La ciudad

El tren del accidente carecía de una protección "crucial"

Aunque la última palabra la tendrá la Justicia a través de pericias ya ordenadas (ver aparte), especialistas en ferrocarriles advierten que al trencito del parque Alem que arrolló a una beba el domingo pasado le faltaba un elemento de seguridad imprescindible: el “miriñaque”.

Miércoles 16 de Enero de 2008

Aunque la última palabra la tendrá la Justicia a través de pericias ya ordenadas (ver aparte), especialistas en ferrocarriles advierten que al trencito del parque Alem que arrolló a una beba el domingo pasado le faltaba un elemento de seguridad imprescindible: el “miriñaque”. Se trata de una protección triangular —también conocida como “apartavaca” o “tumbaburro”— adherida a la locomotora, que tapa las ruedas y así repele el objeto o cuerpo sobre la vía, lo que impide que el tren descarrile o atropelle lo que está frente a él.
  Según detalló ayer el director del Museo y Archivo Ferroviario, Rolando Maggi, todos los trenes llevan alguna protección: si se trata de una locomotora grande, es un “chapón” al frente. Si es pequeño y funciona como juego, tiene un miriñaque. Incluso los tranvías llevaban una protección que llamaban “salvavidas”.
  Ese miriñaque se engancha a la trompa del tren y va ubicado sobre el eje, “como una cuña”, dijo Maggi ilustrando con sus manos. Pegado a la vía, “actúa como una pala e impide que cualquier cosa se deslice hacia las ruedas”, agregó.
  El especialista recordó que el dispositivo de seguridad “es tan antiguo como el ferrocarril”, ya que no permite que descarrile si aparece algún obstáculo (piedras, palos, animales) sobre las vías y al removerlo, a la vez, no lo atropella.
  Esa misma protección es la que muestra el otro trencito de un parque de juegos infantiles que hay en la ciudad, frente a NOB, en el parque Independencia.
  Su dueño, heredero de una larga tradición como fabricante de juegos y concesionario, Carlos De Gregorio, mostró ayer a La Capital cómo funciona ese elemento de seguridad en el trencito, “una máquina chica, liviana, de frenado rápido, que va a paso de hombre, fabricada en los 50”.
  En su caso, además, todo el trayecto del tren está rodeado de una cerca perimetral que aísla cada juego del resto del parque. Aun así, De Gregorio no cesó de repetir que, pese a tener tanta protección, “es indispensable que los padres no pierdan de vista a sus chicos”.
  También Maggi recordó que en una muestra y desfile de locomotoras para el 50º aniversario del Monumento a la Bandera, debieron pedir control y cercar el área “porque los padres dejaban a los chicos acercarse y hasta subirse a las máquinas como si nada, cuando si bien el tren no es peligroso en sí mismo, tampoco hay que minimizar riesgos”.

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