Inseguridad Alimentaria: "Nos alcanza para dar comida y llenar panzas"

Marisol Ciuffo está al frente de los comedores de la CCC, donde la demanda de alimentos se multiplicó por dos en los últimos meses. La leche, un bien escaso

Lunes 17 de Junio de 2024

Marisol Ciuffo vive en Villa Gobernador Gálvez y está a cargo de una decena de comedores que funcionan a diario en la localidad del sur del departamento Rosario, donde la demanda alimentaria se multiplicó por dos desde comienzos de año. "Estamos en una situación crítica _dice la mujer_. A los chicos les damos comida y les llenamos la panza, pero no alimentamos", se lamenta.

Ciuffo es una de las mujeres que participan de la Corriente Clasista y Combativa, agrupación nacida a mediados de los 90 como un espacio de lucha ante el crecimiento del desempleo en los sectores populares. El referente nacional es Juan Carlos Alderete, diputado nacional del Frente de Todos hasta 2023. Actualmente, en el sur provincia, la organización sostiene más de cien comedores y copas de leche en Rosario, Villa Gobernador Gálvez y el cordón industrial.

Para funcionar, reciben asistencia de la provincia, el municipio y las donaciones que acercan los mismos vecinos. Tienen una tarjeta para la compra de alimentos que financia el Estado santafesino y un aporte del municipio rosarino para costear recargas de garrafa e insumos de limpieza. No todos los comedores cuentan con esta ayuda que, en los últimos tiempos, "no alcanza para cocinar todos los días", señala la mujer.

Es que, dice, desde diciembre están lidiando con dos problemas. Primero fue el desproporcionado aumento del precio de los alimentos. Después llegó el aumento de nuevos comensales, familias con empleo que no llegaban a fin de mes con sus salarios, jubilados o personas desempleadas.

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"En el último tiempo, mucha gente se quedó sin trabajo y recurren al comedor", advierte Ciuffo y pone en números este crecimiento. "Un comedor donde antes se entregaban 250 raciones, hoy está cocinando 500, casi el doble. Es una situación crítica", señala. A veces, cuenta, hay familias numerosas donde primero se acerca la mamá a buscar la comida del mediodía y a primera hora de la tarde llega el papá a preguntar si quedó algo para guardar para la noche.

"Nosotros hacemos lo que podemos, a veces no alcanza. Hacemos malabares para seguir funcionando", afirma y destaca que "los comedores cocinan con lo que tienen, con lo que pueden comprar y con lo que aporta un vecino que dona algo".

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Leche, como oro blanco

La rutina de las mujeres que cocinan en los comedores tan estricta como ardua. Se levantan temprano, cargan las compras que hicieron el día anterior, salen por el barrio a pedir a vecinos y comerciantes si algo les falta. A media mañana ya están limpiando la cocina para preparar los alimentos que pasarán a buscar las familias, a la hora que se termina la jornada escolar y madres y chicos toman las calles del barrio.

En octubre del año pasado, los comedores de la CCC recibieron la última entrega de alimentos del gobierno nacional. La remesa ya no contenía leche en polvo, insumo esencial para los merenderos. Ciuffo hace memoria y cree que la anterior tampoco proveía de ese vital alimento.

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"Si habláramos con propiedad, a la copa de leche tendríamos que decirle copa de mate cocido porque es lo único que le estamos dando a los chicos. Si compramos la leche no podemos comprar otros artículos, por eso en los merenderos damos mate cocido con torta frita, pan casero, rosquitas o bizcochuelo", dice la mujer.

Con las comidas pasa lo mismo, frente al aumento de la demanda lo que se privilegia es la cantidad de alimentos que se puedan preparar. La carne de vaca desapareció de los menues hace tiempo: la polenta o el guiso de arroz se prepara con pollo, alitas, menudos o carcaza, lo que se pueda conseguir de acuerdo al presupuesto.

"Lamentablemente, los chicos comen lo que hay, no lo que necesitan para nutrirse y crecer fuertes, por ejemplo la leche que es tan esencial para los chicos. Estamos llenando panzas, no alimentando", señala la mujer.

Para Ciuffo, el gobierno nacional no termina de entender el papel fundamental que cumplen las organizaciones sociales en los barrios. "Contemos a chicos con hambre, a mujeres que atraviesan violencia de género, a adolescentes con problemas de consumo. Hacemos lo que el Estado no hace", afirma apurando las palabras porque sabe que en unas horas más, empezarán a llegar las primeras familias a buscar las raciones de comida. Todavía no son las 10, pero hay mucho trabajo por hacer.