La ciudad

"Hay más chances de que necesitemos un órgano de que vayamos a donarlo"

Mientras espera un trasplante de riñón, María Laura Moscato y su esposo hacen campaña para crear conciencia sobre la donación. A pesar de su dolencia, tiene un mensaje positivo.

Domingo 25 de Octubre de 2015

"Una forma de tomar conciencia de la importancia de la donación de órganos es pensar que hay más posibilidades de que necesitemos uno de que vayamos a donarlo". María Laura Moscato tiene 40 años, padece una insuficiencia renal severa y aguarda el momento de recibir un trasplante de riñón. Mientras espera su oportunidad, acompaña a otros enfermos cuya situación física y anímica es más crítica que la suya y, junto con su esposo, hace lo que tiene a su alcance para que crear conciencia sobre la importancia de donar. "La gente debería pensar que para muchos enfermos recibir un órgano es la única posibilidad de continuar con vida", dice.

En su relato no hay dramatismo y deja en claro que habla por ella y por "miles de personas" que necesitan recibir un órgano para seguir con esperanzas.

"Soy una más de las tantas personas que esperan un trasplante, pero hay gente que la pasa mucho peor y en parte es porque en general hay poca conciencia sobre lo que significa donar órganos", afirma.

Moscato vive en Funes con su esposo, Javier Vinciguerra, y con el hijo de ambos. A pesar de su insuficiencia renal, y de los desafíos diarios que le plantea su enfermedad, no se queja y tiene un mensaje positivo.

"Llevo adelante mi casa, le pongo empeño a todo lo que hago y trato de ser optimista. Mi objetivo es estar lo mejor posible. El día que me convoquen para el trasplante, los médicos sólo tendrán que preocuparse de eso", cuenta.

"María Laura está muy bien, es el pilar de nuestra casa. Si llega un riñón, está en las mejores condiciones físicas para recibirlo", intercede Javier Vinciguerra, su esposo. El es auxiliar docente y trabaja en el colegio Dante Alighieri, en Rosario, pero desde que su esposa espera un riñón, es también un militante de la donación de órganos.

"En el país hay miles de personas en lista de espera y también hay muchas que manifestaron su voluntad de donar órganos, pero el problema es que cuando aparece un potencial donante, muchas veces los familiares cambian esa decisión sólo para evitarse todo lo que implica", sostiene Vinciguerra.

Dice que a su juicio faltan campañas de concientización sobre la donación de órganos y pide un compromiso a las instituciones y autoridades competentes, pero también a los medios de comunicación. "Ustedes, los periodistas, podrían hacer mucho más de lo que hacen para crear conciencia sobre la donación de órganos, sobre lo que significa para salvar vidas", interpela.

También blanquea su enojo con el rol de las religiones y la actitud de sus fieles. Dice que a su mujer no le sirve que quienes la conocen recen por su salud y por la aparición de un órgano, y apela al sentido común para marcar una verdad inocultable: "Ella y todos los demás que están en la lista de espera dependen de algo físico, que no es otra cosa que un órgano, y no de la fe de los otros. Eso no resuelve el problema de nadie".

"Donemos". Vinciguerra repasa conceptos básicos en torno a la donación ("Cada uno de nosotros podemos salvar ocho vidas"), destaca el rol de las familias de quienes esperan un órgano y reivindica a los médicos. "Son tipos que se preparan durante años para hacer su trabajo, que se dedican a ello con mucha vocación, y que sin embargo dependen de que haya donantes para poder salvar la vida de sus pacientes", enfatiza.

"Entre todos deberíamos hacer que esta sea una sociedad de donantes", agrega. Y remata: "Donemos, donemos, donemos. Ese es el mensaje".

Moscato, en tanto, evita colocarse en la situación de víctima y todo el tiempo se muestra positiva. Está tranquila porque acaba de realizarse los exámenes médicos a los que debe someterse cada mes y los resultados fueron aceptables: más allá del esfuerzo que implica hacer diez horas de diálisis peritoneal por día, el tratamiento le permite enfrentarse a la insuficiencia renal y soportar mejor las manifestaciones de la enfermedad en su cuerpo.

"Estoy bien y mi objetivo es estar lista para cuando puedan trasplantarme, sólo tengo que esperar", dice. Sabe que hay casos mucho más dramáticos y no deja de pensar en esos pacientes. Y vuelve a pedirle a la gente que asuma la importancia de convertirse en donante de órganos.

El principio de todo. Su calvario empezó hace algo más de un año, en febrero de 2014, aunque su insuficiencia renal parecía decretada desde mucho antes.

A los 9 años tuvo una angina y no se curó bien. Eso derivó en una glomerulonefritis, una enfermedad infecciosa y degenerativa que afecta al riñón pero que en ese momento no le dejó secuelas. Durante años hizo controles y todo estuvo bien, hasta que en 2005 aparecieron los primeros síntomas de que sus riñones no estaban funcionando como debían.

Comenzó con una dieta libre de proteínas, porque uno de los efectos de su enfermedad es que sus riñones filtran todo, lo que deben filtrar y lo que no. Así llegó hasta el verano de 2014. Entonces, al regresar de sus vacaciones, su cuadro se agravó.

"En pocos días empeoré mucho. Me sentía muy mal y sufría de todo: alucinaciones, falta de apetito, náuseas, vómitos. Era verano y yo tenía frío, al punto de taparme con cuatro frazadas. Ni siquiera podía bajar de la planta alta de mi casa porque me cansaba como si hubiese corrido un maratón", recuerda.

La hora de la diálisis. El siguiente paso fue la diálisis. Los médicos dijeron que estaba "absolutamente intoxicada" y le prescribieron el procedimiento peritoneal, que consiste en pasarle glucosa a través de un catéter para limpiar sus riñones. Esta variante, distinta a la hemodiálisis, le da la posibilidad de hacerla en su casa.

La diálisis peritoneal le demanda diez horas por día, pero los beneficios son amplios. "Estoy bien y eso me permite esperar con más optimismo la llegada de un riñón para que me lo trasplanten", cuenta.

Mientras empezaba esa rutina diaria inició los trámites para entrar en la lista de espera de un órgano en el Centro Unico de Donación, Ablación e Implante de Órganos (Cudaio). Ingresó en esa nómina en septiembre de 2014 y desde entonces aguarda la aparición de un donante, una espera que comparte con unas 7.800 personas en el país.

Tiene un mensaje para esa inmensa cantidad de gente con la que comparte la necesidad y la esperanza ("Traten de estar bien, no decaigan ni cinco minutos, intenten llegar lo mejor posible al momento del trasplante"), pero se enfoca más en los potenciales donantes. "Todos deberíamos pensar en que mañana podríamos necesitar un órgano", razona.

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