La ciudad

En cuatro días, unos 110 rosarinos entregaron sus armas a cambio de plata

"Por la poca difusión que estuvo esta campaña logramos una cifra muy buena de entregas", remarcó el subsecretario de Control de Armas de la provincia, Matías Palavecino.

Sábado 09 de Mayo de 2015

En cuatro días, 110 rosarinos entregaron de manera voluntaria sus armas de fuego en el Centro Municipal de Distrito Sur. Y cerca de 50 aportaron municiones. A cambio recibieron un incentivo económico de entre 500 a 2.000 pesos, dependiendo el calibre del armamento. "Por la poca difusión que estuvo esta campaña logramos una cifra muy buena de entregas", remarcó el subsecretario de Control de Armas de la provincia, Matías Palavecino. El funcionario confirmó que la semana próxima se replicará la recepción en el Distrito Noroeste.

La iniciativa en el Distrito Sur se llevó adelante desde el martes y hasta ayer. En el marco del programa nacional de entrega voluntaria de armas de fuego, municipio y provincia desarrollaron un operativo especial en el minimunicipio Rosa Ziperovich, de avenida Uriburu 637.

La cruzada, denominada Convivencia pacífica y desarme voluntario de la sociedad civil, fue organizada por la Municipalidad de Rosario y la Subsecretaria de Control de Armas del Ministerio de Seguridad de Santa Fe junto al Registro Nacional de Armas (Renar), en sintonía con la iniciativa surgida a nivel nacional para la entrega de armas de fuego.

El operativo desarme consistió en la instalación de un puesto móvil del Renar en la oficina Nº 19 del Centro Municipal Distrito Sur. Allí se recibieron armas de fuego y municiones. La entrega fue voluntaria y anónima (no se exigió la presentación de documento de identidad) a cambio de un incentivo económico que va desde 500 a 2.000 pesos.

Para Palavecino, las 110 armas entregadas "fueron una muy buena cifra, más teniendo en cuenta la poca difusión previa que tuvo la actividad. Es probable que haya incidido el aporte económico que se le da al voluntario".

Según el funcionario, la mayoría de las armas entregadas, del circuito ilegal, "fueron de calibre medio, entre 22 y 38 más algunas escopetas y pistolones. Se les otorgó unos mil pesos a cada uno".

El subsecretario de Control de Armas recordó que a los voluntarios "no se les pide identidad y tampoco se les pregunta cómo consiguieron el armamento. Sólo se averigua si no hay pedido de captura y de no existir esa búsqueda se le entrega un cheque al portador del Banco Nación para que lo cobre por ventanilla".

Tras su implementación y desarrollo en el distrito Sur, la campaña tendrá continuidad operativa del 11 al 15 de mayo en el Centro Municipal Distrito Noroeste, ubicado en Provincias Unidas 150 bis. Posteriormente, continuará en la ciudad de Santa Fe.

El Programa nacional de entrega voluntaria de armas de fuego tiene por finalidad reducir el circulante de armas de fuego y municiones en manos de civiles, la reducción de accidentes y hechos de violencia ocasionados por el acceso y uso de armas de fuego.

También se apunta a sensibilizar acerca de los riesgos de la tenencia y uso de armas, la promoción de una cultura de no violencia y resolución pacífica de conflictos que desaliente la tenencia y uso de armas de fuego.

"Un arma no sólo puede generar un drama familiar sino que además promueve una forma de resolver los conflictos a través de la violencia que hay que cambiar. en la sociedad Es una batalla cultural que debemos dar", cerró.

vocación social

Voluntarios para leerles a no videntes

mlangone@lacapital.com.ar

LA CAPITAL

El Servicio de Lectura Accesible de la Biblioteca Argentina Juan Alvarez vuelve este año a sumar voluntarios que quieran participar de su espacio "Leer sin ver: abrir libros con otros sentidos". Con un grupo de 40 personas que ya vienen trabajando, se busca seguir añadiendo manos y voces que permitan acercar los libros a niños y adultos tanto ciegos como disminuidos visuales. "Crecimos mucho y la gente se ha multiplicado, pero siempre se necesita una mano más", afirmó Teresa Montero, coordinadora del servicio de la biblioteca.

Los 40 voluntarios están distribuidos en diferentes tareas. "Algunos llevan una década trabajando con nosotros y otros un par de años", explicó. Lo cierto es que las charlas informativas comenzaron con unos 30 interesados ya inscriptos, y todavía hay tiempo para quienes quieran acercarse al espacio. Pueden hacerlo a través del correo electrónico voluntariadosla@rosario.gov.ar o bien llamando al teléfono 480-2701.

En las charlas, según detalló Montero, se explica cuáles son las tareas posibles en el servicio, para después poder organizar los grupos y las capacitaciones para iniciar las actividades. "Están las actividades que los voluntarios pueden hacer desde su propia casa, y otros que prefieren venir a trabajar a la biblioteca porque el voluntariado les resulta un espacio de socialización", agregó la mujer.

Las necesidades son de lo más diversas y no hay requisitos para ingresar. Hay voluntarios para la lectura y grabación de libros en cabina, otros que editan esos textos que fueron grabados, y están también quienes prefieren dedicarse a la lectura directa y en vivo que se coordina directamente con la persona que lo requiere.

Otras opciones son la verificación del material que se escanea y pasa del papel al formato digital, y a partir de allí puede ser escuchado a través de un software o directamente en un archivo de audio.

"Ellos cotejan los materiales y corrigen los archivos", explicó Montero sobre los voluntarios antes de agregar que este año también se sumarán personas que el año pasado realizaron un taller de copiado en sistema Braille, y que este año copiarán artesanalmente a punzón y pizarra textos cortos (sobre todo rotulados y libros de cuentos infantiles) que quedarán en la biblioteca.

 

Prioridad. Lo cierto es que así como hay mucho por hacer también hay necesidades específicas. Por eso, sumar personas que sepan editar archivos digitales de audio y leer textos en cabinas de grabación son las prioridades que el servicio tiene este año.

A la espera. "Estamos detrás de estudiantes de locución, locutores, actores o gente con dones interpretativos que puedan hacer grabaciones de libros en cabina, pero sobre todo técnicos o jóvenes que sepan editar esos audios para que después sean escuchados", hizo hincapié Montero.

En los últimos años "se acumuló tanto trabajo de edición que fue imposible seguir grabando", sumó la coordinadora.

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