La ciudad

Imágenes atesoradas que construyen la identidad de la ciudad

En el Museo de la Ciudad se expone Bartolo, a escena!, una muestra que surgió a partir de una donación de fotos sobre un personaje clave en la historia del teatro La Comedia.

Sábado 07 de Abril de 2018

Un álbum de fotos familiar guardado como un tesoro. Imágenes que permiten recuperar historias. Ese álbum que pasa a ser una donación y que en ese acto las historias estallan en otras tantas. Algo de eso generó la donación de la familia de Enrique Falcioni, alias Bartolo, al Teatro La Comedia. Bartolo fue entre 1907 y el final de la década del 40 algo así como el alma del lugar. Era el referente para todos los elencos que pasaban por la ciudad y actuaban en la esquina de Mitre y la cortada Ricardone. Y Bartolo, todo un personaje, quería a cambio de sus servicios alguna foto, con la respectiva dedicatoria. Esas imágenes, casi 600, junto a recortes de diarios y programas, son parte de un archivo que ahora resguarda el Museo de la Ciudad. Bartolo, a escena! es una muestra que hasta junio se pude recorrer en el museo de Oroño al 2300 (Parque Independencia). Pero hay más, esa donación es también un estímulo para el equipo que trabaja hoy en el teatro, que aceptó el desafío de rastrear la historia de ese preciado escenario de la ciudad.

   "No hay mucho investigado", apunta Analía Abate, desde La Comedia. Y admite que la aparición de la donación incentivó la necesidad de investigar al respecto. Aunque no chequeada en términos profesionales, una versión dice que el teatro "comenzó como un galpón y que luego se decidió la construcción del edificio gracias a la voluntad de un grupo de vecinos" del edificio.

   Bartolo es sin dudas un personaje muy particular. Cuidador, sereno, asistente de los elencos, avisador, conserje, estableció un vínculo particular con las compañías que hacían temporada en la La Comedia. "Yo suelo bromear con que era también como una suerte de secretario de turismo porque se encargaba de poner en contacto a los actores, músicos, cantantes con la ciudad. El era quien les recomendaba adónde ir y también podía pasarles una fija para la carrera del Hipódromo", cuenta y sonríe.

   La cuestión es que este personaje, también retratado en notas de color en los diarios de la época, pedía a cambio algún retrato. Y así, tal como se ve en fotos de su oficina, revistió las paredes de su lugar de trabajo con cientos de ellas. Por el escenario de Ricardone y Mitre pasaron figuras como Carlos Gardel, Lola Membrives, Enrique Muiño, Pepe Arias, Pedro López Lagar, Elsa O'Oconnor, Margarita Xirgu, Mecha Ortiz, Libertad Lamarque, los Podestá, entre tantos otros. Y la mayoría de ellos dejaron su foto a Bartolo.

   Nicolás Falcioni, hijo de Enrique, donó al teatro en 2005 varias carpetas con las piezas recopiladas por su padre. La colección consta de 589 piezas gráficas y 97 programas de teatro. "Desde Cultura municipal se decidió que ese material pasara al Museo de la Ciudad para su resguardo y al comenzar a trabajar con él, a ellos se les ocurrió la muestra", señaló Abate. La donación pasó por un proceso de limpieza, catalogación, investigación, digitalización y embalaje realizado por estudiantes de la carrera de Técnico Superior en Museología y Gestión Patrimonial, coordinado por el Archivo Fotográfico del museo, detalló Fabián Birbe, a cargo del espacio expositivo.

Un tal Bartolo

Enrique Falcioni, Bartolo, nació en Buenos Aires el 25 de marzo de 1892 y a los quince años comenzó a trabajar en el Teatro La Comedia. Allí vivió con su familia.

   Las dedicatorias que pueden leerse en las fotografías son muestras del vínculo que Enrique Falcioni estableció con los elencos que pasaron por el teatro.

   "Desde las variaciones de su apodo, Bartolito, Bartolillo, hasta los correctos estimado amigo, buen compañero; pasando por los más cómplices como General del Teatro Comedia, granuja del país, o aquellos que describían distintas facetas de este personaje como al más genial avisador y futuro secretario de una gran empresa en formación, excelente muchacho cuando no hay carreras ni quiniela, y el más distinguido, simpático y rey de los avisadores", dan cuenta del personaje en cuestión.

   "En revistas y diarios de la ciudad hay notas de color sobre él y la vida de La Comedia. Sus mascotas eran famosas, el gato Perico y la perra Milonguita, sobre la cual se cuenta que adelantaba si una obra era exitosa o no", comentó Birbe. "Se acomodaba abajo de una butaca y si ladraba era que llegaría el éxito pero si se iba en silencio, el pronóstico no era el mejor". detalló.

   Bartolo vivió hasta el último de sus días en cortada Ricardone 70.

