La ciudad

En cuatro meses clausuraron 20 locales nocturnos en Pichincha

La música sin límites y la venta de alcohol en la calle, fueron las infracciones más frecuentes.

Domingo 24 de Marzo de 2019

Algunas cuestiones están cambiando en Pichincha desde que, a comienzos del verano, los vecinos empezaron a exponer públicamente los problemas que padecen por la cantidad de bares, cervecerías y boliches que pueblan el barrio. Por las calles de casas bajas se multiplicó la presencia de inspectores municipales con el objetivo de poner orden en una zona que cada fin de semana a miles de personas en plan de diversión. De acuerdo a un informe de la Secretaría de Control y Convivencia del municipio, en cuatro meses se realizaron más de mil inspecciones en locales de diversión nocturna y se clausuraron 20 comercios. La difusión de música fuera de horario o por encima de los límites permitidos y la venta de alcohol en la vía pública, fueron las infracciones más frecuentes.

El parte, elaborado por la Dirección de Inspección de la Municipalidad, resume la actividad realizada en Pichincha entre el primer día de noviembre y el 13 de marzo pasados. En las casi 40 manzanas comprendidas entre avenida Rivadavia, Catamarca, Alvear y Francia, los inspectores municipales apuntaron 109 comercios —entre cervecerías, bares, minimercados y quioscos— muy convocantes y retiradamente señalados como "conflictivos" por quienes viven en la zona.

Sobre ese mapa se diagramaron las 1.058 inspecciones a aquellos comercios con actividad nocturna. Y también los operativos en la vía pública para evitar, por ejemplo, doble fila de estacionamiento, paradas de taxis irregulares o que las personas corten las calles.

Los vecinos de Pichincha ya tuvieron dos reuniones con la intendenta Mónica Fein donde presentaron fotos, videos y un rosario de reclamos sobre los problemas que presenta la convivencia con la movida nocturna: ruidos por encima de lo permitido, cortes de calle, aglomeraciones de personas en la puerta de los locales, gran cantidad de residuos en la calle y una larga lista de etcéteras.

Y si bien coinciden en reconocer la mayor presencia de inspectores, advierten que los controles no redundaron en mayor tranquilidad ni en garantizar su derecho al descanso (ver página 11).

En infracción

Por los pasillos de la Secretaría de Control apenas mencionar el nombre del barrio crispa los nervios. "Estamos trabajando mucho en el lugar", afirman y advierten que una de las patas del problema tiene que ver con la improvisación de algunos empresarios de la noche.

Para argumentar cuentan algunos ejemplos. Un local de Jujuy entre Oroño y Alvear fue clausurado tres veces en dos meses por "repetición de faltas", lo que significa que acumuló por lo menos nueve actas por difusión de música por encima de los decibeles permitidos o por fuera de los horarios establecidos.

En la misma cuadra, pero de la otra vereda, otro local fue intimado a presentar en 120 días una propuesta para insonorizar el lugar. Vencido ese plazo, cuando los inspectores volvieron, los dueños del emprendimiento gastronómico "no habían presentado ni siquiera una nota" al municipio.

Lo cierto es que desde comienzos de noviembre hasta el pasado 13 de marzo, se realizaron 1.058 inspecciones en locales como cervecerías, minimercados y quioscos que mantienen sus puertas abiertas entrada la madrugada.

Según el informe de la Secretaría de Control, una de cada cinco visitas de los agentes municipales terminó en una infracción. En su mayoría, las actas se labraron por difusión de música fuera de horario, es decir después de las dos de domingo a jueves o de las cuatro los viernes, sábados y vísperas de feriado. Otra de las actividades reprochadas fue la venta de alcohol en la vía pública.

Cuando los resultados de las inspecciones llegaron al Tribunal de Faltas, entre noviembre y el fin de semana pasado, se dispuso la clausura de 20 comercios, de los cuales dos no estaban habilitados al momento de la inspección.

En lo que respecta a los 18 restantes, fue por la reiteración de sanciones por ruidos molestos, en muchos casos incluso por colocar parlantes en la vereda, en patios internos o en terrazas, sin una correcta insonorización.

Pichincha es un barrio antiguo de calles no muy anchas que en pocos años se convirtió, como pocas otras zonas, en un lugar atractivo para la instalación de bares y cervecerías. Un crecimiento sin planificación que, en vista de los resultados, no pudo garantizar la convivencia con los vecinos.

Los conflictos se manifestaron con fuerza este verano, cuando los locales abrieron sus patios, terrazas y veredas a sus clientes. Y, como denuncian los vecinos de esta zona conflictiva, Pichincha se transformó "en el barrio que nunca duerme".


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