La ciudad

"Estamos inmersos en la violencia, la asumimos y la naturalizamos"

La doctora en filosofía se refirió a los niveles de agresividad que predominan en la sociedad y a la simbología de las armas en el tejido social.

Lunes 26 de Agosto de 2019

"Estamos inmersos en la violencia, a menos que nos sensibilicemos por lo que le pasó a Benjamín Biñale (el niño de 8 años que fue alcanzado por una bala perdida, ver página 9), la asumimos y la naturalizamos de alguna forma". En una entrevista con La Capital Adriana Rossi, doctora en filosofía, experta en geopolítica del narcotráfico y conflictos armados, se refirió a los niveles de agresividad que predominan en la sociedad y a la simbología de las armas en el tejido social. "Es un instinto de muerte lo que está prevaleciendo. El arma te da poder".

Rossi fue docente en distintas universidades latinoamericanas y europeas. Además fue secretaria ejecutiva de la Red Latinoamericana de Reducción de Daños (Relard) y trabajó los efectos sociales que se desprenden del fenómeno narco en Colombia, Bolivia, Ecuador, Perú, Uruguay y Brasil a través de organismos nacionales e internacionales.

—¿Qué es lo que ha cambiado tanto en la sociedad para vivir con niveles de tanta violencia?

—Han cambiado totalmente los códigos. Podríamos decir que en la actualidad faltan casi en su totalidad. Antes se respetaba a los médicos, enfermeros y maestros que ejercían un beneficio a la comunidad. Esto no existe más. Toda la trama social se ha ido destruyendo, y queda librada al deseo de hacer algo. En algún momento en zonas tomadas por los narco, estas organizaciones trataban de cuidar a la comunidad y le podían dar algunos insumos, pero ahora quedaron a merced de las distintas guerras de grupos. La desarticulación de algunos grupos que imponían su poder en determinados territorios dio lugar a la formación de otros pequeños, que se escindieron de éstos o surgieron otros tratando de disputar el territorio. Ese control se hace imponiendo la violencia.

—¿Cómo explica el surgimiento de los soldados o sicarios que buscan hacer carrera en el barrio disparando a mansalva, como si fuera esto un factor de prestigio?.

—Es el poder. Mostrarse a través de las armas, demostrar valor para que el líder lo incorpore.

—Al profundizarse la pobreza también en sectores medios y en barriadas, ¿se dispara más violencia?

—Es un caldo de cultivo, pero no la causa principal. Muchos pobres no se meten en estos circuitos. El aumento de la pobreza propicia la tentación. Se trata de tener plata y prestigio. Pero entran muchos factores. Hay grupos de jóvenes que no tienen ninguna inserción; los que ni estudian ni trabajan. Se pueden insertar y son alguien. En una sociedad machista y patriarcal un hombre con un arma es un macho. Eso tiene mucho más valor simbólico. El arma es una prolongación de la virilidad. Vivimos inmersos en la violencia de una sociedad consumista y acá entra la clase media que quiere tener un status superior, donde valés por lo que tenés, no por lo que sos. Estamos inmersos en una cultura de la violencia que se replica por la televisión. A menos que nos sensibilicemos por lo que le pasó a Benjamín, asumimos violencia, la naturalizamos de alguna forma. Se consumen más las noticias policiales, nos acostumbramos y nos hacemos indiferentes a este fenómeno. Los valores que se podían mantener antes, como trabajo, estudio y el respeto a las personas se fueron desdibujando en este universo de ser alguien por lo que se tiene. Para esta personas sin acceso, la cuestión de la pertenencia y el status son fundamentales.

—¿Qué simboliza la cultura de las armas?

—Es un instinto de muerte lo que esta prevaleciendo. El arma te da poder y es una forma de ejercerlo, de expresar que hay poder sobre los otros, y la sociedad te reconoce de un modo mal interpretado de la masculinidad inserta en un ambiente machista.

—¿Qué se puede hacer como antídoto?

—Se fue desgajando la trama social y se fue dividiendo la población. Si estuviese organizada, estas arquitecturas económicas y sociales no se manifestarían tan fácilmente. Se espera que la solidaridad de vecinos vaya reconstituyendo lazos sociales que han sido totalmente quebrados y trabajar con los jóvenes no diciéndoles qué hacer, sino para que cada persona se mire al espejo.

—¿Hay responsabilidad de la sociedad civil en cuanto a ponderar el poder de las armas?

—Lo más peligroso son los discursos que dicen que no está mal que los ciudadanos estén armados; si se avanza estaríamos en la guerra civil.

—¿Hay esperanza, cuál es la opción?

—Imagino que sí, porque estamos llegando a una serie de saturaciones. Por eso puede haber una reacción hacia los modelos económicos, como el capitalista, que necesita a la sociedad para el consumo. Esto debe ser remontado, no es fácil; pero creo que puede haber reacciones de parte la sociedad, que empiece a sentir la sensación que permita reconstruir lazos sociales para proteger al a gente, una especie de autoprotección. Jamás hay que dejarles las armas a los civiles, algunos países han cometido ese error que luego puede provocar el caldo de cultivo para llevar a cabo organizaciones civiles paramilitares, parapoliciales.

poder de fuego. "Jamás hay que dejarles las armas a los civiles, algunos países han cometido ese error", manifestó la especialista.

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