La ciudad

"Es posible convertir las necrópolis en espacios de valor cultural e histórico"

El experto en patrimonio histórico de México, Carlos Marcado Limone, dijo que "los cementerios muestran cómo cambian las ciudades y adaptando a las sociedades".

Viernes 02 de Noviembre de 2012

La importancia de reconvertir las necrópolis en paseos de turismo cultural que revaloricen el arte y la historia fue uno de los temas tratados ayer en el Encuentro Iberoamericano de Cementerios, que organiza la Secretaría de Servicios Públicos municipal junto a entidades internacionales.

En ese marco, el coordinador de la Maestría en Reutilización del Patrimonio Edificado de México, Carlos Mercado Limones, habló con La Capital sobre la gestión en ese país, que cuenta con ocho necrópolis convertidas en museos.

Mercado Limones trabaja en la Universidad Autónoma Metropolitana Xochimilco, de la capital mexicana, y tiene una vasta experiencia en la puesta en valor de cementerios que en su país son auténticos museos. Estos conviven con edificios vidriados de diez pisos y cuentan con capilla, sala de velatorios, horno crematorio y cientos de urnas para guardar los cofres.

"Los cementerios son una muestra de cómo van cambiando las ciudades y adaptando a las sociedades", explicó el experto.

En esa línea, agregó: "Hay que saber entrar a un cementerio y descubrir las obras de arte que están encapsuladas, porque en los grandes edificios no se pueden apreciar los detalles arquitectónicos pero sí en un panteón. En esas figuras hay historia, vida y homenaje y un arte que ya no se replica".

México cuenta con ocho necrópolis museos y otras doce que en proceso de convertirse en paseos culturales. Y el Estado realiza una fuerte inversión para la conservación del rico patrimonio de raíces aztecas. "Hay cementerios rurales y urbanos. Cada uno es muy distinto al otro, pero en todos se mantiene el respeto por el lugar para los muertos", graficó.

En 2004, México comenzó con una activa política de recuperación de los cementerios como espacios culturales: se declararon museos y sitios de interés patrimonial las necrópolis del estado de San Luis de Potosí y de la ciudad de Durango. Esta última es conocida por el Museo de Arte Funerario Benigno Montoya, que conserva numerosas obras del artista azteca del siglo XIX.

Después del éxito que tuvieron esos dos cementerios comenzaron las gestiones para declarar patrimonio cultural otras dos necrópolis de la ciudad de México.

De ese modo, la de San Fernando (1871) fue declarada "panteón de los hombres ilustres", porque hay muchos patriotas enterrados. Poco tiempo atrás sólo se hacían visitas de estudiantes, pero recientemente fue reconvertido en espacio cultural. Lo propio ocurrió con el cementerio de Tepeyac (cerca de la basílica de Guadalupe), el santuario mariano más importante de México (exhibe numerosas obras de arte).

"Actualmente, estos cementerios también son espacios para la puesta en escena de obras de teatro y conciertos", indicó Mercado Limones.

Sobre lo realizado en Rosario en el cementerio El Salvador, el especialista aseguró que, aunque es pequeño, "tiene muy buen nivel".

Buscado o no, el encuentro con epicentro en la ciudad coincide hoy con el Día de los Muertos.

Una fecha que se conmemora de otro modo en México, donde ayer y hoy son días no laborables. Y durante toda la semana se "celebra" a los muertos.

A diferencia de lo que ocurre en Rosario, donde los cementerios cada vez son menos visitados, a lo largo de la semana las necrópolis mexicanas son epicentro de una auténtica fiesta con música, comida, flores y recordatorios (suelen ser calveras de azúcar o chocolate).

"Es una de las festividades más alegres del país y se celebra de distintas maneras: en los cementerios rurales velan a los muertos toda la noche y las tumbas (montículos de tierra) se decoran con muchas flores, mientras que en las necrópolis de la ciudad hay obras de teatro y música alegre, también comidas", detalló el experto.

La idea de "fiesta" proviene de antiquísimas tradiciones. Mercado Limones explicó que la cultura prehispánica creía que una persona al morir se iba a descansar y a colaborar con los dioses.

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