Sábado 16 de Enero de 2021
Seguramente haya sido toda una novedad además de una necesidad para el caserío y, en el futuro, un buen negocio. Fue durante el verano de 1770/71 que el Pago de los Arroyos pudo por primera vez degustar los productos de una panificación, cosa que hoy parece un detalle, pero en el siglo XVIII no lo era.
No había conservantes químicos ni refrigeradores y el consumo de pan no era tan común como en la actualidad, ya que sólo se horneaba en el interior de las casas. De allí la importancia de la llegada a Rosario, 250 años atrás, del primer panadero de la ciudad. Se llamaba, casi como una broma del destino, Gumersindo Trigo, y había llegado con sus saberes desde España.
Trigo había puesto la primera panadería de Rosario el 15 de diciembre de 1770 y rápidamente se ganó la afición de los rosarinos y de los viajeros también, ya que la villa era en ese tiempo un lugar obligado para las postas que iban hacia el Paraguay y el Alto Perú. Se la considera la primera panadería no sólo de Rosario sino de la región.
Una costumbre familiar
De todas maneras, los inicios debieron ser bastante duros. El primer historiador de Rosario, Pedro Tuella, recuerda que el gobierno de Santa Fe en 1772 le niega a un francés el permiso para la instalación de una panadería en la ciudad argumentando que “la elaboración de pan es familiar, que cada vecino puede producirlo sin necesidad de comprarlo”.
Hacia 1801, el mismo Tuella asegura que los rosarinos “rara vez comen pan porque la molienda y horneado no es para ellos”. Avanzado el siglo XIX las panaderías empiezan a aflorar aunque sin una legislación que las contenga.
María Marinelli, en su trabajo “Origen de las panaderías en Rosario”, señala que son negocios de de una historia “tan fascinante como poco difundida” y que en su gran mayoría “son producto de una gran historia de inmigración”. De allí también que numerosos grupos de italianos hayan viajado a Rosario producto del hambre, la falta de trabajo y la escasa esperanza de prosperidad. Y centra su estudio en la región de Molise.
Por su parte, debieron pasar muchos años hasta que una panadería se convirtiera en un proceso industrial. Fue a mediados del siglo XIX, en 1856, cuando un catalán de apellido Sanmiguel utilizó los beneficios de una máquina a vapor para fabricar pan. La chimenea de la panadería era típica de la zona de la hoy conocida como bajada Sargento Cabral.
Albañilería y delivery
La socióloga santafesina Hilda Habichayn, en su trabajo “La colectividad española”, rescata el arribo del primer panadero de Rosario y también la de otros coterráneos que fueron pioneros en distintas profesiones de alta estima en ese momento. Por ejemplo, el vizcaíno Mateo Fernández considerado el primer albañil de estos pagos, así como los catalanes Juan Rusiñol y Joaquín Fillol, los primeros deliverys con su servicios de mensajerías con tracción a sangre, mediante diligencias.
