
Manuel Quaranta es licenciado en filosofía y docente, pero su hábitat es la literatura. Lector de Borges, el rosarino ha utilizado más de una vez el nombre del mítico escritor en su cuenta de la red social Facebook e incluso ha intervenido allí algunos de los versos borgeanos. Lo que nunca imaginó es que eso le costaría la advertencia de la viuda del escritor, María Kodama, que a través de sus abogados y por carta documento lo intimó a que “cese de utilizar el nombre, la imagen y el estilo de Borges”.
No se trata de la primera actitud de Kodama en defensa de la obra del universal Jorge Luis Borges, en nombre de la cual entabló decenas de juicios contra escritores y editoriales.
La carta de intimación le llegó al rosarino el sábado pasado con la firma de Fernando Soto, abogado y apoderado de la viuda (ver imagen). “Me dirijo a usted en calidad de representante legal de la Sra. María Kodama a fin de intimarlo para que cese de utilizar el nombre, la imagen y el estilo de Jorge Luis Borges, en sus posteos de Facebook”, plantea la misiva, y agrega: “De no cumplir con lo requerido será demandado judicialmente en los términos de la ley 11.723 de propiedad intelectual y tratados internacionales, leyes y decretos concordantes”.
“Lo tomo como una llamada de atención, no me siento denunciado y la verdad es que ya es un hecho anecdótico”, dijo ayer el escritor, que hace pocas semanas publicó su primera novela: “La muerte de Manuel Quaranta”.
Sostuvo ser lector de Borges e incluso admitió que había utilizado su nombre y algunos de sus versos en la red social, pero dejó en claro que “no hay ninguna intención comercial, como sí sucedió en otros casos”.
Intercambios. Lo cierto es que la intimación lo obligó a aclarar la situación. Y así también lo reflejó en su muro de Facebook: “Mi abogado habló con el abogado de Kodama y no exigen dinero ni retractación, simplemente quieren que deje de utilizar (según ellos) en exceso (no totalmente) la figura de Jorge Luis Borges, con el argumento de que yo, en ocasiones, he desfigurado sus palabras o versos”. Quaranta contó también que su letrado pidió “disculpas si se generó algún malestar”.
En el intercambio, Quaranta opinó que es “una locura estar controlando cada publicación en papel y de Facebook”, e incluso hizo una referencia al caso de Pablo Katchadjian, autor de libros experimentales, entre ellos “El Aleph engordado”, que fue la causa de una demanda por parte de Kodama. En este sentido, consideró que la obra de Katchadjian “bajo ninguna circunstancia es delito”.
Por otro lado, remarcó que el incidente que lo tuvo como protagonista fue “subsanado”.
Quaranta recordó que empezó a leer la obra de Borges en 2006. Sobre eso, dijo que del mítico escritor le gustan “sus primeros libros de poesía”.
Si bien insistió en dar por terminado el intercambio con el abogado de Kodama, sí consideró “ridículo” que justamente se ejerza esa tenaz custodia sobre la obra de Borges, cuando él mismo fue “un plagiador e interventor de textos, que mamaba de todos lados para hacer lo que hacía”; y en ese sentido, citó “El factor Borges”, un libro donde Alan Pauls reinvidica ese perfil.
Kodama. Mil veces comparada con la viuda de John Lennon, Yoko Ono, Kodama es quien custodia con recelo sus textos, administra las ediciones y dirige los destinos de la fundación. Desde ese lugar despertó más de una polémica —reeditó “El tamaño de mi esperanza”, un libro que Borges nunca quiso reimprimir y trasladó la obra del autor de editorial Planeta a Random House Mondadori— y, si de juicios se trata, entabló más de uno.
Kodama denunció en la Justicia francesa al crítico Pierre Assoulin por difamación por una nota de Le Nouvel Observateur, donde dijo ser atacada, y tiempo después demandó a la editorial Alfaguara, por lo que ésta tuvo que sacar del mercado los ejemplares de “El hacedor (de Borges). Remake”, del español Agustín Fernández Mallo.
En 2011, la presentación fue en Justicia Argentina, donde entabló una querella contra Katchadjian por la publicación de “El Aleph engordado”, la obra experimental que había sido publicada dos años antes y de la que sólo se imprimieron 200 ejemplares.