La Ciudad

"Estamos frente a un proceso equivalente al que vimos el año pasado en el Amazonas"

El biólogo y secretario de Control y Monitoreo Ambiental de de la Nación afirma que no se trata de quemas para la renovación de pasturas, y lo compara con los incendios de 2008.

Sábado 29 de Agosto de 2020

Que las quemas en las islas no son novedad viene repetido. Sin embargo, para Sergio Federovisky, biólogo y ambientalista, y ahora secretario de Control y Monitoreo Ambiental de de la Nación lo que sucede desde mayo pasado, así como pasó durante la sequía de 2008, nada tiene que ver con la renovación de pasturas. “Estamos frente a la quema de la vegetación y de sus raíces, este es un desmonte hecho con fuego, un proceso equivalente al que vimos en el Amazonas”, señaló el funcionario. Los objetivos, aclara, son por ahora “sólo inferencias”, pero apunta con claridad a la ganadería intensiva, el relleno de terrenos para cultivos o los emprendimientos inmobiliarios. Si bien reconoce la presencia ganado, señala que “esto es para convertir el humedal en otra cosa, y si el fin es la ganadería, no es para desarrollarla tal como la conocemos hasta ahora”.

Hace ya tiempo que la actividad ganadera es parte de los 17.500 kilómetros cuadrados del Delta del río Paraná, y con esos establecimientos las quemas que se realizan sobre el final del invierno y el inicio de la primavera para el rebrote de los pastizales.

Sin embargo, sostiene que la cantidad y la intensidad de las quemas de este año, nada tienen que ver con ese proceso. “Esa afirmación se viene haciendo con mucha liviandad, incluso a sabiendas de que eso no siempre ha tenido la eficacia que se dice, pero aunque tomáramos la hipótesis de que esa es la intención, acá estamos claramente frente a otra cosa”, señala el funcionario, y sí, hace un paralelo con lo sucedido en el otoño e invierno de 2008.

Algo diferente la humedal

A partir de ahí, Federovisky enlaza sólidos argumentos para llegar a su afirmar, sin dejar lugar a dudas, que “ésto es otra cosa”.

“Esas quemas serían eficaces si se hicieran a fin del invierno y ya avanzada la primavera porque ese es el momento en que el suelo tiene una mayor humedad y se recuperan los brotes; pero paradójicamente, este año se registran desde fines de mayo y lo mismo sucedió en 2008, que se iniciaron en abril. Sería idiota pensar que habría rebrotes en el momento de mayor sequedad del suelo, y más en dos años de sequía extrema como fueron tanto el 2008 como este año”, comienza.

>> Leer más: Incendio en las islas: cronología de un problema sin solución

A ese escenario, le suma otro elemento, y es que los años anteriores, es decir 2007 y 2019, fueron años muy húmedos y de intensas lluvias. Es más, aún se recuerdan las inundaciones en la zona de islas de marzo de 2007, fundamentalmente en la zona de Victoria, donde llegaron a evacuarse más de 100 mil cabezas de ganado y murieron otras 20 mil.

“Esas inundaciones generan mucha acumulación de materia orgánica sobre el suelo y se le suma, este año y al igual que en 2008, la posterior bajante pronunciada del río y que por estos días está en niveles históricos”, suma Federovisky.

Allí, vuelve a preguntarse qué sentido tiene tiene quemar en ese contexto. Y la respuesta es clara, y afirma que “para nada se trata de buscar rebrote de pastizales”, y apunta que así también lo señalan estudios de la Facultad de Ciencias Exactas de la Universidad de Buenos Aires, entre otros.

“Estamos frente una quema que no es una quema de pasturas, sino una quema de vegetación que va a la raíz, estamos frente a un desmonte con fuego. Como a diferencia de otros terrenos, el humedal no es un lugar que pueda desmontarse con pala mecánica, como sucede en otros territorios para la extensión de la frontera agrícola, se desmonta con fuego en un proceso equivalente al que vimos también el año pasado en el Amazonas”, continua.

La finalidad, sostiene, es directamente “modificar el humedal, hacer allí otra cosa diferente a lo que hay. ¿Qué cosa es esa? Por ahora sólo podemos inferir”.

Las proyecciones

Entre las inferencias del secretario del Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible de la Nación, está la ganadería, pero no tal como se viene realizando en la zona de islas hasta ahora. “Si es ganado, es para ganadería intensiva, o puede hacer para el aprovechamiento de esta bajante histórica del río para el relleno de terrenos y así el inicio de cultivos en la zona de islas, y por qué no los emprendimientos inmobiliarios”, infiere Federovisky, aunque aclara que el resultado “no se va vamos a ver en el corto plazo”.

Sobre la actividad ganadera que fue expulsada del centro del país y se concentró en el monocultivo fundamentalmente de soja, el funcionario recuerda que hasta el 2012 hubo un notable incremento de las cabezas de ganado en la zona del delta de islas. “De 60 mil vacas que había en un inicio el número llegó a triplicarse”, señala el funcionario, y recuerda que hay quienes sostienen que llegó a haber más de un millón.

Entre los que sostienen esa metamorfosis está Rubén Quintana, presidente de la Fundación Humedales y director del Instituto de Investigación e Ingeniería Ambiental del Conicet y la Universidad de San Martín. “El ganado fue desplazado a zonas marginales a la agricultura como el Delta, y en esta región había en 1997 160.000 cabezas de ganado y, una década después, las cifras oficiales contabilizaban 1.750.000 vacas, un aumento de más de 10 veces, con el consiguiente impacto sobre estos humedales”, detalla el ambientalista, que también hace hincapié en la recuperación del Plan Integral Estratégico para la Conservación y Aprovechamiento Sostenible en el Delta del Paraná para pensar el humedal como un espacio productivo.

Reconstruir el Piecas

El Plan Integral Estratégico para la Conservación y Aprovechamiento Sostenible en el Delta del Paraná (Piecas) fue justamente la herramienta creada a partir de las quemas del otoño de 2008, y que incluía a la Nación y a las provincias de Santa Fe, Entre Ríos y Buenos Aires, y que las autoridades buscan poner nuevamente en marcha ante la falta de datos claros y específicos sobre lo que pasa en el humedal.

“El desmantelamiento del Piecas y la falta de datos certeros es uno de los problemas centrales que tenemos para la elaboración de políticas públicas”, apunta el secretario de Control y Monitoreo Ambiental de de la Nación, Sergio Federovisky.

Sin datos fehacientes, admite, es difícil establecer una política de desarrollo sostenible para la zona. “Recuperar todo ese trabajo es el primer paso que hay que dar”, agrega. Y no deja de señalar además la falta de claridad sobre los loteos que Entre Ríos llevó adelante a partir de la construcción del puente Rosario - Victoria, una obra que fue clave en el impulso de la ganadería en la zona al bajar los costos del transporte de los animales.

Un dato no menor teniendo en cuenta que se trata de lotes chicos, con alto porcentaje de terreno inundable. “Claro que ante eso, lo que quiere el productor es rellenar y que no se vuelva a llenar de agua”, añade.

Sin embargo, de cara a un plan que establezca una política clara y desarrollos sustentables en la zona, considera a priori que ni la ganadería intensiva ni los cultivos son proyectos para el delta de islas. “La prioridad es reconstruir los datos y tener un mapa claro de lo que hay ahí, algo que ahora no tenemos”, señala.

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