La ciudad

En Alberdi, Pichincha y el centro, el descontrol copa la movida nocturna

Las madrugadas suelen dar más de un dolor de cabeza a quienes intentan dormir. Crecen las quejas de los vecinos por la música, los ruidos molestos y las batallas campales. Las autoridades piden no demonizar el tema. Hay media docena de locales conflictivos.

Domingo 27 de Marzo de 2011

Vecinos y diversión nocturna. Una convivencia difícil, discutida, espinosa. Absurda dirían las familias que no dudan en llamar por teléfono en plena noche para denunciar ruidos y desmanes. Hablan por igual de la música al palo filtrando por las ventanas y de los entornos caóticos de gritos, peleas y heridos que suelen coronar las noches locas de diversión y bebida. Según las autoridades hay sitios que de tan señalados son blanco permanente de los controles. Se trata de media docena de locales entre el micro y macrocentro, Pichincha y la zona de avenida Alberdi al 100. Las cartas de lectores agregan Tucumán y San Martín y la Fluvial, además de Rioja al 1200. Rubros tergiversados, presencia de menores y desbandes al amanecer encabezan los reclamos.

A pesar del descontrol reinante, no son muchos los que se toman el trabajo de denunciarlos. Y si no basta con ver las cifras. Durante el 2010, a través el Sistema Unico de Atención (SUA) apenas se reportaron 48 denuncias relacionadas con el funcionamiento de los locales de actividad nocturna, de las cuales el 70 por ciento enfocaba en los ruidos molestos, mientras que el 30 restante hacía hincapié en faltas menores, como ocupación del espacio público, explicó el responsable de la Subsecretaría de Prevención y Seguridad Ciudadana, Luis Baita.

Las exiguas cifras parecen armonizar con las que aporta el director del Centro de Mediación de la Defensoría del Pueblo de la provincia, Víctor Jorge Jaef. Durante el 2010, el 50 por ciento de las 150 quejas en el rubro comunitario fueron por ruidos molestos, dentro de las cuales, unos 25 reclamos apuntaron a los boliches bailables. Según el funcionario, el titular de esa repartición, Edgardo Bistoletti, pidió especial celeridad de tratamiento a fin de dar respuesta a los vecinos.

En la oficina de mediación de la Corte Suprema de Justicia la realidad sobre el tema es otra. “No se recepcionan solicitudes que vengan derivadas de los juzgados de Faltas o Penal”, dijeron y explicaron que por la misma naturaleza del problema, los casos deben resolverse según el código municipal.

Denuncias on line. “¿Quién debe mantener el orden en la entrada de un boliche?” La interrogación precede la respuesta en la página de internet del concejal Jorge Boasso desde donde aseguran que el tema es álgido, tal como amerita un apartado especial en el espacio y las “innumerables” denuncias recibidas.

“De acuerdo a las ordenanzas vigentes las personas encargadas de mantener el orden en la puerta de un boliche es, por un lado el personal de seguridad que la Municipalidad obliga a tener en las discotecas, de acuerdo a la ordenanza 6.456; y por otro lado la Guardia Urbana Municipal”, se lee en la página web como respuesta. Y aclara que si el orden se ve alterado mediante hechos que configuren delitos deberá intervenir la seccional policial correspondiente al domicilio del boliche.

En la comisaría 2º, con jurisdicción en una de las zonas calientes mencionadas en los reclamos, explicaron que no son frecuentes las denuncias por “actos turbatorios” relacionados con los boliches bailables, y que las mismas encuentran mejor camino a través de Inspección General de la Municipalidad. A modo de ejemplo, dijeron que de los 400 reclamos recepcionados en un mes, sólo 18 ó 20 fueron faltas en general, de las cuáles sólo dos correspondieron a ruidos molestos entre vecinos, pero ninguna a los que generan los boliches.

Vandalismo. “En los últimos días, en una madrugada rompieron siete paradas de colectivos”, dijo Baita. Y consideró que el vandalismo poco tiene que ver con el funcionamiento de los boliches, por lo que no habría que estigmatizar la movida nocturna en general, panorama que calificó de “bastante tranquilo” si se tiene en cuenta que entre todos los rubros de esparcimiento se movilizan unas 60 o 70 mil personas durante el verano.

Pesadilla El recorrido institucional de los reclamos no coincide con lo que se registra en los medios de comunicación. Sólo en los meses de enero y febrero hubo seis cartas de lectores sobre el tema. Aseguran que vivir cerca de un boliche es estar expuesto a situaciones de violencia como tiroteos, corridas y armas blancas, además de piedras, botellazos, robos y excrementos.

“En la madrugada del sábado pasado algo pasó porque hubo un desbande, la música se cortó de golpe”, contaron los vecinos del bar “Ay Ramírez”, habilitado como amenización musical, en avenida Alberdi al 100. Y dijeron que después de una clausura por una pelea con apuñalados, “todo volvió a la normalidad, en el medio hubo una presentación de una nota firmada por los vecinos en Inspección General, en el Tribunal de Faltas Municipal y un pedido de informes desde el Concejo, pero los tiroteos continúan y la música es infernal”, describieron.

Una vecina de Tucumán y San Martín lleva años haciendo oir sus quejas por un local bailable que además de atronarla con la música, ella considera de la localización es inadecuada, está a menos de 200 metros de la clínica Pami I. Pero eso no es todo, asegura que en una oportunidad vinieron a controlar el volumen, acto inconcluso porque el decibelímetro no tenía pilas. Como la mujer vive en un área con cuatro boliches, no dudo en calificar de verdadero “despelote” lo que sucede a la hora de la salida.

“Es increíble tener que utilizar este medio para poder expresar un deseo personal y de muchos vecinos, la necesidad de poder descansar de noche los fines de semana. Los viernes, sábados y domingos es imposible dormir debido a la música que proviene de La Fluvial y zonas cercanas. Los boliches no dan tregua y a ellos se ha agregado un restaurante que ahora pone música, sobre todo los domingos hasta altas horas de la madrugada”, describió Arturo Guaita en una carta de lectores publicada el pasado 23 de febrero en La Capital.

Lo suyo es botón de muestra, en el mismo sentido este diario publicó cartas de similar tenor el 27 de enero, el 12 y 26 de febrero y el 23 de marzo. En enero, Eduardo Agelet narra lo que considera una situación librada a su suerte.”Era un caos. Gritos, empujones, peleas varias en plena calle, caídas. Gente que orina los palieres. Vomitan las veredas, arremeten contra contenedores, patean vehículos y vidrieras. Arrancan ramas y árboles pequeños son quebrados de puro gusto y molestan a los vecinos tocando los timbres de sus porteros”. Un exceso que según el lector pone “en pugna expuesta los intereses y la vida”. l

Resistencia

En los últimos días, vecinos de Alberdi al 1000 lograron impedir que una casona histórica terminara en boliche bailable. Tiempo atrás un par de registros de oposición salvaron de noches de insomnio a los habitantes de Rosario Norte y Ayacucho al 6000. Quienes sufren los ruidos dicen que el rubro tergiversado es una de las faltas más frecuentes.

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