El teatro

Recorrer las imágenes expuestas implica reparar en la historia de La Comedia. Fue el cuarto teatro que apareció en el mapa cultural de la ciudad. "Para 1890 en un galpón con pretensiones de teatro ubicado en las calles Progreso (actual Mitre) y cortada Ricardone comienza a realizar sus presentaciones la compañía de zarzuelas de Andrés Abad". Cuatro años después, un grupo de vecinos decide iniciar una serie de obras de remodelación y comienza a gestarse La Comedia", señalan los textos de sala del Museo de la Ciudad. Abate retoma esta cuestión y dice que ese punto se conecta al presente ya que el teatro es municipal, propiedad del Estado local, "es de los rosarinos", destacó.

   La zarzuela y el sainete ocuparían mayormente la programación. En 1902 se produce el primer hito de este teatro cuando se estrena "Canillita", de Florencio Sánchez. A las zarzuelas les seguirían obras costumbristas.

   Según los registros del teatro y del museo, en 1909 José y Francisco Erausquin adquieren el inmueble y fueron sus dueños hasta 1999. Y hacia fines de los 90, la Municipalidad de Rosario adquiere el teatro a los hermanos Erausquin. Tres años después, el 19 de abril de 2002, La Comedia, remodelada, abrió sus puertas nuevamente al público, en el marco de los festejos por el 150º aniversario de la declaratoria de Rosario como ciudad.

   Historias a través de una historia, la de Bartolo y el teatro, que construyen la identidad de la ciudad.

El archivo, el corazón del museo

Cientos de miles de fotos componen el archivo del Museo de la Ciudad, un universo que no cesa de crecer y sobre el cual equipos técnicos trabajan rastreando huellas de la historia de la ciudad. Ahora, entre sus colecciones figura la donación de la familia de Enrique Falcioni.

   Eduardo Quintili es fotógrafo y museólogo y es quien conoce los secretos del archivo. Valoró la llegada de la donación porque sus piezas tenían, en su mayoría, referencias. "Eran parte de un álbum familiar", destacó en diálogo con La Capital. La cuestión no es un detalle menor. Hay legados que llegan sin referencia y se torna difícil la identificación de los materiales pero hay algo más grave aún. Muchas veces, son los integrantes del museo quienes logran rescatar de algún volquete imágenes que alguien desechó. "Son fotos que van quedando en una familia y nadie sabe quiénes son y terminan tirándolas. Nosotros aceptamos donaciones pero pedimos que pongan en valor los materiales (referenciarlos), algo que es sumamente útil para el archivo", dijo el especialista.

   Entre las colecciones que resguarda el archivo, Quintili destacó las del reportero gráfico Joaquín Chiavazza, compuesta por 8 mil negativos. "Después tenemos colecciones en 35 mm que serán unos 100 mil negativos y también hay copias, unas 15 mil. Los negativos de 35 mm son todos del diario El País".

   El trabajo sobre estos materiales es constante, el equipo es reducido, con lo cual las investigaciones se prolongan en el tiempo. "Hay que ponerse en paralelo con la publicación de los diarios e ir identificando al menos una foto de cada serie. Son rollos, atados con bandas elásticas, lo que se hizo en gran parte fue la catalogación, ensobrado, numerado y ahora se están registrando los fotogramas. Se trata de identificar temáticamente, si son actos, deporte, un accidente. En ese archivo hay mucho material de la época de la última dictadura, del Mundial 78. Lo que se está haciendo es escanear una imagen de la serie para tenerlas identificadas, pero son 100 mil. Es la colección mas grande que tenemos junto con una parte del archivo del diario Tribuna".

   También hay muchas colecciones familiares. "Podemos decir que un archivo que se forma con conceptos fotográficos puede tener más importancia que uno familiar. Sin embargo, una colección familiar puede contener también información relevante. Huellas de la ciudad. Te podés encontrar, por ejemplo, con una foto de una niña en un espacio público y justamente es cuando estaban abriendo Rondeau. Muchas dan cuenta del desarrollo de la ciudad. Las cotidianas son las que más sorpresas te pueden dar; las oficiales muestran lo que quieren mostrar", señaló Quintili.

   La era digital abre múltiples interrogantes en cuanto a qué ocurrirá con los archivos y, en particular, con las fotos familiares. "Yo nací en lo analógico, soy fotógrafo y museólogo, el cambio tecnológico permitió la democratización, hay mayor acceso. Pero también ahora se sacan 50 fotos y no se copia ninguna. Son las denominadas fotos Kleenex, se usan y se tiran. No sé qué va a pasar con el concepto de archivo, qué se va a guardar, qué quedará dentro de 50 años", advirtió para agregar: "Lo que va a quedar es lo que se ponga en valor, por eso yo valoro tanto la fotografía antigua, eran piezas únicas".

   En opinión del especialista, las imágenes donadas por la familia Falcioni tienen "un plus sentimental, muy emotivo por las firmas. A la vez es muy importante esta cuestión de las fotos como un legado. Los coleccionistas nos van a ayudar mucho", consideró.

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