Domingo 12 de Junio de 2011
Todo sucede desde hace pocos meses y en pleno centro de la ciudad. Desde temprano, decenas de personas que en su mayoría ya pasaron los cincuenta años hacen cola frente a dos locales de Rioja al 1000 y 1300. Poco después de las ocho se abrirán las puertas de estos centros que prometen "mejorar la calidad de vida" a través de "una experiencia revolucionaria". Después, en forma gratuita, hombres y mujeres se colocarán sobre unas 40 camillas masajeadoras durante unos 37 minutos. Mientras tanto, otro contingente escuchará las bondades del método para combatir dolores, estrés, insomnio y otras enfermedades crónicas; oirá también testimonios que reafirmarán "lo milagroso" del tratamiento; y cerrará el día cantando y bailando.
Algunos dicen que se trata sólo de un novedoso método de venta de artículos para el cuidado personal que llegó al país hace unos dos años y tiene el boca a boca como su principal aliado. Pero los médicos advierten sobre los falsos beneficios que se promocionan y las complicaciones que puede acarrear a pacientes con algunas patologías someterse a masajes sin ningún consejo profesional.
Hay un dato más: ambos lugares funcionan con una habilitación municipal para locales comerciales, razón por la cual no están autorizados para realizar ningún tipo de tratamiento para los que se requieren profesionales idóneos.
Medicina alternativa. Los dos locales abrieron casi en forma simultánea hace unos cuatro meses y durante las primeras semanas se promocionaron con la entrega de folletos en la calle. Pero al poco tiempo la propaganda no hizo más falta. Por estos días ya hay colas temprano en la puerta, obtener un turno lleva algunas horas y, en algunos casos, sobre las 14 ya no quedan camillas vacías para toda la tarde.
El de Rioja al 1000 pertenece a la firma Ceragem y se presenta como “el mayor proveedor del termomasajeador automático de calidad, con presencia en 75 países y elogios de la gente de todas partes, por nuestros productos y por sus increíbles resultados”, según rezan los folletos que se ofrecen a los visitantes. El de Rioja al 1300 es de Nugabest y el producto promocionado es la camilla termomasajeadora NM-500, con capacidad para morigerar las consecuencias de “dolores, stress, insomnio o enfermedades crónicas”.
Los sitios de internet de ambas empresas relacionan las bondades de sus productos con los métodos de la medicina alternativa y las prácticas orientales. Según describen, las camillas masajeadoras utilizan la moxibustión y la acupresión para aliviar al cuerpo de “señales de angustia”, que causan el dolor y el estrés.
Los dos emprendimientos tienen origen en Corea. Ceragem comenzó en el 1998. Tiene distribuidores en 50 países y su intención es llegar a 150. Nugabest promociona su presencia en 20 países desde 2002 y asegura que en 2007 la exportación de sus productosalcanzó una facturación de 70 millones de dólares.
Masajes para todos. De afuera, el local de Ceragem no dice mucho. Su frente vidriado está ploteado de color rosa y un pequeño cartel ofrece masajes gratis. Acercando la nariz al vidrio, la imagen cambia: a ambos costados del local, largo y angosto, se alistan unas 40 camas. Sobre ellas, personas mayores parecen dormir la siesta tapadas con sábanas. Y en la parte posterior del comercio hay un improvisado escenario, coronado por un cartel muy escolar que reza “Viva la patria”, guirnaldas celestes y blancas y gran cantidad de sillas también completamente ocupadas.
“¿Es la primera vez que venís?”, pregunta la jovencita que está parada junto a la puerta del local que abre de lunes a viernes, de 8.20 a 17.40, y los sábados, de 8.20 a 13. Frente a la respuesta afirmativa, explicará rápidamente cómo funciona el sistema: “Trabajamos con principios de la medicina oriental: quiropraxia, masaje y moxibustión”, dice y acerca un folleto que intenta aclarar un poco más los tantos.
Después recalca que “todo es gratuito”, e invita a probar las camillas. “Yo te doy un número, primero esperás en esas sillas donde la animadora te indica mejor cómo funciona todo y después podés tomar los masajes que duran 37 minutos: 30 de espalda y 7 de frente. ¿Te animás?”, inquiere y rápidamente aclara que una vez que el visitante obtenga el número no podrá salir del local.
“Tengo lugar para dentro de media hora ¿Te vas a quedar?”, vuelve a preguntar finalmente ya con el número en la mano.
—¿Pero de verdad es gratis?
—Claro que sí. Y podés venir todas las veces que quieras, todos los días...
¿Sólo marketing? La escena es más o menos similar en el centro de Nugabest. También hay dos hileras de camillas frente a la pared. También están completamente ocupadas. Hay un improvisado auditorio en el fondo. Y también está completo.
“Allí te explican primero cómo funciona este sistema”, dice la joven parada en la puerta. Coordinadas por otra muchacha, una animadora, se escuchan mujeres que cuentan lo bien que viven desde que se someten a los masajes, otras que afirman que se curaron de distintos males, otros que dicen que ya no necesitan remedios. Después cantan y algunos hasta se atreven a bailar.
—¿Si las sesiones son gratuitas, cuál es el negocio de ustedes?, preguntó esta cronista, curiosa, pero no muy convencida de querer entrar.
—Después podés comprar las camillas. Pero antes tenés que probarlas, fue la escueta respuesta que no aceptó más interrogatorio.
Por internet se ofrecen camillas de masajes de este tipo “con muy poco uso” por unos 10 mil pesos. Pero en los locales rosarinos nadie habla de dinero, quizás porque la mayoría de los que se someten al método difícilmente junten ese monto para invertir en los termomasajeadores.
Esa parece ser la mayor incógnita de la novedosa y particular forma de venta. El sitio de Ceragem lo plantea en estos términos: “Nuestros clientes están contentos con nuestra estrategia única de marketing, permitiéndoles utilizar primero Ceragem antes de comprarlo. No hay mejor manera de comprar productos para el cuidado de la salud que probarlos y estar convencido de los beneficios que le puede
ofrecer”.