La ciudad

En un año se duplicaron los venezolanos que se radicaron en Rosario

En 2016 fueron 159 y en 2017 treparon a 308. En los primeros 45 días de este 2018, ya son 83. La mayoría son profesionales universitarios.

Domingo 25 de Febrero de 2018

Crisis mediante en su país, la radicación de venezolanos en Rosario se duplicó en un año. Así lo reflejan los datos de la oficina local de la Dirección Nacional de Migraciones. La tendencia podría ser mayor en 2018, ya que en 45 días tramitaron su permanencia legal 83 ciudadanos de ese país caribeño. Son en su mayoría jóvenes con buen nivel de instrucción académica que rápidamente se insertaron en el mercado laboral rosarino en busca de una doble ilusión: tener una mejor calidad de vida y ahorrar dinero para enviarles a sus familiares.

   En una coyuntura incierta, donde la oposición decidió no participar en las elecciones presidenciales del próximo 22 de abril, Venezuela está en el ojo de la prensa internacional. El fenómeno migratorio estalló de la mano de protestas callejeras, una inflación incontenible, escasez alimentaria y fronteras donde se pidió la emergencia humanitaria.

   Todo ello explica en parte el aumento en la llegada de venezolanos a Rosario. El titular de la delegación local de Migraciones, Germán Pugnaloni, destacó que "ante la situación crítica que se vive en ese país, el incremento es notorio y refleja cómo la Argentina es una opción válida para radicarse.

   En 2016 se produjeron 4.800 radicaciones de extranjeros en Rosario. De ellos, 159 fueron venezolanos, reflejando un 3,3 por ciento del total. En 2017 hubo 5.200 radicaciones, allí los ciudadanos de Venezuela fueron 308, con un 6 por ciento de la totalidad. Y en los primeros 45 días de 2018, los trámites de radicación concretados por venezolanos fueron 83.

   "Los números reflejan que en un año se duplicó la cantidad de extranjeros de este país con permanencia en Rosario y su zona, y si se mantiene la tendencia de los primeros días de este año, podría triplicarse en relación a 2016", estimó Pugnaloni.

   Cada uno obtuvo la residencia por tres años, y podrán elevar su categoría a permanente transcurrido ese periodo. Para obtener el permiso legal debieron presentar certificados de antecedentes penales tanto de Venezuela como de Argentina, certificado de ingreso por un paso fronterizo o aduanero al país y un domicilio de radicación, entre otros requisitos. Cabe recordar que una disposición del Ministerio del Interior flexibilizó las solicitudes.

   En un ránking, Rosario ubica en primer lugar a los inmigrantes paraguayos, le siguen peruanos, bolivianos y luego venezolanos.

Una odisea

Para Juan Ianni, de 20 años y oriundo de una pequeña población del centro de Venezuela, llegar a Rosario fue casi un milagro.

   Arribó hace sólo dos meses desde su Montalbán natal, una pequeña localidad del centro venezolano. Demoró seis días. Salió con unos amigos y arribó en taxi a la frontera con Brasil. Cruzó por tierra a Boa Vista, y allí tomó un colectivo hasta Manaos.

   La travesía siguió vía aérea hasta San Pablo. Una escala en Asunción del Paraguay para bajarse del avión en Ezeiza. De allí a Rosario en combi.

   "Fue la salida que pudimos hacer. Soy migrante obligado porque quiero a Venezuela, y duele dejar la familia. Era de los que decía que yo me quedaba a defender mi país y no lo abandonaba. Nunca lo imaginé. Sin embargo, aquí estoy", admite en diálogo con La Capital.

   Pero se adaptó rápido y por necesidad a su nueva realidad. De mañana lava autos en un lavadero de Pellegrini y Solís. De noche trabaja en un bar del Paseo Pellegrini.

   Vivió un tiempo en la casa de una prima radicada aquí, y hace poco que está en una residencia estudiantil, donde cuenta con una habitación individual.

   "Rosario me encantó, la veo moderna y la recepción de la gente es inigualable. De a ratos nos sentimos en Venezuela. Aquí jamás sufrimos actos de xenofobia como les ha pasado a connacionales en República Dominicana, Ecuador y Panamá", comenta el joven.

