Miércoles 05 de Agosto de 2020
En los últimos días, los equipos sanitarios detectaron seis casos de Covid-19 en Santa Lucía, ubicado en la zona oeste de la ciudad. La situación encendió la alarma en las autoridades, tras otros positivos que habían aparecido en Ludueña, por el temor a la entrada del virus en los barrios populares, donde cumplir con la prevención y el aislamiento es más difícil que en zonas más privilegiadas de la ciudad.
Pero los vecinos estaban organizados y las instituciones permanecieron alertas. Con la llegada de la pandemia, los cuatro barrios adyacentes a la zona (Santa Lucía, Las Palmeras, Eucalipto y zona rural) conformaron un comité de emergencia, movidos por la necesidad alimentaria. Es que con la implementación de la cuarentena, mucha gente que vive de la economía informal se quedó sin poder salir a trabajar.
Santa Lucía es un barrio relativamente nuevo, comprendido por 19 manzanas en forma de triángulo delimitado por las vías del ferrocarril y las calles Estudiante Aguilar, Colombres y 1.743. El barrio tomó forma en 1997 cuando, a partir de la ampliación de la autopista Rosario-Córdoba, debió trasladarse un grupo de familias que se encontraban cerca de la traza. Hoy viven unas 3 mil personas en 680 viviendas.
Así fue que al entrar en vigencia la cuarentena obligatoria, se organizaron varias ollas comunitarias que cocinan una o dos veces a la semana, y se reforzó la educación en prevención, como el uso de barbijo, la distancia social, el lavado de manos, la utilización de los elementos de limpieza, y no concurrir con niños. Comida y mucho hincapié en los cuidados, son las recetas de las instituciones para proteger a la población.
La escuela 1.396 es la única de Rosario que siguió entregando comida de lunes a viernes en lugar de las cajas de alimentos secos, sin carne y verdura, cada 15 días. "Nunca dejamos de cocinar. Iban a entregar bolsones, pero los padres, junto a la escuela y el personal, pedimos mantener la cocina abierta. Si esto se cerraba, los 250 chicos no iban a tener para comer", cuenta Andrea, vecina del barrio e integrante del comité de emergencia, en el que hay muchas mujeres.
Andrea afirma que "todo este tiempo nos preparamos para estos momentos", y admite que con la aparición de casos hay más precaución porque quizás había cierto relajamiento. "Hoy veo a todo el mundo con el barbijo, mucho más que en otros lugares. La mayoría de la gente se cuida, porque todos machacamos con el mismo discurso", señala.
A su vez, destaca que el centro de salud está trabajando "con mucha atención", cerca de los vecinos y las organizaciones sociales. "Todos los días se ve la chatita del Sies con los médicos parando en las casas. Hay hisopados desde hace varias semanas, y a partir de esto ahora se hizo un testeo más masivo. Eso es lo que va a ayudar para poder controlar esto que se viene" reconoció.
En tanto Noris, miembro de la biblioteca popular Juanito Laguna, destacó que diversas organizaciones hayan podido juntarse para trabajar en la emergencia. "Todo lo que fuimos consiguiendo lo pusimos en un fondo común y lo repartimos", dijo. El comité arma bolsones, sostiene dos comedores que asisten a adultos mayores, otro en la zona rural y, los miércoles, da 700 raciones en la escuela primaria, además de aportar a ollar que arman vecinos.
"La organización surgió primero de la comunidad, después recibimos ayuda. Pero si esto sigue así, vamos a necesitar una intervención más grande del Estado, porque no alcanza con alimentos secos o un centro de salud con trabajadores que tienen vocación de atender hasta cualquier hora", anticipó.
Describió a Santa Lucía como "un barrio chico, donde todos nos conocemos y la cuarentena es más comunitaria". E insistió con que se trata de "una zona muy postergada, donde no hay lugares de encuentro, no hay vecinal, ni club, y el cura tiene que dar misa en la escuela secundaria".
La militante dijo que hay vecinos que no cobran el IFE porque no tienen celular, DNI o carecen de manejo de tecnología. "Es una buena política, pero a las personas que más la están necesitando, no le está llegando. Las organizaciones podemos trabajar, pero el límite es que el Estado tiene que estar", subrayó.
Comprometidos
Los equipos sanitarios también valoraron el compromiso de la población. Según indicó una médica que trabaja en el lugar, hay menos consultas de lo normal y mucha precaución. "La gente viene a atenderse respetando las medidas de prevención como los tapabocas y la distancia. Estamos haciendo testeos como se hacen en toda la ciudad. Esperábamos la aparición de casos y estamos preparados", aportó .
La trabajadora de la salud explicó que los síntomas en general "no son muy detectables", por lo que, cuando aparecen, se hacen consultas telefónicas, y si la situación lo requiere, presenciales. "La llegada del virus al barrio tiene que ver con el movimiento de toda la ciudad, las capas medias están teniendo una actividad normal y el centro es el distrito con más contagios", cerró.