La ciudad

Florida toma conciencia de la gravedad del Covid-19

Muy tardíamente, el Estado, que suma 206 mil casos y 3.778 muertes, impuso cuarentenas en bares y playas y prohibió las fiestas masivas.

Martes 07 de Julio de 2020

El Estado de Florida finalmente aceptó que el coronavirus es una emergencia muy seria. En medio de una segunda ola de la infección y durante el curso del fin de semana, Florida cambió 180º de actitud, en especial el gobernador del Estado, el republicano trumpista Ron De Santis. Y el alcalde de Miami, el también republicano Carlos Giménez, anunció ayer en Twitter que ordenó el cierre de restaurantes, cines, teatros y casinos. El fin de semana había decretado el toque de queda en la mayor ciudad de Florida, famosa por sus playas y su vida nocturna.

   El gobernador de Florida, Ron De Santis, prohibió el “amontonamiento” en los bares. No más bebidas en las mesas o en el bar hasta nuevo aviso. Mientras, el alcalde Giménez ha impuesto un toque de queda en Miami de las 22 a las 6. El pasado fin de semana la mayoría de las playas fueron cerradas. Los números ya no dejan lugar a la improvisación y la subestimación de nadie ni siquiera del gobernador De Santis, alineado hasta hace poco con la actitud del presidente Donald Trump sobre el Covid-19.

   El Departamento de Salud de Florida informó que el sábado 4 de julio, el Día de la Independencia, Florida alcanzó un récord de 11.400 nuevos casos de Covid-19. Ayer, el Departamento informaba en su página web que el Estado registraba 206.447 casos y 3.778 muertes. En este punto, la Península del Sol se ha convertido en uno de los más violentos focos de la segunda ola de infección en EEUU. Con 20% del total nacional de casos, la segunda ola está empezando a presionar a los hospitales. Las salas de cuidados intensivos están casi llenas. Los médicos ya están posponiendo las operaciones y la atención sanitaria menos urgentes para dedicarse plenamente a la epidemia.

   Entre los 3.778 muertos en Florida por Covid-19, se incluye a un niño de sólo 11 años. La TV muestra a equipos de trabajadores sociales y voluntarios en comunidades del Estado yendo casa por casa, repartiendo máscaras, desinfectantes y casi empujando a las personas con síntomas sospechosos a hacerse el test.

   Pero el de Florida es un caso ejemplar de mala gestión. Durante meses, el gobernador De Santis y multitudes de alcaldes simplemente han ignorado las recomendaciones de los científicos, burlándose de las máscaras. Una “pedagogía inversa” cuyos resultados se ven ahora. Instrucciones, advertencias para respetar el distanciamiento social y usar máscaras están por todas partes. En los supermercados, tiendas, piscinas. Pero el respeto de las reglas se confía al buen criterio de los ciudadanos, algo que muchos periodistas locales y corresponsales han experimentado. En los periódicos y en la web se está extendiendo la controversia sobre los jóvenes y las “fiestas salvajes”, parte de la vida nocturna veraniega de Florida, y que podrían haber contribuido al brote. Pero un breve recorrido por las zonas más turísticas es suficiente para darse cuenta de que en general, incluso los adultos no toman precauciones en serio. De manera que no solo se trata de las autoridades. Y sólo ahora el gobernador De Santis y su administración están tratando de cambiar, con la esperanza de evitar un desastre aún mayor al actual.

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