Historias solidarias detrás de la pandemia: contarles cuentos a los chicos
El 14 de marzo, el Ministerio de Salud de la provincia dio a conocer el primer caso de coronavirus confirmado en Rosario. Se trataba de un joven de 28 años que había estado en Inglaterra y permanecía internado desde hacía tres días en el Hospital Carrasco. Desde entonces, la preocupación por los alcances de la pandemia se hizo más palpable. El virus había irrumpido en la ciudad y, con él, las estadísticas, los consejos de cuidados y las políticas públicas pensadas para contener, asistir y combatir la enfermedad. Al margen de esas iniciativas, o acompañándolas, surgieron también otras historias, de personas comunes, desocupados, trabajadores, profesionales o artistas convencidos de que "cuidarnos entre todos" es bastante más que una buena frase. Estas son sus historias, como ellas, hay cientos en cada barrio.

Miércoles 15 de Abril de 2020

Melina Pezzoto (actriz)

“Los niños tienen muchas exigencias por estos días, tareas, lecturas; por eso pensé que también necesitan de un espacio para relajarse y disfrutar”, dice la integrante de Narraendo, cuentos con percusión. Sin funciones a la vista mientras se estire el aislamiento; la actriz empezó a buscar otra manera de encontrarse con su público y lanzó una invitación a compartir sus historias a través de su cuenta de Instagram. La primera cita será esta tarde, a las 17.

   La idea surgió después de ver a muchos actores y actrices que, por estos días, reemplazaron el escenario por las redes sociales; pero sobre todo después de escuchar a muchas mujeres que tienen niños a su cuidado. “Un día una compañera posteó la foto de su hijo jugando con títeres y le hice un comentario. Como respuesta, me confió una chorrera de situaciones relacionadas con lo que se vive por estos días en casa, que no son tan agradables”, recuerda.

   “No vamos a salvar a la gente del coronavirus, pero vamos a compartir un buen momento”, promete. No faltara la música y los animales que caracterizan sus relatos. Se trata de “sacudirnos un poco el encierro, hacer sonidos, preguntas. Un ritualito que nos permita relajarnos y disfrutar”. Nada más, pero nada menos.