   A sus 20 años y con sus primeros estudios de Agronomía, su mirada está mas puesta en forjarse una estabilidad económica que en seguir la carrera en Argentina. "Hay que velar por el sustento y mandar plata para la familia, que lo necesita", confiesa.

   En un mercado argentino golpeado por la crisis, Ianni consiguió trabajo a las dos semanas de haber llegado a Rosario. "Me estaba por ir a Ecuador y unos familiares estaban aquí y podían apoyarme. Además mi primo me dijo que vía Brasil era barato llegar aquí. Gastamos unos 280 dólares, contra los mil dólares de un vuelo directo Caracas-Ezeiza, para nosotros una fortuna", agregó.

   "La verdad es que por ahora, quedarme acá si existe la posibilidad de volver a Venezuela lo haría. No le tengo miedo al cambio, porque por ahora me voy a quedar acá", concluyó Ianni.

Recién casados, recién llegados

María Cristina Mendoza y su esposo se casaron en Tinaquillo, pero a los meses la crisis los empujó a cerrar la casa que habían construido durante 4 años y migrar a la Argentina.

   Ella tiene 28 años y es licenciada en Bioquímica; su marido, ingeniero mecánico. Llegaron en agosto de 2016. "¿Por qué Rosario? Teníamos a un conocido que nos orientó y aquí es más flexible el trámite migratorio", le comenta a este diario.

   Al llegar había que construir un presente que los sostenga. Al principio compartieron departamento con un conocido. Empezaron trabajando en una rotisería y en una heladería. Ahora por las mañanas ella hace extracciones de sangre en un laboratorio, de tarde vende pollos y embutidos y de noche sigue en la rotisería.

   Su marido consiguió empleo como jefe de producción de una empresa. Ahora lograron alquilar y están comprando de a poco los electrodomésticos.

   "Cuando llegas no tienes nada y quieres trabajar. Cuesta el desarraigo, pero uno está consciente de esta realidad. Hay que hacerse de humildad y disciplina para aguantar la situación. Hay muchos profesionales entre nosotros, pero hacemos lo que sea necesario para aguantar la situación y pensando en enviarles dinero a nuestros familiares allá", cuenta María Cristina.

   De Rosario, la venezolana destaca la buena receptividad de la gente, sus parques, el río, su arquitectura europea y su tranquilidad. "Mientras no haya elecciones limpias, nuestros compatriotas seguirán viniendo. Me gustaría volver rápido para volver a reconstruir nuestro país, a levantarlo con nuestra experiencia de emprendedores", dice con algo de esperanza.

   La melancolía se cuela en la charla. "Se extraña mucho a la familia y los amigos", reconoce.

   Pugnaloni, en tanto, recordó que quienes deseen radicarse en la Argentina "ya sea en los pasos fronterizos o en los aeropuertos, deben declarar su verdadero motivo, ya que si se pasan los 90 días de permanencia por turismo entran en infracción con la ley migratoria y es más dificultosa luego su radicación".

   Además, la idea de no desnaturalizar la residencia y hacer legal "es para proteger al migrante, que puede quedar sujeto a trata o tráfico de personas, trabajo esclavo, empleo en negro y otros flagelos".

"Aquí recibimos muchas muestras de solidaridad"
Marelis Colmenares tiene 29 años y es otra migrante reciente de Rosario. Hace dos años llegó desde Barquicimeto, estado de Lara, en el centro-oeste de Venezuela. Se adaptó al ritmo urbano y si bien le gustó la ciudad, admite que "sería un paraíso si tuviera playas como las venezolanas". Destaca la amabilidad del rosarino, los espacios públicos y los asados. Marelis es una de las organizadoras de la incipiente Asociación de Residentes Venezolanos en Rosario, desde donde lograron concretar un plebiscito hace dos años en el que sufragaron 400 connacionales. "Muchos empiezan a trabajar en bares y restaurantes, pese a que en su mayoría somos profesionales", indica. Encontrar un empleo compatible con su formación académica es lo más complejo desde su estadía aquí. "Soy psicóloga y para mí ha sido difícil la validación del título", admite. Ahora trabaja en una distribuidora de calzado. En Venezuela dejó su casa y su consultorio."Recibimos muchas muestras de solidaridad", asegura.

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