En Rosario ya hay mujeres que ingieren la placenta y muchas la entierran
Es una práctica cada vez más habitual aunque sigue siendo un tema tabú. Qué es y para qué sirve la placentofagia

Domingo 28 de Agosto de 2022

"Fue una decisión muy pensada y deseada. Después del parto, estando aún en el sanatorio, tomé jugo de placenta preparado por mi obstetra", contó, feliz y emocionada, Yamila Federico, la mamá de Santino.

Además de ingerir parte de esa estructura que proporciona oxígeno y nutrientes al feto durante el embarazo, Yamila, que tuvo a su hijo en una institución privada de Rosario, hace un año, se llevó una estampa (en un lienzo) de la placenta que contuvo a su bebé y meses después la enterró, en una ceremonia que compartió con su pareja y con Santino.

Allí, en un terreno que tiene con su familia, depositó la placenta en la tierra y plantó un arbolito de tilo: "Fue una manera de agradecer a la vida".

Yamila no es la única rosarina que optó por darle diversos usos a la placenta, una práctica que tiene en la ciudad a numerosas adeptas.

Comer, tomar, estampar o enterrar la placenta se difundió especialmente en los últimos meses ya que muchas famosas dieron a conocer sus experiencias.

Evaluna Montaner y Juana Repetto la consumieron luego de parir, y lo contaron. Otras mujeres mediáticas, como la periodista Agustina Kampfer, le dieron distintos destinos (ella hizo una crema y un cuadro). Hace pocas semanas, Barby Franco, modelo y panelista, quien está embarazada, aseguró que la comerá una vez que nazca su hija.

En 2006 circuló que Tom Cruise se había comido el cordón umbilical de su hija y parte de la placenta, aunque el actor nunca lo admitió. En ese momento el tema explotó en los medios de comunicación.

La placentofagia (que es parte de la llamada medicina placentaria) consiste en que la madre se coma la placenta (que tiene una forma redondeada, es rugosa de un lado, lisa de otro, de color rojo/morado y pesa generalmente más de medio kilo).

Ingerirla después de parir es algo que hacen las hembras de la mayoría de las especies de mamíferos.

Distintas hipótesis (hay muy pocos estudios mundiales al respecto y son en grupos pequeños) sostienen que ayuda a aliviar los dolores posparto y que mejora la calidad y cantidad de la lactancia, pero científicamente, dijeron la mayoría de los obstetras, doulas y puericultoras consultadas por La Capital, no hay investigaciones significativas (en cantidad y calidad del análisis) que certifiquen los beneficios. Tampoco que indiquen que su consumo puede ser perjudicial.

Macarena Suárez, psicóloga y puericultora, quien ejerce sus actividades en Rosario y Funes, es otra mujer que optó por no desechar ese órgano que contuvo durante nueve meses a su hija, que cumplió dos años. “Tengo dos varones, y la última en nacer fue una nena. Todas mis experiencias de parto fueron particulares y distintas, pero esta vez, con más conocimientos e involucrada en todo lo referido al parto respetado y la crianza, decidimos que mi hija naciera en casa. Fue algo muy íntimo, familiar, sin invasión de ningún tipo. En ese contexto elegimos, con mi pareja, guardar la placenta. No teníamos tan claro el destino que le daríamos, pero sí que no queríamos tirarla. Así que la freezamos y, tiempo después, casualmente o no tan casualmente, un 1º de agosto, día de la Pachamama, la enterramos. Sobre ella plantamos un álamo”.

“Cuando algunas famosas exponen una determinada práctica, en forma masiva, se convierte en una especie de moda pero quizá es algo ancestral o que en otras culturas es frecuente. En realidad existen miles de rituales y ceremoniales alrededor de los nacimientos, también en relación a la placenta. Incluso hace poco me enteré de que, se supone, que la torta de cumpleaños simboliza a la placenta. Si realmente es así, y me gusta pensarlo de ese modo, es algo muy bonito”, mencionó Macarena.

Cuidados y prudencia

Julio Malamud, jefe del servicio de Obstericia del Sanatorio de la Mujer, habló sobre este tema: "Soy muy cuidadoso en fomentar esto porque hay veces que la placenta tiene determinadas bacterias, como estreptococos, que podrían causar efectos negativos si se la consume. En mi experiencia no he tenido mujeres que quieran comerla o beberla, pero sí es cierto que algunas quieran llevársela. Si la comen o toman no lo sé. Creo que quienes la piden después la entierran, en una especie de rito".

Malamud contó que hace años, estando en Tailandia, "presencié que allá la entierran en la puerta de la casa como un acto de protección del hogar, calculo que debe tener que ver con algo similar lo que se hace acá", comentó el especialista.

Soledad Albornoz, obstetra de la Maternidad Oroño, expuso que este tema empezó a salir a la luz con más frecuencia, que desconoce si las mujeres la consumen, pero sí se la llevan a su casa, cuando antes ni siquiera se preguntaba por el destino de la placenta.

En la mayoría de las maternidades aún es considerada un residuo patológico que se desecha luego del parto y en algunas ocasiones se guarda para estudios científicos, pero de a poco esa costumbre va cambiando.

"Tenemos unos recipientes estériles para aquellas mamás que deciden llevarla. Es cada vez más común que te la pidan", reconoció la médica.

La doula y puericultora Adriana Olguín mencionó que el hecho de no desechar la placenta se está instalando entre las rosarinas y que son “muchísimas” las que deciden no tirarla a la basura.

