La ciudad

En el Concejo surgen críticas a la planificación urbanística

La presidenta de la comisión de Planeamiento, María Fernanda Gigliani, fustigó el "amurallamiento" de la costa.

Lunes 11 de Noviembre de 2019

La presidenta de la comisión de Planeamiento del Concejo Municipal, María Fernanda Gigliani, consideró que el proceso que derivó en un "amurallamiento" de la costa central rosarina -que según algunos especialistas está impactando en el clima de la ciudad- fue habilitado por sucesivos planes y normativas urbanísticas que sostuvieron el criterio de gran muralla; como así también, en casos emblemáticos, por la permisividad para otorgar excepciones a las desarrolladoras inmobiliarias.

"La práctica de construcción de esta ciudad no siempre estuvo signada por la lógica de mercado, de hecho durante los primeros 20 años de democracia se dieron muchos avances en manos de diferentes gobiernos", indica la concejala.

Sin embargo, agrega que "durante las gestiones de Miguel Lifschitz y Mónica Fein como intendentes, los valores y objetivos orientados desde el gobierno local con un propósito colectivo, fueron retrocediendo ante un modelo de articulación público-privada, que pondría en manos de agentes económicos y el mercado inmobiliario las decisiones de planificación urbana".

Actualmente existe "una normativa de articulación que le posibilita al lindero de grandes edificios construir hasta la altura de los contiguos, por más que superen el límite permitido para esa zona, generando esos paredones continuos en las manzanas", explica.

El sentido de esa norma, apunta la concejala, es el "completamiento de la trama urbana", es decir "incentivar la construcción en lotes vacantes y demolición de edificios obsoletos para levantar otros nuevos en las áreas urbanizadas y consolidadas de la ciudad, que cuentan con infraestructura existente", una idea sostenida en el concepto de "bloques homogéneos" que se aplica en ciudades europeas.

Estos bloques, apunta Gigliani, "poseen características morfológicas comunes (alturas continuas de las edificaciones linderas, igual profundidad de las edificaciones) y han sido producto de normativas muy estrictas vinculadas en su mayoría a planes de expansión en las ciudades europeas con cascos antiguos medievales".

En cambio, las ciudades latinoamericanas "son heterogéneas, y esa es su identidad característica. Siempre, desde la academia ha habido una tendencia a intentar llevar adelante modelos de homogenización, pero como se ve, la ciudad y las condiciones socioeconómicas, resisten", asevera.

Impacto negativo

No obstante, la concejala manifiesta que en la práctica genera una especie de muralla que produce efectos negativos en ciudades como Rosario. "El resultado es que se crean paredes urbanas homogéneas que evitan que se filtre luz y aire de forma cruzada al interior de la trama y que llegue a viviendas y calles. Esta particularidad deriva en que en verano se deba utilizar más el aire acondicionado, por lo elevado de las temperaturas, y en invierno de calefacción y de luz artificial por la falta de asoleamiento", asegura.

En su opinión, el municipio debería apuntalar "normativas que han demostrado su eficacia en ciudades similares como San Pablo, que apuntan a construir edificios retirados de los límites del predio, permitiendo que entre las torres se produzca ventilación e iluminación, tanto en las calles como al interior de las manzanas".

Lograr esto requeriría, para la concejala de Iniciativa Popular, "de operaciones de unificación de lotes, porque las parcelas dominantes de 8,66 metros de ancho, no lo permiten", ya que son angostas y los desarrolladores construyen hasta la medianera para aprovechar todo el terreno.

"Se crearon paredes urbanas homogéneas que evitan que se filtre luz y aire al interior de la trama urbana"

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