La ciudad

"En Rosario no hay una red de contención de las adicciones"

Lo aseguró el responsable de la pastoral de drogadependencia, Fabián Belay, y remarcó que "cada institución se maneja como puede". Subrayó que “se naturalizó el consumo”.

Viernes 02 de Octubre de 2015

El responsable de la pastoral de drogadependencia, Fabián Belay, señaló que "en Rosario hace 25 años que no hay campañas de prevención de adicciones. Tenemos una naturalización del consumo y por otro lado un gran silencio con respecto a este tema. No se habla de políticas de tratamiento y tampoco de políticas públicas de prevención. Hay también un gran silencio en las currículas educativas", indicó y remarcó: "En la ciudad no hay una red de contención para las adicciones. Cada institución, sea privada o pública, se maneja como puede".

"La problemática de las adicciones está dentro de los barrios y los pibes que no acceden a instituciones para tratarse quedan fuera de los oficios y la escuela, y las redes institucionales no los absorben", destacó el cura y lanzó una aguda crítica: "No hay una red de contención para las adicciones en Rosario. Cada institución, sea privada o civil, se va manejando como puede".

Desde hace tres meses, integrantes de la pastoral acuden una vez a la semana y permanecen cinco horas con trabajadores sociales y psicólogos en los barrios Ludueña, Tablada y Pueblo Nuevo. Y ahora se sumarán Las Flores y La Granadita.

"Funcionamos una vez a la semana porque no tenemos recursos económicos. Nos apoya el Sedronar, y pedimos a la Municipalidad si podía ayudarnos. Hoy estamos buscando recursos para que puedan funcionar cinco lugares, cinco horas, cinco días a la semana", anheló Belay.

La idea es que los chicos encuentren un espacio de contención. Y con este lugar conformar con el resto de las instituciones barriales una red, con los centros de salud, escuelas de oficios y clubes.

Tomando las experiencias de los curas villeros de Capital Federal y bajo la impronta que le imprimió el Papa Francisco, el desafío es poner en marcha este dispositivo en la ciudad.

Con tono reflexivo y en relación al consumo de estupefacientes, Belay remarcó: "El gran problema que vivimos en Rosario y en general en la Argentina es la naturalización del consumo. Hoy en plaza San Martín están los pibes fumando todo el tiempo, y en la villa también el consumo está presente. Vemos hasta tres generaciones de una misma familia que consumen sustancias", señaló.

La pastoral le presentó hace 15 días a la intendenta Mónica Fein y al secretario de Salud municipal, Leonardo Caruana, un proyecto para que funcione una guardia de salud mental para adicciones específicamente. La intención es que lo haga todos los días de la semana en los horarios donde los equipos de salud mental no estén en los hospitales públicos, y que se habilite en un lugar fijo.

"Cuando llevamos los chicos a las guardias de los hospitales nos encontramos con muy buena predisposición de los médicos para recibirlos, pero no todo médico psiquiatra está capacitado o en condiciones. Un proceso de desintoxicación se tiene que abordar con un profesional abocado a esta problemática y que pueda atender las situaciones de crisis. Estos lugares están saturados de pacientes y tienen que esperar horas, y esto genera violencia", señaló el religioso.

—¿Cuándo aumentó el consumo?

—Desde mediados de los 90 fue in crescendo. Pero hoy hay más tolerancia social. El consumo aumenta más y la tolerancia también. En pleno centro ves gente consumiendo. Que un profesional fume un porro en el medio de Rosario de traje y corbata, no llama la atención.

—¿Y de la relación entre consumo y violencia?

—Un adicto es una persona enferma. El gran índice de violencia es cuando los pibes de los barrios consumen pastillas y alcohol. Con el tema fármacos hay una gran ausencia de control. Alguien que toma cocaína de clase baja está desinhibido y comete delitos. Los casos de mayor violencia son pibes que mezclaron pastillas y no se acuerdan de nada. No sucede tanto con la cocaína, salvo en consumo muy alto. Cuando se habla de violencia, parecería que se lo hace desprendido de las adicciones. Poner más policías en los barrios no es la solución. Acá hay un problema sanitario, no sólo de seguridad. Si se saca la droga de la ciudad, desaparece la violencia. Esta es la realidad. Si en los barrios ponés un gabinete con un psicólogo y un trabajador social para 600 pibes donde todos necesitan atención, se puede hacer marketing de que estás haciendo algo, pero esa no es un presencia real y eficiente.

Tras el desembarco de las fuerzas federales en abril pasado y en medio de los anuncios de refuerzos policiales y de la diversificación de las estructuras policiales (Comunitaria, PAT, de Investigaciones, Intervención Barrial, Comando, comisarías) a Belay le surge una reflexión en relación a la reducción de la oferta de droga y a la disminución de la demanda de consumidores.

"Es necesario trabajar las dos cosas. Pero no vi nunca pibes en las calles con problemas de abstinencia porque no pueden conseguir droga. Si la oferta se hubiese achicado, tendríamos chicos con problemas de abstinencia, y eso no pasa. Y para achicar la demanda hace falta prevención".

El trabajo de Belay comenzó con la gente en situación de calle y una vez ordenado sacerdote. "Queríamos revertir la realidad, por eso se mandaron los chicos a instituciones". Luego se abrió un hogar con internación, que hoy funciona en barrio La Cerámica (Villa del Parque 4302).

Todos los miércoles, la pastoral visita toda las zonas de Rosario donde hay gente en situación de calle, a quienes se les plantea salir de las adicciones con un tratamiento.

Pero con el paso del tiempo, la experiencia les hizo notar que muchos pibes de barrios vulnerables no necesitaban una internación, pero carecían de medios para una terapia. A raíz de eso se habilitó un Centro de Día (Zeballos y Buenos Aires), de 16 a 20.

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