La ciudad

Es salteña y casi muere, pero en Rosario un trasplante le salvó la vida

La historia de Ivana Zegura, de 21 años, refuerza el altruismo de la donación de órganos. Crónica de una intervención al límite.

Domingo 03 de Marzo de 2019

El día de Reyes, Ivana Zegura, una estudiante de 21 años, entró en coma en un hospital salteño al que llegó desde un pequeño pueblo de cerros y noches diáfanas. Dos días después, un avión sanitario la trajo a Rosario con su vida en tiempo de descuento. La Unidad de Hígado del Sanatorio Gamma que la esperaba, intuía que el desafío se iba a codear con el milagro. Ocurrió. Desde una provincia mediterránea llegó el órgano, única y última opción para la hepatitis fulminante. Cuando el reloj marcaba 24 horas de su arribo a la ciudad, los médicos respiraron aliviados y la familia norteña sintió que su fe había movido las montañas. Una historia impactante en la semana en la que se conmemoró el Día Mundial del Trasplante.

En esa sincronía inédita, Ivana había vuelto a nacer de una "situación catastrófica y rápida", como calificó el jefe de la Unidad de Hígado del Hospital Privado de Rosario, Andrés Ruf, que integra junto a Melisa Dirchowolf, Daniel Beltramino y Daniel Mahuad, el equipo de Trasplante. Los "cuatro mosqueteros" del equipo que la atendió y del que también participaron los becarios Jésica Tomattis y Manuel Baravalle.

¿Qué había sucedido? La vida de Ivana, que nunca había sufrido del hígado y era sana, estaba jaqueada por una hepatitis fulminante y retrocedía en función del tiempo, con una expectativa que se contaba por horas. Sobre esa tensión cronológica transcurrió el proceso de trasplante que se inició el 8 de enero al atardecer y culminó con el crepúsculo del día siguiente. Una estrategia para el asombro, desplegada en postas secuenciadas y operativas capaces de conjugar tiempos críticos, en los que intervino la ciencia, la experticia y para los Zegura, hasta algún intangible.

Tiempo récord

"Se tardan unos tres días para evaluar la factibilidad de un trasplante, pero la vimos tan enferma que movimos a todo el Hospital, tuvimos mucho apoyo y lo hicimos en tres horas", explicó la hepatóloga Dirchowolf.

A las 22 del 8 de enero, a horas de llegar a Rosario, Ivana entró en lista de emergencia nacional, a la medianoche el Incucai confirmó que había un donante y activó un protocolo de trabajo ininterrumpido, que culminó al día siguiente.

"Fue un donante multiorgánico, que posibilitó distintos trasplantes", explicó Mahuad, uno de los cirujanos del equipo, encargado de buscar el órgano en un vuelo especial que llegó de Buenos Aires. En el destino trabajó toda la noche en la ablación y regresó de madrugada para sumarse al equipo que había comenzado a operar a Ivana, "mientras estábamos aterrizando en Fisherton".

De ese nivel de coordinación fueron los hechos que conjuraron con éxito la patología que debía resolverse en cuestión de horas y que, según Ruf, con una incidencia del 7 al 10 por ciento, en los trasplantes que se realizan en el país. En el caso de Ivana, "si tenía que apostar, era 1 a 10 la posibilidad de ganar", aseguró.

Beltramino, jefe de Trasplante, de la Unidad de Hígado, señaló que el caso "fue especial" y destacó la apuesta del Grupo Gamma en Trasplantología Hepática, que desde su creación, un año atrás, lideró la actividad en adultos en la provincia.


>> Un Vía Crucis que comenzó en un pueblo de ensueño

Cuatro días después del trasplante, Ivana despertó del coma que comenzó en Salta. No sabía dónde estaba ni qué había pasado. La única certeza era el afecto que sentía alrededor y esas pequeñas sensaciones que le devolvían su cuerpo de a poco. Diciembre no estaba lejos en el tiempo, cuando ella estudiaba para rendir las materias de maestra jardinera mientras comenzaban los síntomas extraños, granitos, ojos amarillos, piel oscura y dolor de estómago. Comenzaron las consultas en su pueblo, El Carril, a 45 kilómetros de Salta, y las fiestas de fin de año se convirtieron en Vía Crucis de consulta en consulta. Después vino el coma y el viaje a Rosario con su papá Martín y una tía. Su mamá Jorgelina aguantó la angustia en Salta, con su hermanito Gabriel, hasta que pudo viajar a Rosario, donde están alojados junto a Ivana en un departamento que les provee su obra social, que también se hizo responsable del trasplante. Allí esperan el alta en unos diez días, donde seguirá monitoreada por un equipo de Salta.

Ivana sueña con volver al Carril, a su pueblo de postal, envuelto en cerros y noches de estrellas en las que camina con su novio Agustín, impregnados de sueños y de una sensación de plenitud que añora. "Ivana es una niña que es un ejemplo, sólo estudia, no sale ni va a fiestas", contó su mamá, que trabaja en el hospital del pueblo. Su papá lo hace en la Municipalidad del lugar. Cálidos, afables y agradecidos, los Zegura sonríen mientras dicen que no les queda duda, Dios estuvo en los detalles.


>> Un método transparente

Para Andrés Ruf, hepatólogo y formador de médicos, con trayectoria internacional, "el trasplante en la Argentina es algo transparente, en el que de manera organizada intervienen muchos actores que vigilan y se puede ver en tiempo real cuántos donantes hay disponibles". Remarcó que el caso de Ivana Zegura, con una obra social provincial, es ejemplo de esa transparencia. El 27 de febrero fue el Día Mundial del Trasplante y, junto a la toma de conciencia, evoca el esfuerzo médico. El equipo que dirige Ruf forjó experiencia en centros del país y el exterior. "El trasplante tiene cosas exitosas y fracaso, que se da cuando muere un paciente en lista de espera, algo que ocurre en 4 de cada 10 casos", comentó.


>> Hepatitis fulminante

La hepatitis fulminante tiene varias causas, virales, como la hepatitis A o B, autoinmune y tóxicas. En un 30 por ciento , no se llega a determinar la causa.

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