Jueves 09 de Febrero de 2023
"Las changas eran la única posibilidad de subsistencia/apenas si daban para comer/mi madre no conoce el mar/mi abuela no conoce el mar/mi padre no conoce el mar/mis abuelos no lo conocieron/mi tía madre sí/cuando murió ya tenía en su cabeza la imagen de una ola que se rompe en la arena". Así, con la escritura de su libro Poesía Molotov en 2020, empezó todo. Y "todo" fue la idea del escritor Cristian Molina de invitar este año a su abuela Juanita de veraneo a la costa, para que conozca el mar.
Fueron 17 días y una secuencia de relatos e imágenes en Facebook convirtió todo en una crónica de viaje impensada y la posibilidad de "saldar" una deuda con ella, protagonista también de su libro "La Juanita" (Baltasara Editora)". Esta no es una nota de turismo del verano 2023 sino la historia de una abuela como tantas de la literatura, que ahora por fin pisó la arena y el mar.
"¿En serio me lo decís?" cuenta Cristian que dijo Juanita, quien cuando menos se dio cuenta estaba por primera vez, a sus 81 años, en Mar del Plata, con el agua salada a la altura de las rodillas, envuelta en una toalla y preguntándose dónde terminaba esa dimensión de agua colosal e hipnótica e interrogaba por qué hacía frío en la playa cuándo es verano.
Molina tiene 42 años y reside en Rosario desde hace años, pero su origen y el de Juana Lucía Bonino están en Leones, al este de la provincia de Córdoba y a 163 kilómetros de esta ciudad.
El es un escritor incansable e "incasillable", tanto en los géneros que aborda como en relación a los nombres con los que firma sus obras.
Puede llamarse Cristian Molina, como se lee en su documento y en los espacios académicos en los que trabaja (es Doctor de Humanidades y Artes, magíster en Literatura Argentina por la Universidad Nacional de Rosario e investigador del Conicet). Pero también puede encarnar la identidad del "El Niño C", "el Púber P", "Algún Molina", "Wachi Molina" o como figura en Facebook, la de "Wachi Kao (G)", donde tiene 4.800 amigos.
Allí Cristian volcó el viaje de manera episódica, junto a su pareja, Fabián; sus dos perros malteses Kao y Chin Lu, pequeños, blancos y de mechas largas "especialmente recomendados para mí que soy alérgico", aseguró el autor, y Juanita, casi siempre de batón, a veces pantalón o malla entera: siempre floreados.
El 16 de enero Cristian publicó en su muro: "La Juanita conoció Mar Del Plata. 'Me encanta', dijo. Y acompañó la frase con fotos de su abuela junto a uno de los tradicionales lobos de mar de la ciudad, otra en la que se la ve posando como parte de la Scaloneta junto a Messi, el Dibu y De Paul con tamaño de dioses del Olimpo y un video donde se la ve a esta abuela bailando y hablando a la cámara contenta en la rambla de La Feliz.
El 26 de enero escribió irónico: "Nuestros cuerpos hegemónicos" y colgó la imagen de ambos bajo el sol en plena playa.
En otro pasaje se la ve a Juanita con una imagen de Diego con la Copa del Mundo del 86. Su nieto expresó: "Esta foto me hizo lagrimear cuando la tomé. Ella lo miró, lo abrazó y dijo:-Hola, Dieguito, gracias por todo lo que nos diste, ojalá Dios te tenga bien. Ahí entendí lo que un ídolo popular puede, sin teoría".
Y también hay un video donde Juanita, con total desprejuicio, trata de seguir el ritmo de una clase de gimnasia aeróbica en la playa .
"Ella tiene buena salud, buena memoria y a los ochenta y un años le parece que todo está bien, se anima a todo, no solo conoció el mar y jugó en una montaña rusa virtual sino que volvió a maquillarse", dice el autor quien se encargó en su libro de contar que su abuela no reía en las fotos, si bien tenía y tiene mucho humor, y relató por qué y por quién había dejado de ponerle color a su rostro.
"Si bien Juanita encarnó a la mujeres del siglo XX, colonizada por la masculinidad heteropatriarcal se abrió y escapó de ese modelo gracias a haber unido su vida a mi abuelo, 'El loco Spici' un hombre que fue feliz con ella, y tal vez por eso pudo conservar su histrionismo, humor y desparpajo. Es una mujer que se ríe de sí misma, habla e insulta en piamontés, la lengua que hablaba con sus padres y sus hermanos y con la que me bautizó 'Testa cusín' (cabeza en la almohada) porque de niñito me dormía junto a ella en un santiamén", cuenta Molina.
