La ciudad

En primera persona

“La iglesia anglicana, dentro de las iglesias protestantes, es la iglesia más cercana a la católica romana".

Domingo 19 de Octubre de 2014

“La iglesia anglicana, dentro de las iglesias protestantes, es la iglesia más cercana a la católica romana. Así que si vos sos católica, y venís a nuestra celebración el domingo, te vas a sentir de lo más cómoda”. Tras muchos años de no practicar (al menos abiertamente) ninguna religión, la propuesta de Mónica no tardó en despertar mi curiosidad. Con muchas inquietudes, y un poco de sueño, me acerqué el domingo, a las 10.30, a curiosear sobre este ritual que tenía olvidado. La iglesia me sorprendió llena de luz y cálidamente cubierta en madera, nada de lujos. Un señor amable me ofreció un libro “para seguir las lecturas”. Por supuesto, al verlo no me costó darme cuenta que era una Biblia. Nunca antes había seguido una lectura en la iglesia, de hecho nunca antes había estado en una iglesia con la
Biblia en la mano. Fue toda una experiencia.
 
Finalmente, se dio inicio a la misa al compás de una guitarra criolla amplificada y unas letras proyectadas a un costado del altar. Nunca había visto tal despliegue de tecnología al servicio del Señor, me pareció simpático y me sumé al canto.
 
Decidí que si había elegido hacer la experiencia, debía entregarme por completo. Para mi suerte, el desarrollo de la misa no se pareció en nada a lo que yo recordaba de mi infancia; aquí no sólo cantamos canciones, también compartimos la instancia de lectura en grupo y, lo que definitivamente me fascinó, es que participamos de un momento de debate e interpretación respecto a las lecturas. Cada uno podía comentar su impresión, más parecido a un salón de clases que a un santuario, para mí, nunca visto. El final se dio con otro fenómeno desconocido para mí: la instancia de oración común donde cada persona pedía o agradecía en voz alta compartiendo sus deseos y depositando, en cada uno de los presentes, buenos augurios a sus plegarias.
 
Una frase quedó guardada especialmente en mi cabeza: quien coordinaba el encuentro oró y agradeció por las personas que entraban a la iglesia por primera vez.
 
Con una sonrisa en la cara, arranqué un domingo distinto: más allá de la forma que uno decida dar a su fe, la idea de compartir con otros la vida está presente en cualquier credo y para mí con eso basta.
 

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