La ciudad

Empresarios gastronómicos de la ciudad están preocupados por los robos

Desde el sector volvieron a insistir con el pedido de una reunión urgente con la cartera de Seguridad provincial, pero también con otras áreas relacionadas a la prevención del delito.

Sábado 10 de Enero de 2015

Crece la preocupación dentro del sector gastronómico por los cada vez más frecuentes y más virulentos robos a restaurantes y bares de la ciudad. Los empresarios del rubro volvieron a insistir con el pedido de una reunión urgente con la cartera de Seguridad provincial, pero también con otras áreas relacionadas a la prevención del delito.

El malestar subió otro escalón entre los empresarios y empleados gastronómicos al conocerse dos nuevos robos en menos de 24 horas. Ayer a la madrugada, ladrones ingresaron con armas de fuego y amenazaron a los presentes, quienes hasta ese momento disfrutaban en el bar Justos y Pecadores, ubicado en Pueyrredón al 1500, de una velada apacible.

La noche anterior, el tradicional restaurante Capri, de Rodríguez y San Luis, sufrió un violento asalto que terminó también con los comensales desplumados de pertenencias y dinero.

Frente a esta sucesión de robos, el titular de la Cámara Hotelera Gastronómica de Rosario, Carlos Melián, manifestó su preocupación por la frecuencia con que se repiten los hechos de inseguridad contra restaurantes y hoteles de la ciudad. "Tenemos un reclamo puntual de los asociados a la cámara de impulsar una reunión urgente para ver cómo prevenir esta situación, que siempre se daba en el rubro hotelero y no tanto en el gastronómico", agregó.

"Hasta hace poco no se estaban dando estos hechos como el que se dio en Capri, donde la presencia de comensales es mucho más grave. Lo que se pide siempre es que los ladrones se vayan lo más rápido posible. Un escenario de asaltos con rehenes hace que la situación se ponga más preocupante y hace que la gente se aleje de bares y restaurantes".

El atraco al bar Justos y Pecadores se produjo ayer, poco antes de las cinco de la mañana. A esa hora llegaron al local tres hombres, quienes de inmediato empuñaron armas de fuego y amenazaron de muerte al encargado, empleados y clientes.

Fuentes policiales indicaron que el botín con el que se alzaron los ladrones rondaría los 8 mil pesos, entre el dinero de la caja y lo que llevaban encima las víctimas.

Los costos de salir a fumar. La noche anterior, a siete cuadras de allí, fue asaltado el restaurante Capri. Eran alrededor de las 23 y en ese momento había 22 comensales. El atraco duró unos diez minutos.

Los ladrones se las ingeniaron para ingresar a pesar de que el restaurante trabaja a "puerta cerrada" por cuestiones de seguridad. Los hampones aprovecharon que una clienta del local salía a la puerta a fumar. Fue en ese momento en que la banda, amparada en la escasa iluminación que hay por calle Rodríguez, dominó a la mujer, poniéndole el caño de un arma en el cuello e irrumpió en el salón.

Una vez adentro, dos de los maleantes se dedicaron a recolectar las pertenencias de valor de los comensales, otro se quedó frente a la caja registradora para que nadie llamara a la policía y un cuarto integrante de la gavilla se quedó en la puerta en función de "campana".

La tensión en el lugar aumentó cuando uno de los delincuentes decidió dejar en paz a la mujer y levantar a un bebé que estaba en un cochecito junto a sus padres para amedrentar aún más a las víctimas.

Según contaron testigos del hecho, en ese momento fue activado un botón de pánico del sistema de alarma y por ese motivo comenzó a sonar un teléfono. Eso puso más nerviosos a los hampones, quienes entonces apuntaron sus armas contra dos chicos con síndrome de Down para presionar con más crueldad a las víctimas.

Además del dinero de la recaudación, los delincuentes se llevaron todas las pertenencias de cada uno de los 22 clientes y la policía llegó unos 20 minutos después.

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