Abuelos de la vida y los libros
Entre las obras de Molina, que ahora prepara un nuevo libro sobre personajes rurales mitológicos como La Llorona y el Perro con Cadenas, hay poemas, novela y cuentos infantiles. SonBlog (2012), Lu Ciana (2013), Wachi book (2014), Un pequeño mundo enfermo (2014), Machos de Campo (2017) y Sus bellos ojos que tanto odiaré (2017), Tengo una tía policía (2018), Gerarda la Mutante (2019) y Poesía Molotov.
Y en esa bibliografía fecunda también aparece especialmente su abuela como personaje y como recuerdo: "La Juanita. Su película" (Baltasara Editora, 2021), una novela de la ruralidad cordobesa, plagada de mandatos y violencias desde la niñez a la adultez y con personajes realistas aunque no siempre reales, a veces tiernos, a veces sádicos. En la tapa se la ve a ella, el día de su casamiento, siempre reacia a las sonrisas como en todas las fotos, y a minutos de descomponerse en plena ceremonia.
"Las abuelas son un tema de época", analiza Molina en diálogo con La Capital. Dice que así como los reels y TikTok están llenos de gatos, perros y bebés, también aparecen ahora con humor las abuelas bromistas o acompañadas por nietos y nietas que les hacen bromas. En cambio, en otras décadas, analiza Molina, era más común leerlas ligadas a la sabiduría y a su legado de relatos.
Si se bucea en la literatura de solo dos escritores consagrados se plasma esa reflexión del escritor leonense.
"El hombre más sabio que he conocido en toda mi vida no sabía ni leer ni escribir. A las cuatro de la madrugada, cuando la promesa de un nuevo día aún venía por tierras de Francia, se levantaba del catre y salía al campo”. Con estas palabras comenzó el autor portugués José Saramago su discurso por el Premio Nobel de Literatura en 1998. Se refería ni más ni menos que a su abuelo materno, Jerónimo Melrinho, marido de Josefa Caixinh, con quienes pasó su infancia en Azinhaga (Portugal).
“Mientras el sueño llegaba, la noche se poblaba con las historias y los sucesos que mi abuelo iba contando: leyendas, apariciones, asombros, episodios singulares, muertes antiguas, escaramuzas de palo y piedra, palabras de antepasados, un incansable rumor de memorias que me mantenía despierto, al mismo que suavemente me acunaba”.
Otro Nobel como Gabriel García Márquez también fue influenciado por sus abuelos maternos, Nicolás Márquez y Tranquilina Iguarán, con quienes vivió durante su infancia.
En "Vivir para contarla" explica su relación con Tranquilina y lo influyente que fue para él: “Me contaba las cosas más atroces sin conmoverse, como si fuera una cosa que acababa de ver. Descubrí que esa manera imperturbable y esa riqueza de imágenes era lo que más contribuía a la verosimilitud de sus historias. Usando el mismo método de mi abuela, escribí Cien años de Soledad”.
Molina agrega un ejemplo más y es el del autor Eduardo Muslip en su libro "Florentina": una reconstrucción de recuerdos de una abuela migrante de Galicia definida por alimentos, el cultivo, la crianza de animales y la animadversión hacia los curas, monjas y militares.
También en la obra, "La Juanita. La película", El niño C. revela casi al final y en solo nueve renglones la historia de esta mujer, su abuela, a quien contó y retrató con fotos domésticas en blanco y negro.
"Las mayoría de las veces dudo de que esa que sonríe, se desmaya en su casamiento, tiene una suegra castradora, se la lleva un río, tiene una hija rebelde, un notato, se convierte en la asesina de cachorros animales no deseados del barrio, esa, a veces, dudo de que sea la Juanita, mi abuela. A veces se convierte en una extraña caricatura que no le hace justicia a su complejidad, pero sin embargo, algo, ahí, en esa fotos y escritura , queda. Un mínimo de verdad, una mirada de sí, de su realidad, de una vida tan ínfima como la de cualquiera".
Aunque tras leer su historia y conocer la crónica de este viaje revelador en las redes se cae en la cuenta que esta vida no es como "la de cualquiera", menos ahora que Juanita conoce el mar.