La ciudad

"Estamos frente a un proceso social y cultural que no tiene vuelta atrás"

La psicóloga y docente de la UNR, Marisa Germain, definió así al momento que se está viviendo en torno al debate por la despenalización del aborto.

Domingo 22 de Abril de 2018

Marisa Germain lleva años hablando de derechos, de derechos sexuales y reproductivos, y de aborto. Lo hace en su cátedra de Teoría Social de la Facultad de Psicología de la Universidad Nacional de Rosario (UNR) desde siempre, pero es tema excluyente en las últimas semanas, con el desembarco del debate sobre la despenalización en el Congreso. "Es un proceso cultural y social, no exclusivamente político, que no tiene vuelta atrás y donde el debate legislativo es apenas la punta del iceberg", opina y remarca que "lo más alucinante es el compromiso de los menores de 25 años a favor de la despenalización, y no solamente mujeres".

Se trata de esos mismos jóvenes que llegan a las aulas de la facultad y que, admite, son protagonistas de movidas que creyó no llegar a ser testigo. "Hace poco no se me pasaba por la cabeza ver varones marchar con pañuelos verdes en las muñecas o ponerse polleras en defensa de los derechos de sus compañeras, pensamos que faltaban décadas", señala.

—Hace tiempo que los temas de agenda pública los aborda en el aula, ¿cómo se plantea el del aborto en este contexto de pleno debate legislativo?

—El tema surge cuando hablamos de los derechos y las tensiones que se generan en un proceso creciente de adquisición de derechos en las sociedades en las que vivimos, que no son sociedades homogéneas; ni en creencias ni en valores. Las cuestiones sobre cómo vivimos y cómo podemos desarrollar nuestras existencias son objeto de disputas políticas para algunos y religiosas para otros. El conflicto central de las sociedades democráticas es que albergan al mismo tiempo a quienes creemos que las decisiones sobre cómo vivir las tomamos los seres humanos, como principios autónomos y transformaciones de la vida colectiva; mientras que para otros los principios son heterónomos, vienen terminados desde afuera. Allí está la tensión entre quienes creen que la vida es sagrada, cualquier vida desde el espermatozoide mismo, y que conviven dentro de una lógica democrática que les es refractaria, porque la lógica democrática es que todo se discute, incluso el alcance de la vida. Y eso discutís cuando se habla de aborto, pero también cuando se habla de muerte digna o la ablación de una persona que aún está con respirador.

—Así las posiciones a favor y en contra en el debate parlamentario aparecen como irreconciliables, un diálogo sordo donde aparece el argumento de "lo sagrado".

—No sólo es como un diálogo de sordos, sino que hay algo notorio y llamativo: del lado de los argumentos a favor hay una pluralidad de ideas, que va desde Dora Barrancos (socióloga e historiadora feminista) hablando del derecho al goce de las mujeres sin riesgo de embarazo, pasando por los que sostienen la separación de la Iglesia y el Estado, y el argumento sanitarista de evitar la muerte de mujeres en abortos clandestinos. Hay pluralidad cuando del otro lado hay monotonía, hay poca variedad porque antes o después plantean lo sagrado de la vida desde antes del coito. Eso después se expresa en un marketing que va desde el muñeco de embrión plástico a las poesías, pero no hay variedad argumental; e incluso tampoco van por los argumentos científicos.

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—Esta clara posición de la gente a favor de debatir el aborto, ¿cómo las analiza teniendo en cuenta que es una discusión que las mujeres llevan décadas impulsando?

—Podría ocurrir que en el Congreso se abra un debate sobre una cuestión que en la sociedad no constituye una pregunta, pero efectivamente la cuestión de la potestad de los cuerpos en el caso de las mujeres es algo que viene interrogando de manera cada vez más fuerte en el ámbito social: desde qué nos podemos poner hasta dónde el otro tiene posibilidad de apropiación de mi cuerpo. Los cuestionamientos de cómo te tratan durante el parto está ligado a esto, porque las mujeres no sólo estamos discutiendo cómo podemos abortar, sino qué otro y bajo qué condiciones tiene potestad sobre nuestro cuerpo. Si no, pensemos si alguna mujer hace 60 años cuestionaba la decisión de un obstetra de hacer una cesárea. Ya no hay una inmediata aceptación de la tutela externa de los cuerpos, esa es una transformación social y por eso el aborto es un tema de la agenda social, con debate legislativo o no.

—¿Cómo ve la participación de Santa Fe en el debate, con una centralidad con la presencia tanto de referentes del ámbito de la salud como de las organizaciones civiles?

—Efectivamente Santa Fe en el campo de la salud en general, no sólo de salud reproductiva, es una provincia modelo. Las políticas que sostuvieron las gestiones socialistas son consistentes con la propuesta de la sanción positiva de la legislación; sin embargo, yo sería cauta y evitaría pensar a Santa Fe como una isla, y a las provincias como Salta y Jujuy como los atrasados de la historia. Hay que recordar que Ana María Acevedo murió en esta provincia (le negaron el acceso a un aborto no punible), con profesionales de esta provincia. Murió en una situación de crueldad absoluta. Está bien mostrar lo que funciona y es cierto que funciona, y es cierto que ahora el laboratorio provincial puede producir misoprostol, pero no podemos perder de vista estas cosas para que nada de esto vuelva a pasar.

—¿Cómo evalúa en el proceso el rol de las organizaciones de mujeres?

—Todo esto es sin dudas el resultado del esfuerzo de las organizaciones de mujeres, de los encuentros que albergaron estas preocupaciones y las cultivaron, y este debate prosperó en el marco de las discusiones de otros derechos de las mujeres que se dieron en la década anterior, como la ley de identidad de género y la pelea contra la violencia. El dato alucinante de este proceso es que el grueso de quienes están comprometidos con esta posición tiene menos de 25 años, y no son sólo mujeres, ese involucramiento es lo que va a hacer que antes o después, la despenalización del aborto se sancione. Porque el efectivo de visibilización que se ha provocado no deja margen para que esconder este debate de la agenda pública. Cuando (René) Favaloro se manifestó a favor del aborto lo hizo en medio de la nada, eso ya no es posible. Que las actrices, las escritoras y las mujeres salgan a decir "esto nos pasó a muchas" inscribe socialmente el debate y muestra un cambio de lógica: nadie pensaba hace un tiempo ver varones con pañuelos verdes en las muñecas, usando polleras a favor de los derechos de sus compañeras, ese es un proceso social y cultural que no tiene vuelta atrás, y el debate legislativo es apenas la punta del iceberg.

Los rosarinos se muestran a favor del debate en el Congreso

Un relevamiento de opinión pública realizado en la ciudad mostró que seis de cada diez rosarinos considera positivo el debate sobre el aborto y más de 7 de cada diez tienen una posición tomada sobre el tema. De ese total, el 65% se manifestó a favor de la despenalización —en el 27% de los casos con salvedades—, y el 36% en contra. El relevamiento fue realizado entre 407 personas en Rosario entre el 11 y el 14 de abril pasados, y fue encargado por la diputada por Santa Fe (Frente para la Victoria) Lucila De Ponti. "Estas cifras muestran que el aborto está despenalizado socialmente, porque está legitimado por amplios sectores que entendieron que el debate no se trata de posturas religiosas o filosóficas, sino de la necesidad de avanzar en una legislación que amplíe derechos y prevenga situaciones clandestinas e inseguras", dijo la legisladora

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