La ciudad

Hay tres mil remises truchos y ya igualan en cantidad a los taxis

La falta de taxis y remises habilitados en diversos barrios y la larga espera del colectivo explican por qué Rosario ya cuenta con al menos 3 mil remises truchos recorriendo sus calles.

Lunes 02 de Abril de 2012

La falta de taxis y remises habilitados en diversos barrios y la larga espera del colectivo explican por qué Rosario ya cuenta con al menos 3 mil remises truchos recorriendo sus calles. Una cantidad equiparable a la actual flota de vehículos de alquiler legales, y de una composición heterogénea que creció de la mano de la recuperación económica de sectores asalariados.

Los propios tacheros y remiseros en regla estimaron que actualmente trabajan de 3 a 4 mil autos sin permiso. Y la oferta es heterogénea. Cuentapropistas que viven al día, coches del área metropolitana que levantan viajes en la ciudad, agencias ilegales que sacan su tajada, y hasta las empresas habilitadas que mezclan truchos con coches en regla.

Las opciones de lo ilegal se multiplican y compiten con varios servicios públicos. Hay traslados fuera de la ciudad a menor precio que una combi o un remís habilitado. Un chofer con auto, para un viaje a Ezeiza, cuesta entre 800 y 900 pesos, y muchos sólo se dedican a la larga distancia y viven de su propia clientela.

Pero los que se las "rebuscan" arriba de su propio auto figuran en las antípodas del negocio montado por agencias truchas o mixtas.

Enfermeros, albañiles, docentes, amas de casa, profesionales, empleados, ancianas, adolescentes. Todos componen la larga lista de pasajeros de una opción que resurgió para los ciudadanos a los que el bolsillo les impide subirse a un taxi.

La ecuación es sencilla: a la hora de llegar a tiempo al trabajo, hacer un trámite e ir a los bailes, o por una urgencia, el trucho cobra 10 pesos por un viaje de hasta 30 cuadras, mientras que el taxi lo hace por 14.

Además, los desvencijados autos circulan por algunos barrios en los que taxis y remises legales se resisten a hacerlo.

Perfil. El hombre de camisa y bermuda al tono despide a La Capital y se dispone a protagonizar una sesión de fotos. Luego ayuda a una anciana a cargar las bolsas de un supermercado de la zona sur de Rosario en su Renault 11 y encara una de las calles próximas al casino City Center.

"Tengo 40 años. ¿Quién me da laburo en una fábrica? ¿Manejar un taxi?. Ni loco, muy inseguro. Prefiero poner mi auto en la calle, sin robarle nada a nadie, y entrar a muchos barrios en los que somos el único servicio que llega a sus habitantes y, de paso. cobrarles menos. Sé que estoy en falta, pero tengo cinco pibes y un nieto. Esto es digno y me alcanza para comer", explicó.

En esa línea, agregó: "La gente que sale del súper con las bolsas nos elige. El chofer de un taxi no te abre el baúl ni carga las bolsas, y mucho menos te lleva a La Granada, Las Flores o Puente Gallego. Nosotros vamos a cualquier lugar".

En la crisis de 2001, la guerra por un viaje era casi cuerpo a cuerpo. Hoy el panorama es totalmente diferente.

Mientras que un "autónomo" se lleva 250 pesos por día por un turno de 10 a 12 horas, las remiserías truchas les cobran a cada "adherido" 350 a 400 por semana (una agencia de radiotaxi le cobra a los tacheros 145 semanales). Los vehículos varían: desde un Falcon a un Renault 12, Volkswagen Gacel, Fiat Duna, Peugeot 504 o Peugeot 505.

Postales. Jueves a la tarde de un otoño caluroso en el ingreso a la ciudad por la autopista a Buenos Aires. "Por favor, no me toquen a los chicos", pide la clienta del remís trucho.

Los nueve "compañeros" de la parada de la zona sur se defienden de algún pícaro que quiera sacarles el viaje.

"Es sencillito. Le decimos «amigo, buscate otra quintita»", expresa el hombre rapado, para luego agregar: "Puedo ir al centro o a los barrios. Traslado gente muy humilde y otra que no quiere gastar. Voy a la puerta del hospital Roque Sáenz Peña, llevo enfermeros, pacientes, mucamas y hasta los directivos de ese centro asistencial".

No obstante, la noche arriba de un remís trucho aumenta los riesgos. "No te roban, pero el viaje no te lo pagan", comentó otro trabajador, que se unió a la charla para recordar que un conductor hizo un viaje desde el casino hasta San Nicolás y volvió "pelado, sin un mango, pero sano y con el auto".

"Si nos metemos en un barrio complicado, los mismos vecinos te cuidan de algún zarpado. La gente sabe que somos los únicos que podemos buscarlos", concluyó otro remisero.

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