Domingo 29 de Junio de 2008
Uno entra a la casa, en pleno corazón de barrio Bella Vista, y en las paredes aparece siempre un mismo decorado, el de las fotos sonrientes de Maxi Rodríguez. Están colgadas por todo el living y reflejan el orgullo de su madre Claudia Rodríguez, una mujer que a los 19 años se vio obligada a asumir sola la crianza de su hijo, hoy ídolo de la selección argentina y el Atlético de Madrid. "Lo hice con responsabilidad, sin odio ni rencor", sostiene Claudia. La suya es una historia de sacrificio, con jornadas laborales extenuantes pero con la solidaridad a flor de piel para ayudar a los demás. Y la compartió con LaCapital.
"A veces me volvía caminando desde el trabajo para comprar pañales y llevarlos al Hogar de Raquel (Butazzoni)", recuerda haciendo referencia a la entidad rosarina que esta semana recibió los 534 mil pesos que Maxi la fiera Rodríguez, juntó con sus compañeros del equipo español.
Los 47 años de Claudia parecen menos. Más de la mitad de ellos los destinó a la crianza de Maxi, y mientras tanto trabajó en una casa de confección de ropa para hombres, fue empleada doméstica, cuidó enfermos de noche y otros tantos años fue enfermera en el Hospital de Niños Víctor J. Vilela. Pese a jornadas de doce horas de trabajo, se hacía tiempo para ir al hogar de madres solteras a colaborar con ropa y alimentos. "Siempre admiré a Raquel por su esfuerzo, por eso dejábamos cosas en el hogar, pero nunca habíamos dicho quienes éramos", recuerda.
Los ejemplos para Maxi estaban con ella a la orden del día. Cuenta que muchas veces volvió a pie desde el trabajo porque había comprado pañales para los chicos del Vilela, o trabajaba en las vacaciones para cobrar el doble. "Mi hijo palpó toda la vida lo que hacía su madre, y hasta el día que me muera la responsabilidad es sobre él. Maxi es lo que más amo en la vida. Lo crié sola, hay que asumir los errores y no echar la culpa hacia afuera", asegura.
Hoy Claudia atraviesa un presente diametralmente opuesto al pasado de sacrificios. "Me obligaron a jubilarme", dice con falso enojo en relación a la decisión de su hijo de que ella ya no trabaje más. Sueña con una Argentina donde no existan hogares ni comedores. Donde a un chico "no se le calme sólo el estómago, sino que se le brinden valores". Pero sin dudas su sueño hecho realidad es el de un hijo exitoso que llena con su imagen las paredes de la casa.