La Ciudad

Inseguridad: piden alarmas comunitarias para el centro

Al igual que en los barrios, los comerciantes solicitarán por tercera vez, la colocación de este elemento para disuadir los robos

Sábado 06 de Marzo de 2021

Desde la Asociación Casco Histórico de Rosario piden a la Municipalidad la colocación de alarmas comunitarias para que, junto con la presencia policial, se logren disuadir los robos que no cesan.

El casco céntrico, comprendido por las calles Tucumán, Buenos Aires, Mendoza y Oroño, es uno de los más golpeados por los robos y arrebatos, no solo por la cantidad de locales comerciales que concentra, sino también por la gente que circula por allí todos los días. Ante esto, los comerciantes nucleados en la Asociación Casco Histórico solicitaron, por tercera vez a la Municipalidad, la instalación de alarmas comunitarias que complemente el accionar de la policía y la Guardia Urbana Municipal (GUM), tal como lo llevó a cabo la intendencia en otros barrios de la ciudad.

“Al igual que lo hizo en otros barrios, nosotros también exigimos a la Municipalidad que coloque este tipo de dispositivos en la zona céntrica”, expresó Fabio Acosta referente de los comerciantes de la zona.

Acosta consideró que la alarma comunitaria funciona como un elemento disuasivo de hechos delictivos y que ayudaría a que baje el nivel de delincuencia en el centro, sobre todo de arrebatos de carteras y celulares, al igual que los robos de mecheras y punguistas.

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El titular de la Asociación Casco Histórico destacó que el pedido de las alarmas debe sumarse a la tarea que realiza la policía y la GUM en el centro”. Y destacó que “junto con las alarmas solicitamos que las fuerzas de seguridad no relajen su presencia en las calles para que funcionen en conjunto, como dispositivo integral de prevención del delito”, destacó.

Alarmas municipales

Las alarmas ya fueron pedidas en 2019, el año pasado y ahora una vez más a la Municipalidad sin ninguna respuesta hasta el momento. “Es el momento de hacerlo, no podemos esperar más, ni seguir escuchando que lo que sucede es culpa de uno u otro sector del Estado. Creemos que hay que trabajar en equipo por el bien común, sin dejar de incluir a las organizaciones intermedias que están en el territorios donde se van a colocar las alarmas”, expresó Acosta.

En cuanto a dónde deberían ser colocadas, Acosta indicó que habría que tener en cuenta el mapa de delito que posee el Ministerio de Seguridad de la provincia. Pero también ofreció “el mapa que tenemos los comerciantes de la zona que sabemos cuáles son los lugares donde ocurre la mayor cantidad de robos y arrebatos”, indicó.

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Una vez que se determine en qué lugares se colocarían, se debería involucrar tanto a los vecinos como a los comerciantes para que sepan cómo funciona el sistema y se designe quién o quiénes tendrán los pulsadores para accionar la alarma en caso se presente alguna situación.

Como el sistema funciona las 24 horas, habrá que acordar quiénes y cuándo tendrán la responsabilidad de accionar los pulsadores como para que la zona cuente con un responsable disponible en el lugar.

Cómo funcionan

Las alarmas comunitarias son dispositivos que se colocan en columnas, sobre las veredas, preferentemente a mitad de cuadra. Algunos vecinos tendrán un pulsador con la responsabilidad de activarla en caso de sospechar de un posible hecho de inseguridad.

La alarma emite luces y enciende una bocina muy ruidosa que alerta a los vecinos y a la vez disuade a los ladrones.

En los barrios

La Municipalidad ya colocó 319 alarmas comunitarias en los barrios Luis Agote y Azcuénaga, pero en el centro ninguna, donde sí existen algunas privadas.

Con esas alarmas comunitarias colocadas se garantiza la seguridad a 800 familias en los barrios. Hasta el 2019 la colocación estaba a cargo de la secretaría de Control y Convivencia.

“Creemos que la seguridad debe ser política de Estado y no el resultado de una puja entre proyectos vecinales”, remarcó Acosta y alertó que “habida cuenta de la situación que vivimos en el centro, es urgente la colocación en las zonas más sensibles”.

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Los que ya la gestionaron

Los vecinos de Laprida al 900 el año pasado gestionaron una alarma comunitaria en la zona porque querían tranquilidad, ya que la zona se había puesto “pesada” por la cantidad de robos y arrebatos. Se organizaron y generaron un protocolo para determinar en qué casos dispararla. Según manifestaron, desde que la pusieron no lo usaron ni una sola vez: el efecto disuasivo quedó claro.

No son los únicos. En la cuadra de San Martín al 1000, frente al Centro Cultural Roberto Fontanarrosa, y en algunas esquinas puntuales también funcionan aparatos similares.

Si bien los dueños de los locales coincidieron en que los robos de mecheras y punguistas disminuyeron tras la medida, las alarmas no funcionan como un paraguas protector del área central de la ciudad, sino sólo de los lugares donde fueron colocadas. Disuaden hechos en esos sitios, pero se trasladan a otros.

Por esto, una vez más, la Asociación Casco Histórico de Rosario pidió a la Municipalidad “blindar” el centro con estos dispositivos colocados en lugares estratégicos.

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