La ciudad

Increíble: cumplió 50 años trabajando en el mismo negocio de Alberdi al 900

Miguel Angel Quinteros tiene 65 años y se jubiló la semana pasada del comercio ubicado en Alberdi al 900. Atendió el mostrador a lo largo de tres generaciones de un mítico comercio.

Sábado 18 de Octubre de 2014

Miguel Angel Quinteros podría ingresar al récord de Guinness por lo inédito de su situación. El jueves pasado cumplió 50 años como empleado del mismo negocio que lo incorporó cuando tenía tan sólo 14 años. Fanático de Central, este personaje de las calles en la zona de Alberdi al 900 atendió el mostrador a lo largo de tres generaciones de un mítico negocio dedicado a la venta de artículos de goma. A poco de jubilarse, confesó a La Capital: "Acá hay amistad con los clientes. Les llevo las cosas a la casa; es la confianza que he tenido con la gente".Un auténtico referente barrial.

El caso de Quinteros podría calificarse como único en su especie. Lo increíble de su situación laboral no pasa sólo por haber reunido medio siglo en un mismo puesto de trabajo, sino por ser parte de la historia de una empresa familiar que aún subsiste y da pelea en pleno corazón de Arroyito.

Y la relación empleador-empleado tampoco sigue los carriles normales. Los chistes subidos de tono y las cargadas se replican a lo largo de la charla. "Me siento un empleado de esos que no se hacen más", dice Mauricio Schlaen, quien hoy comanda las riendas del emprendimiento fundado por su abuelo, y agrega: "Miguel tiene puesta la camiseta del negocio".

Muy joven. Con 14 años y unos meses ingresó dos años después de haberse creado el negocio. En noviembre de 1964 cuando vestía pantalones cortos arribó "a prueba" a Alberdi Goma (avenida Alberdi 990) cuando se vendían los entrañables juguetes Duravit. "Llegué con el abuelo de este joven", dice al señalar a Mauricio, a quien Quinteros sostenía para que diera sus primeros pasos arriba del mostrador.

El empleo prematuro tuvo la urgencia de aportar dinero en su hogar paterno, porque "se necesitaba". Al cobrar su primer sueldo, el fundador del comercio llevó a Quinteros justo enfrente, donde funcionaba la joyería Soldani. Allí compró un reloj. "Mi abuelo le dijo que si la gastaba en cualquier cosa no le iba a durar la plata. Y le compró un reloj de oro", apunta Schlaen. Y Quinteros subraya: "Todavía lo conservo".

En épocas de la libreta de ahorro postal, el joven empleado iba al Banco Nación a comprar estampillas y al regresar debía mostrarla a sus empleadores para evidenciar que no se había gastado la plata en otra cosa.

En su infancia vivió en Génova al 1800, luego formó una familia y se mudó a dos cuadras del negocio. "Para la gente soy el flaco de Alberdi Goma. Me reconocieron hasta en un viaje a Paraguay", cuenta con orgullo. El hombre de 65 años sale a la calle y lo saludan todos.

En el arcón de sus recuerdos, Quinteros amontona anécdotas. Fotos con jugadores de fútbol (como la de Juan Pizzi autografiada), del momento en que se construyó el edificio redondo pegado al local y en épocas del tranvía. "Por acá pasaron desde Poppy Larrauri hasta el Pimpi Camino", repasa en su memoria. En un sobre acumula cartas e instantáneas del pasado. Saca las imagenes de las fiestas que se hacían en la calle, donde los comerciantes reunían a los clientes para celebrar. "O como éstas, del Rosariazo", muestra a este diario dando testimonio de aquel momento bisagra para la historia local.

Las imágenes de esos 50 años pasan por su mente como flashes hasta la actualidad: compañeros de trabajo que ya no están e incluso han fallecido.

Sus empleadores aseguran que nunca llegó tarde e incluso iba con gripe a trabajar.La mutua confianza se cimentó a lo largo de los años, a punto tal que en 3 meses le salió la jubilación. Quinteros todavía no se puede imaginar como un integrante más de la clase pasiva. "Por suerte tengo una familia espectacular con mi esposa, mis hijos y mis tres nietas. Se me cae la baba por ellos. Ahora, creo que me gustaría hacer un viaje", proyecta a futuro.

Mientras se mueve con plasticidad entre estanterías y pasillos, afirma sin dudar: "Acá me ponen una venda y sé donde están las cosas. A muchas las acomodo yo. Soy un tipo muy ordenado".

A la hora de hablar de gustos y hobbies, Quinteros confiesa su debilidad por la camiseta auriazul de Arroyito. "Cuando era joven viajaba a ver a Rosario Central y ahora voy siempre a la cancha".

Laboralmente, el caso de Quinteros es raro. El contador del negocio tuvo que hacer una tabla especial para gestionar su jubilación y pagarle el sueldo de acuerdo a su antigüedad ya que no existen registros de un caso similar.

Pero lo inédito de la situación no logró sensibilizar a la Asociación Empleados de Comercio. Schlaen recuerda que cuando se comunicó con los dirigentes para homenajearlo por su trayectoria no tuvo eco entre los mercantiles.

Jubilado desde el 9 de octubre pasado, el día del adiós está cerca. Y será muy díficil para todos. "Para mis hijas, Miguel era casi como el abuelo", remata Schlaen.

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