La ciudad

El vandalismo en el espacio público cuesta tres millones de pesos al año

El vandalismo sobre el patrimonio público le cuesta a la ciudad unos tres millones de pesos anuales. De estatuas a fuentes, pasando por rosales, cables y carteles, nada le es ajeno a los desaprensivos que dejan sus huellas de hurto, aerosol y roturas.

Domingo 24 de Febrero de 2008

El vandalismo sobre el patrimonio público le cuesta a la ciudad unos tres millones de pesos anuales. De estatuas a fuentes, pasando por rosales, cables y carteles, nada le es ajeno a los desaprensivos que dejan sus huellas de hurto, aerosol y roturas. El parque Independencia tiene varios récords: una estatua con cien reparaciones en diez años, una restauración que sólo duró horas y reflectores que se reponen dos veces al mes. Sin olvidar un clásico entre los daños, los 1.200 contenedores que se destruyeron durante 2007.

Sólo en el área de Servicios Públicos, la Municipalidad invierte unos 2.848.000 pesos para reponer y mantener el mobiliario urbano. De ese monto, el año pasado, los contenedores se llevaron casi un millón y medio, según informó la Dirección General de Higiene Urbana. En tanto, el daño a semáforos y controladores alcanzó el 35 por ciento de las instalaciones, involucrando 250 intersecciones con un gasto de 12 mil pesos.

Además se destruyó el 30 por ciento de la señalización vertical sobre postes, muros y mensuales, lo que representa 614 elementos rotos o sustraídos con un costo de 108 mil pesos. Siempre en 2007, en Alumbrado Público el vandalismo rozó el millón de pesos para reponer 30 mil metros de cable de líneas áreas y subterráneas junto a farolas y lámparas, entre otras cosas. Pero hay una cantidad que llama la atención: sólo en enero, Parques y Paseos invirtió diez mil pesos para reparar 90 juegos de hamacas, toboganes, sube y baja y trepadores.

Piel ajada. No hay parque, plaza o paseo que no tenga algún sector escaldado por una carga anónima de desidia o violencia que no excluye a ningún sector social. “Cuando viene un turista, lo que recorre es la piel de la ciudad, calles, plazas y mobiliario público, y esa es la imagen que se lleva, no se mete en los intersticios, ve la piel”, argumentó Julio Rayón, docente de la Universidad Nacional de Rosario.

¿Cuál es la percepción que tiene la gente sobre el patrimonio? Para el escultor Marcelo Castaño, es un tema complejo que engarza cuestiones de distinto peso específico. “No es fácil, es un problema cultural, histórico, social y hasta de pertenencia”, consideró. En su opinión, deteriorar el patrimonio es un autoagravio que lleva a perder la identidad del entorno. En Rosario hay 300 grupos de esculturas y 13 personas para su cuidado y restauración.

“No terminamos de arreglar algo cuando rompen otra cosa, el problema es permanente”, explicó Castaño, desde la Dirección de Restauración de la Municipalidad, que en los últimos días fue solicitada para realizar una intervención en Puerto Madryn como muestra de la solvencia con la que trabaja. “No se cuida ni se valora lo que no se conoce o lo que resulta indiferente”, argumentó el escultor.

Entre las figuras más afectadas está la estatua de Sarmiento, emplazada en San Juan entre Mitre y Entre Ríos, donde abundan graffitis y hasta excremento. En el lugar había 11 placas de bronce que fueron reemplazadas por réplicas de resina poliéster que tampoco evitaron a los vándalos. El monumento al general Las Heras, en la plaza del mismo nombre, ubicada en avenida del Rosario y Tupungato, tiene el impacto de aerosol rojo y negro en su base de mármol travertino y espera una cerca perimetral para detener el estropicio.

Palomas ciegas. Entre los sitios vandalizados el palomar del parque Independencia pelea el primer puesto junto al Rosedal y al Jardín Francés. Entre los mayores disgustos, Adrián D’ Alessandro, de la asociación de amigos de ese espacio verde recuerda la muerte de 50 palomas que tenían los ojos quemados con cigarrillos. “Creo que falta mucho para que la gente considere lo que es público como propio”, argumentó.

Según D’ Alessandro, no son pocos los autos cero kilómetro que se detienen a llevarse rosales con sus respectivos panes de tierra o rosas en su floración completa. “Algunos se ponen colorados y otros nos insultan y nos dicen que para eso pagan impuestos”.

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