“Es más frecuente en los partos que se hacen a domicilio donde en general no se la tira. He acompañado a muchas mujeres, y en ocasiones hacemos tinturas y estampamos la placenta en una tela o en una hoja, o las familias las entierran en un lugar que es especial para ellos, pero es frecuente reservarla y darle diferentes usos”.

Doulas, parteras, obstetras y puericultoras coinciden en que en cada grupo será necesario, de ahora en más, estudiar en profundidad el tema ya que la demanda de las mujeres probablemente irá creciendo y deben estar preparados para acompañar y dar respuestas.

Un jugo después de parir

Yamila, que tiene 33 años, está convencida de que haber tomado jugo de placenta luego del parto la ayudó a sentirse "con una garra y una energía enormes que hasta les llamó la atención a mi familia".

"La verdad es que no sé si fue por propiedades puntuales de la placenta, pero como estaba tan convencida, y entiendo que lo subjetivo tiene su importancia y no hay que minimizarlo, a mí me funcionó. Yo quería que fuese así y la profesional que me acompañó en el parto respetó mi deseo y me ayudó. Lo hablamos previamente y me pidió que lleve frutos ácidos y una batidora manual a la sala de parto y ahí mismo ella me lo preparó y me lo dio. No le sentí gusto a nada raro, más bien a las frutas”, puntualizó.

“Después con el resto de la placenta hicimos una impresión en un tela, que la tengo en un cuadro, y como la congelé, tiempo después decidimos enterrarla en un lugar especial para nosotros. Fue algo hermoso", comentó Yamila.

Dos personas conocidas por ella le contaron hace poco que también consumieron la placenta: "Son mujeres que se atendieron con otros obstetras, así que debe ser más común de lo que creemos".

La mujer reconoce que de todos modos es un tema tabú y que, cuando lo menciona, "la mayoría me dice ¡pero qué asco!...yo creo que hay mucho desconocimiento y no se respeta la decisión del otro".

Yamila y familia.jpeg

Experiencias

La tocoginecóloga (una especialidad que integra a la obstetricia) que fue parte importante de esa experiencia es Viviana Roffi, del Hospital Italiano de Rosario, referente en lo que se denomina parto respetado. En diálogo con este diario, contó que desde 2013 lleva adelante esta práctica, que se formó a través de numerosos cursos en distintos lugares del mundo y que tomar jugo de placenta no es algo que ella impone sino que lo ofrece como posibilidad.

No es una costumbre instalada en la institución en la que trabaja, pero tampoco han rechazado la práctica. En rigor, por esta particular forma de encarar los partos, no tan frecuente en el sistema de salud, la especialista es hoy una de las más requeridas en Rosario.

“Hace años comencé a trabajar con el paradigma de parto respetado. En ese camino fui a Ecuador, a una clínica especializada en partos bajo el agua y allí les ofrecían a las mamás la placenta en forma de jugo. Comencé a interesarme cada vez más en la terapia o medicina placentaria que consiste en la disecación de la placenta para ingerirla en cápsulas o el batido, en definitiva, en los múltiples usos del amnios (la membrana que envuelve a los embriones)”, señaló Roffi.

El objetivo, mencionó, es “mejorar el proceso posparto, que las mujeres recuperen rápidamente la energía, promover el vínculo entre la madre y el bebé, entre otros beneficios”.

Objetivos inmediatos

“El primer desafío en las instituciones es que las mujeres se puedan llevar la placenta para hacer el ritual que deseen sin ser juzgadas o cuestionadas. Aunque se haya puesto de moda, por así decirlo, es algo milenario. En mi caso, hace 10 años que promuevo el consumo de placenta y para ello me formé, estudié, conocí. Hay trabajos que sustentan la importancia de su consumo, aunque es cierto que faltan investigaciones más amplias y cualitativas, que ojalá se lleven a cabo”, señaló Viviana Roffi.

La médica puntualizó que hay contraindicaciones, que no se puede ingerir placenta de pacientes que han tenido alguna infección, ni de aquellas en las que se encontró estreptococo o que tienen sífilis, o quienes han consumido determinadas drogas o medicamentos. "Es una práctica que requiere ser encarada seriamente, no cualquiera puede manipular la placenta como corresponde”, dijo la especialista, quien prepara ella misma las bebidas de placenta (corta algunos cuadraditos de unos 3 centímetros) que mezcla con frutas ácidas, y se las da un rato después del parto a las mujeres (no deben pasar más de tres o cuatro horas).

Respecto a los cuestionamientos que suelen escucharse entre los obstetras o en la sociedad en general, Roffi señaló: “Cuando la gente come las vísceras de animales, cuando se toma un litro de gaseosa repleta de conservantes y azúcares no dicen nada, pero cuando se menciona el hecho de consumir un trozo de placenta se arma un escándalo y nos tratan de no estar bien... lo bueno es que cada una elija qué destino quiere darle a la placenta, y que todos aprendamos a escuchar la necesidad del otro, a no imponer creencias y respetar las decisiones personalísimas”.

Para Roffi, las nuevas generaciones de obstetras ya ven con otros ojos todo lo vinculado al parto respetado, que incluye la posibilidad de la placentofagia: “Creo, espero, deseo, que sea cada vez mejor el modo de acompañar los nacimientos”, dijo, esperanzada.