La ciudad

En su último tedéum al frente del Arzobispado, Mollaghan exhortó a "convivencia"

 El ex arzobispo de Rosario y actual administrador de la diócesis citó al Papa Francisco al señalar que en los últimos años se desarrolló una "globalización de la indiferencia". 

Domingo 25 de Mayo de 2014

El ex arzobispo de Rosario y actual administrador pontificio de la diócesis, José Luis Mollaghan, ofició esta mañana su último tedéum en la Catedral, en la que hizo un llamamiento a la "convivencia fraterna" entre los creyentes y los que no lo son para superar los "muchos males" que aquejan hoy a la sociedad argentina.

Estuvieron presentes la intendenta local, Mónica Fein, y autoridades provinciales y municipales, y también, aunque no se quedó a la misa, el secretario de Seguridad de la Nación, Sergio Berni, que vino a la ciudad para recorrer los búnkers allanados por las fuerzas federales y ofrecer una chocolatada a los chicos de barrio Las Flores.

En la homilía que pronunció durante el tedéum por el 25 de Mayo, monseñor Mollaghan afirmó que “hay un profundo anhelo de paz que sigue animando el compromiso de los ciudadanos, sin distinción entre creyentes y quienes no lo son”.

En su discurso reclamó una mayor “convivencia fraterna” para reducir las desigualdades, señaló que en la ciudad existen “muchísimos no ciudadanos o ciudadanos a medias” y no olvidó mencionar elípticamente los esfuerzos que se vienen desarrollando para combatir el delito y en especial el narcotráfico.

“Cuánta alegría siente nuestra gente, y sentimos todos, cuando experimentamos que la calle nos pertenece, que podemos salir y caminar, que somos cuidados y protegidos”, afirmó.

“Si en nuestra nación no vivimos una verdadera fraternidad y solidaridad no podremos superar muchos males”, advirtió, para recordar que, “como dice el Papa Francisco, se ha desarrollado una globalización de la indiferencia”, cuando lo necesario sería “crecer en el espíritu de la integración”.

Mollaghan exhortó a respetar las leyes (“desde la Constitución nacional hasta las más cotidianas, como las reglas de tránsito) y la legitimidad de los reclamos, que “deben ser firmes pero pacíficos, sin agresiones injustas a los derechos de los demás”.

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