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Ezequiel Flores: "Acá yo no soy la única víctima, el chico que me disparó también lo es"

"Acá yo no soy la única víctima, el chico que me disparó también lo es. Porque si necesitás arreglar las cosas con un arma es porque tenés problemas", dijo Ezequiel Flores.

Sábado 31 de Marzo de 2012

"Acá yo no soy la única víctima, el chico que me disparó también lo es. Porque si necesitás arreglar las cosas con un arma es porque tenés problemas". Las palabras no son de un pacifista, de un monje ni de un psicólogo, pero suenan tranquilas y coherentes. El que las dijo es un chico de 14 años que recibió un balazo en la rodilla derecha el martes en la escuela y fue operado. Se llama Ezequiel Flores, vive con su familia en una modesta casa de zona oeste, toca la batería, tiene tres hermanas menores, usa media cresta en el pelo, sueña con ser abogado y en su perfil en facebook colocó una foto de Boca Juniors con la frase "No dejes que nada destruya este amor". Un adolescente como tantos: sin miedo ni rencor.

El insiste una y otra vez que "la gente debe entenderse con palabras" y asegura que eso fue justamente lo que no pasó en el patio de su escuela, Juana Azurduy de Padilla (Ovidio Lagos 2200) esta semana. "Yo voy a 2º C y el lunes un chico de 2º A me empezó a molestar. Me dijo que me iba a dar una piña".

-¿Por qué motivo?

-No sé, le gusta embromar parece. Yo no la seguí, no acostumbro a pelear. Y al otro día le pregunté qué le pasaba conmigo y creo que se enojó más, me dijo que teníamos que ir a pelear afuera. El es físicamente más chico que yo pero temí que se sumaran sus amigos. No le hice caso y me dí media vuelta y me puse a hablar con chicos de mi curso. Bajaron tres de tercer año y creo que él me señaló. Escuché un estruendo, todos corrieron y como pude, tambaleándome llegué a la preceptoría con el vaquero manchado de sangre. Me atendieron los preceptores y también un médico de emergencia. Me pusieron desinfectante y llamaron a mis padres. Recién cuando fui al sanatorio y me sacaron la radiografía, supe que tenía una bala. Yo la vi en la placa: era redondita.

Otra vez. Ezequiel ya perdió la cuenta cuántas veces contó en esta semana esta historia: la narró para David (37 años) y para Estela (38), sus padres. Se la contó a sus docentes, a sus amigos, a los medios, a la jueza que entiende en la causa (Dolores Aguirre Guarrochena), a los médicos y a su familiares. Y la vuelve a contar sin mostrar hartazgo ni perturbación. Aunque está cansado, anda con muletas, tiene la rodilla vendada, algo hinchada y confiesa que le duele. A Ezequiel parece que nada lo irrita. Si hasta le pide a su mamá, más de una vez y de buenos modos, que lo deje contar a él. Y ella se ríe, lo acaricia y lo deja: su hijo es sin dudas el «famoso» en estos días.

La mamá es ama de casa y el papá, músico. Toca en la banda del Liceo Aeronáutico Militar donde Ezequiel cursó el 8º y 9º años. Pero como se quedó con más materias previas que las previstas tuvo que cambiar de colegio. "No nos quedaba cerca, pero elegimos éste de barrio Parque porque mi mujer es ex alumna. El estaba contento y nosotros también. Había pasado un mal verano estudiando mucho, le gustaba el anterior colegio y hacíamos esfuerzos para mandarlo, pero no pudo ser. Ahora veremos cómo sigue esto, porque no creo que siga en la Juana Azurduy, por el bien de todos", dijo David.

Ante ese comentario Ezequiel no dice nada y acepta. "Ellos (sus padres) decidirán lo mejor para mí. Ahora tendré clases en casa hasta que me cure", aclaró. Y mientras tanto mirará su serie preferida (La ley y el Orden), chateará con sus amigos y amigas, escuchará a Los Cadillacs, o tocará «la bata» (como le dice a la batería) esperando ser alguna vez como el músico de jazz fusión, David Weckl. Lo que no hará será llenarse de bronca por lo que vivió esta semana. Tampoco se empecinará en saber quién le disparó. "Para eso está la Justicia", dice la mamá. Y el agrega como al pasar: "Son cosas de la vida".

Cómo sigue

El psicólogo del Ministerio de Educación, Fernando Tavella, remarcó que “no se expulsó al chico que supuestamente disparó el arma”. Se acordó con el padre que se le haga un psicodiagnóstico y, mientras tanto, reciba clases en su casa, al igual que Ezequiel. “La idea es que ninguno pierda su escolaridad”, subrayó.

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