La ciudad

Javkin: un mes de gestión entre el marketing y la cintura política

En treinta días plasmó una alianza inédita en el Concejo y se preocupó por dar señales que lo diferencien de su antecesora en el cargo.

Domingo 12 de Enero de 2020

En un mes de gestión Pablo Javkin plasmó acciones efectistas pero también demostró que tiene una capacidad de construcción política que, en estos primeros días, le ha dado buenos frutos.

   Se reunió con los niños ni bien pisó el Palacio de los Leones y anunció que las infancias serán su prioridad, llevó la reunión de gabinete a una escuela de la zona sur que en 2016 suspendió los recreos por el peligro que implicaban los tiroteos en el barrio, se puso a limpiar las placas del Monumento a los Héroes de Malvinas junto a un nene que lo hace todos los domingos y hasta se animó a tuitear que los Reyes juntaran la caca de los camellos porque Rosario es la “ciudad del respeto”.

   Hasta allí marketing. Fotos impactantes, buenas intenciones y movidas que generan títulos.

   Pero también en estos treinta días supo pilotear una delicada estrategia política para conseguir que el Concejo le aprobara el Presupuesto y le bajó los decibeles a los cortocircuitos de la gestión anterior con el gremio municipal.

   Cuidadosamente, diseñó en el Palacio Vasallo una jugada de pizarrón que logró juntar por primera vez a opositores históricos, como los referentes de Ciudad Futura y el macrista Roy López Molina, y sumar el apoyo de La Cámpora, hecho que le licuó poder al Frente de Todos, el espacio del peronismo que más votos sumó en Rosario en las últimas elecciones.

   Sin dudas fue un mes vertiginoso en el que se encontró con lo que sabía que se iba a encontrar. Nadie puede creer que el intendente desconocía el estado de las finanzas municipales tras haber sido secretario general del gabinete de Mónica Fein hasta 2017 y haber tenido a uno de sus hombres de máxima confianza, Gustavo Zignago, sentado a metros del despacho de su antecesora hasta el 10 de diciembre de 2019.

   También sabía perfectamente que más de un centenar de funcionarios socialistas regresarían por sus puestos en el municipio tras la derrota del Frente Progresista a nivel provincial, algo que alteraba a los referentes gremiales. Es más, en los últimos días de la gestión Fein se sucedieron marchas y protestas del Sindicato Municipal ante las puertas de la Intendencia para poner de relieve esa situación y rechazar el pago desdoblado de salarios.

Consensos

En el primer mes, el objetivo de Javkin fue mostrar señales. Diferenciarse de lo que había. Armar un espacio político dentro de otro que en los últimos tiempos lo había relegado, pero con la convicción de que los frentes son búsquedas permanentes de consensos, claves para lograr la gobernabilidad.

   Supo asegurarse así que el ex gobernador Miguel Lifschitz le dejara recursos provinciales que le permitieran afrontar una coyuntura compleja, por más que marketineramente se haya difundido que el pago de los salarios a los 12 mil municipales en una sola cuota durante este mes fue producto del plan de austeridad que lanzó hace pocos días. Ese plan es un avance, pero los fondos provinciales hicieron la mayoría. El Frente Progresista, por más que el socialismo haya perdido poder, no lo dejó solo.

Un día agitado

El 23 de diciembre, trece días después de asumir, el celular de Javkin estuvo al rojo vivo. Los mensajes de WhatsApp con sus principales espadas políticas en el Concejo, encabezadas por la presidenta, María Eugenia Schmuck, fueron frenéticos.

   Javkin necesitaba que los ediles le aprobaran el Presupuesto, por eso empezó a montar su estrategia varias semanas antes. Tejió un delicado entramado de alianzas que terminó depositando a su histórica compañera de militancia, Schmuck, en la presidencia del Concejo.

   Quebró el bloque del macrismo y licuó el poder del peronismo. Y en esa alianza variopinta, hasta ahora afín a su gestión, sumó a Ciudad Futura, a cuyo pedido se creó una nueva comisión: la de Feminismos y Disidencias.

   La jugada siguió dando sus frutos aquel 23, cuando los neoaliados de Ciudad Futura lanzaron la marketinera iniciativa de bajar los salarios de los ediles y cobrarles más Drei a barrios cerrados, bancos y financieras (apenas pocos puntos más de Drei, pero muy bien promocionado en redes).

   Javkin avaló la idea y se aseguró el apoyo de los cuatro ediles de ese sector. En rigor, la baja de los sueldos de los concejales ni siquiera alcanza a cubrir el gasto que insumen los salarios de quienes trabajan en los 14 bloques del Vasallo (sí, son 28 concejales divididos en 14 bloques).

   La poda tampoco llegó al personal político del gabinete del Concejo, donde ahora revista gente afín a todos los sectores que posibilitaron la llegada de Schmuck a la presidencia. Es decir, la alianza pergeñada por Javkin.

   Para poder costear toda esa estructura de bloques y empleados se deberá desembolsar algo más de 13 millones de pesos al año, que saldrá de un presupuesto anual con el que cuenta el Palacio Vasallo de 720 millones de pesos. Presupuesto al que el “ajuste solidario” tan promocionado, no le tocó un centavo.

   Pero el marketing tapó esos números. Javkin obtuvo lo que necesitaba y hasta poderes para aumentar el boleto sin pasar por el Concejo, algo que al menos no sucederá durante los próximos 120 días ya que Nación destinó más subsidios.

   Resta ver ahora, cuando los fondos que dejó Lifschitz ya no estén, qué es lo que se impone: marketing o buen manejo político. En este primer mes de gestión, terminaron empatados.

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