La ciudad

"Gatilló, se rió, dio media vuelta y me siguió gatillando a la cabeza"

Habían pasado 72 horas y todavía temblaba como una hoja. El rostro de M. ante La Capital reflejaba un profundo temor por lo ocurrido el jueves por la tarde. La adolescente de 13 años, que cursa el 2º año turno tarde en la Escuela Manuel Belgrano, contó paso a paso cómo fue apuntada por G., su compañero de curso de 14 años, con una pistola que afortunadamente no se disparó pero tenía tres proyectiles. “Estaba escuchando música. Me miró, me señaló con el arma...

Lunes 26 de Abril de 2010

Habían pasado 72 horas y todavía temblaba como una hoja. El rostro de M. ante La Capital reflejaba un profundo temor por lo ocurrido el jueves por la tarde. La adolescente de 13 años, que cursa el 2º año turno tarde en la Escuela Manuel Belgrano, contó paso a paso cómo fue apuntada por G., su compañero de curso de 14 años, con una pistola que afortunadamente no se disparó pero tenía tres proyectiles. “Estaba escuchando música. Me miró, me señaló con el arma. Gatilló, se rió, dio media vuelta y siguió gatillando. Me quedé muy asustada. La tercera vez me apuntó a la cabeza”, dijo la chica flanqueada por sus padres y en su humilde vivienda de zona sur. Para peor, aunque el caso fue denunciado a la policía hubo amenazas por mensajes de texto, en un clima de violencia y tensión.
  Con voz pausada y casi imperceptible, M. se animó a contar qué pasó la tarde del jueves pasado, hacia las 15.30, dentro del aula y en hora libre. El pibe ya había exhibido días antes la pistola semiautomática GMC larga y la portaba en la mochila.
  Desde hacía tiempo la conducta de G. había cambiado brusca en insospechadamente. Si antes, como recordó M., era “un chico común, que no se metía en nada y se callaba cuando hablaba la maestra”, ahora las cosas cambiaron.
  “Son los pibes más grandes que lo llevan por el mal camino. Cambió la forma de tratarnos, empezó a hablar raro, con códigos callejeros. Dijo que andaba armado porque tenía problemas afuera de la escuela y se tenía que defender. Le pregunté cómo la consiguió, se rió y me dijo que la había comprado re-barata por 50 pesos y que era muy fácil de conseguir”, narró la adolescente.
  Esta charla fue previa al incidente. El alumno de la Belgrano mostró el arma en reiteradas oportunidades a sus compañeros, la revoleaba y apuntaba para todos lados y se sacaba fotos con celulares.
  El caso de M. no fue el único. Otras compañeras fueron víctimas de una agresión similar. “A una le apuntó en la panza y a otra en la espalda”, añadió.
  La situación de descalabro se había producido antes de la hora libre, cuando en la clase de formación ética alguien lanzó una bombita de olor. “La profesora se descompuso, y encima está embarazada. Pero las docentes se enteraron de lo que pasó al día siguiente (el viernes) cuando llegó la policía”, recordó la alumna.

Reacción tardía. Lo increíble fue el proceder de las autoridades escolares. “Nos dijeron que esperásemos al otro día porque no estaban seguros de si era verdad que un alumno había ingresado con un arma”, recordó la adolescente, y acotó: “El día que me apuntó no hablé con nadie. Lo comenté con mis compañeras en el recreo y estábamos tan asustadas que lo queríamos esconder”.
  Según el relato, las alumnas tuvieron que participar de una especie de operativo de constatación para que, recién entonces, los directivos se animaran a realizar la denuncia policial correspondiente.
  En este sentido, Rubén, el padre de M., demostró su indignación por la actitud de la preceptora del turno tarde. “Es increíble que hayan mandado a las mismas alumnas amenazadas a abrir la mochila para verificar si estaba el arma y que las hayan hecho pasar otra vez por eso”, acotó.

Nuevas amenazas. A pesar de la denuncia policial, y tras la detención de G. y el secuestro del arma, las agresiones parecen no haber cesado. El mismo viernes a la noche, a las chicas agredidas les llegó un mensaje de texto al celular : “No te vamos a perdonar, sos una ortiva”, decía el texto. Pero también circulan intimidaciones entre los propios alumnos del curso.
  Según la familia de M., hay comentarios de que el año pasado dentro de la Belgrano, dos alumnas habrían portado cuchillos y facas también en actitudes intimidatorias.
  El Estado, la comunidad educativa y en especial los padres están obligados a frenar esta espiral de violencia, que sembró el temor y podría aparejar consecuencias graves.

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