Miércoles 14 de Octubre de 2020
En una ciudad con alta circulación viral, el cambio de estación y el incremento de las temperaturas trae un nuevo problema a resolver en efectores de salud y hospitales: la climatización. Un problema “ni sencillo ni rápido ni barato”, porque no es solo mantener temperaturas adecuadas, sino, sobre todo, evitar que en esas partículas que circulan en el aire “se monte justamente el virus del Covid-19”, explicó el director de Ingeniería y Arquitectura Hospitalaria de la Municipalidad, Alejandro Bianchi. Para eso, en lugares clave, como los consultorios de febriles del Hospital Carrasco, donde se llegan a atender por cuadros compatibles con coronavirus hasta 300 personas por día, ya se instaló lo que técnicamente se llama “un filtro absoluto”, que permite bajar la carga viral del ambiente. “No es algo para poner en todos lados”, aclaró el arquitecto, y detalló que eso mismo ya colocó en las áreas de cuidados intensivos del Clemente Alvarez. Así y todo, advirtió que por estos días ese “es un punto sensible” de abordar en el marco de la pandemia.
El responsable de los equipos de obras y mantenimiento de los hospitales y centros de salud fue claro al señalar que con la circulación viral actual que tiene la ciudad, el problema de la climatización de efectores y hospitales “debe corregirse” y volvió a agregar: “No estamos hablando solo de refrigerar los ambientes frente a a las temperaturas en aumento, sino de la renovación del aire en esos espacios y su tratamiento, evitar ingresar aire contaminado”.
En ese contexto, como ya se dijo más de una vez en los nueve meses de pandemia, el Hospital Carrasco, centenario efector de enfermedades infetocontagiosas, vuelve a revalorizarse también frente a eso.
“El Carrasco en ese sentido tiene grandes virtudes”, señaló Bianchi, y enumeró: “Primero que está inserto en un predio enorme, grande y abierto, con ventilaciones naturales pensadas en un momento donde esa era la única forma de garantizarlas. Eso, sumado a su historia y la práctica que tiene personal frente a enfermedades de estas características, lo hace más independiente de los equipos de climatización”.
El contrapunto son las estructuras contemporáneas: desde el Hospital de Emergencias Clemente Alvarez hasta el Centro de Especialidades Médicas Ambulatorias de Rosario (Cemar), que son altamente dependientes de los equipos de climatización. “En el Cemar esos equipos son verdaderos monstruos”, explicó el arquitecto.
Puntos críticos
Así como su historia le resulta una ventaja, por el ser el primer efector Covid de la ciudad el Carrasco no deja de ser uno de los puntos críticos del sistema de salud, no solo porque sus 66 camas (60 de internación y seis en la guardia) pasan la mayor parte del tiempo todas ocupadas, sino además porque la demanda de cuadros compatibles con coronavirus creció tanto que los consultorios del hospital llegan a atender 300 pacientes diarias, de los cuales más de un 60 por ciento terminan en hisopados.
Por eso en las salas de espera a esos consultorios, la dirección de Arquitectura ya avanzó con la instalación de los llamados filtros de aire Hepa, del inglés High Efficiency Particle Arresting (recogedor de partículas de alta eficiencia), que es lo que los especialistas llaman coloquialmente “filtros absolutos”, que permiten retirar la mayoría de partículas perjudiciales, incluyendo esporas de moho, polvo, ácaros y otros alergenos.
“Justamente son esas las partículas sobre las cuales se monta el virus. Lo que permiten estos artefactos es bajar la carga viral de esos espacios retirando el aire del interior, reteniendo las partículas y volviendo a enviar aire limpio”, señaló Bianchi.
Los mismos artefactos ya se están instalando en las cuatro unidades de terapia intensiva del Heca, espacios que también requieren la especifidad que estos artefactos permiten tener. En los lugares de entubado de los pacientes se produce lo que llama “aerosol que dejan las partículas en suspensión”.
Sin embargo, Bianchi aclaró que “no se puede instalar esto en todos lados porque no es barato, y porque además hay que evaluar las necesidades de cada efector y sus servicios”.
Otro de los puntos críticos, agregó, son los servicios de odontología, donde por el tipo de atención “también se producen muchos aerosoles”, indicó el arquitecto. Por eso, en ese servicio que funciona en el edificio del Cemar, también se instalaron.
Con las diferencias de cada espacio, en el marco de la pandemia y con las altas temperaturas por delante, hay aún mucho por hacer. “Hay tener en cuenta las corrientes, cómo se transporta el aire, evaluar los retornos de los acondicionadores para que no terminen mandando aire contaminado de un sector a otro”, detalló advirtiendo el desafío que tienen por delante arquitectos, ingenieros y bioingenieros de la dirección municipal.