La ciudad

Escribir desde el compromiso

Participar como escritor o escritora en Dejame que te cuente representa un honor y, sobre todo, un gran desafío.

Sábado 09 de Junio de 2018

Participar como escritor o escritora en Dejame que te cuente representa un honor y, sobre todo, un gran desafío. Nuestra tarea consiste en trabajar a partir de un archivo aportado por las familias de las víctimas del terrorismo de Estado para convertirlo en un texto. Ese archivo, que contiene datos, fotos, testimonios, objetos personales, entrevistas, recuerdos y materiales diversos provenientes de la intimidad familiar es el punto de partida de nuestra labor. Entre el archivo y la hoja en blanco se abre el espacio en el que trabajan las escritoras y los escritores que participan de Dejame que te cuente.

El archivo es el resultado de un acto de entrega, un acto de amor inmenso por parte de una familia. Y posee una carga simbólica y emocional inconmensurable.

Para quienes trabajan con ese material, a la inseguridad y las dudas propias del trabajo de escritura ante la hoja en blanco se suma la carga emocional, simbólica, e histórica, que significa el archivo.

Es una tarea hermosa, pero a la vez conmocionante y puede llevar a una suerte de inhibición, a la dificultad de encontrar las palabras necesarias para cumplir con el trabajo.

Pero Dejame que te cuente es un proyecto colectivo, la labor de un equipo que incluye una instancia individual, solitaria, propia de la escritura, pero que la trasciende a partir del trabajo de las coordinadoras y los coordinadores, que en las reuniones grupales comparten sus experiencias con las escritoras y los escritores.

Sólo con esta instancia colectiva puede superarse el desafío que implica construir memoria.

Dejame que te cuente rescata el compromiso social y ético de la literatura. Como toda institución social, la literatura cumple varias funciones al mismo tiempo, no excluyentes, sino complementarias.

La literatura puede ser entretenimiento, por ejemplo. También el libro es una mercancía que, en el contexto de una sociedad cada vez más mercantilizada, circula como una mercancía más. Como producto cultural, simbólico, la literatura es así mercancía y, al mismo tiempo, significación. Y conforme avanza el mercado sobre los otros aspectos de la vida social, el aspecto mercantil suele avanzar sobre la carga simbólica.

El plan sistemático de exterminio del terrorismo de Estado tuvo entre sus objetivos fundamentales no solo la desaparición de personas en el sentido físico. La desaparición de las identidades implicó el intento de borramiento de historias, ideas, ideales, luchas, proyectos. Pequeños detalles de la existencia cotidiana, datos personales, lo que suele denominarse la microhistoria, también intentaron borrase con la desaparición de mujeres y hombres durante el terrorismo de Estado.

La memoria se nutre de cada detalle. Cada dato de cada vida rearma una historia y construye memoria. Y lo que se rearma, lo que vuelve a estar presente, no son sólo historias individuales, sino la historia colectiva: las calles, las esquinas, los barrios, las instituciones de la sociedad, las escuelas, las facultades, los clubes.

La ciudad es protagonista en Dejame que te cuente. Reconstruir la historia y la memoria de la ciudad de Rosario es uno de los fundamentos del proyecto. La reconstrucción de la memoria histórica implica un acto de reparación, restitución y reconstrucción. Llena un vacío. Les devuelve la voz a aquellos que fueron silenciados. Vence al silencio y al olvido.

Y la literatura es una herramienta indispensable a la hora de encarar esta tarea.

El resultado de esta labor colectiva es el libro, una pieza artesanal, preciosa, producto del trabajo de escritoras y escritores, diagramadoras e impresores. El libro, como soporte de la palabra, es un arma cargada de futuro, capaz de construir memoria y participar en el debate de ideas, en la denominada batalla cultural. Cada libro se convierte así en una modesta pero a la vez enorme contribución a la lucha colectiva contra el terrorismo de Estado.

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