La ciudad

El tren cumple un mes en medio de obras pendientes y gran informalidad

La estación Apeadero Sur (San Martín y Batlle y Ordóñez) y sus alrededores muestran demasiadas situaciones de carácter provisorio para recibir a los pasajeros. 

Domingo 03 de Mayo de 2015

Miércoles por la noche. Treinta y cinco minutos después de las 22 el tren proveniente de Buenos Aires arriba con puntualidad a Rosario. Esta vez no toca bocina, como lo hace habitualmente, provocando extrañeza en los vecinos del Apeadero Sur (San Martín y Batlle y Ordóñez). Poca gente espera en el andén. Y algo más de 50 personas bajan en una estación que aún no puede mostrar su mejor perfil porque acarrea obras pendientes. Numerosas. Evidentes. El anhelado servicio ferroviario cumple un mes desde su promocionada puesta en marcha y las postales de esta llegada dejan en claro que al tren le falta bastante para tomar ritmo. Por ahora, su necesario impulso pierde intensidad en un escenario de llegada que mezcla desolación nocturna y demasiadas cuestiones provisorias.

   En la zona sur, el paisaje urbano y las costumbres se están acomodando a una nueva realidad. Pero todavía restan obras de consideración para que esta estación pueda actuar convincentemente como carta de presentación de la ciudad, como motor impulsor de un barrio aletargado.

   La imposibilidad de atravesar por avenida San Martín hacia el sur (aún en obras), y las acciones pendientes dentro de la estación complican la vitalidad de los accesos y atentan contra las posibilidades y utilidades que pueden brindar.

   Como la planta alta todavía no está terminada, no hay salas de espera, ni bares, ni negocios. Todo se desarrolla en la planta inferior, con algunas disposiciones temporales. Como la garita de la Policía Federal y el local donde se expenden y recargan las tarjetas de transporte sin contacto (TSC). Ambos serán reubicados una vez que se finalice la estación.

   Cuando los representantes de la fuerza federal reciban su lugar formalmente asignado, los uniformados pasarán de 2 a 4 por turno, lo que redundará en mayor seguridad. Además, la estación cuenta con un servicio de seguridad privada, de presencia permanente.

Hay materiales de construcción por todos lados, y en cada paso se impregna la sensación de medio terminar.

   En la boletería de ingreso hay tres personas. Curiosamente, con un llamativo y distante recelo, comunican que no están autorizados para brindar información sobre estadísticas iniciales o la cantidad de gente que está utilizando el servicio. Allí se venden pasajes hasta el horario de partida del tren (0.30), y aclaran que cada persona debe presentarse con DNI para adquirir su boleto, caso contrario, no podrá hacerlo.

   El viaje en primera sale 175 pesos, mientras que el pullman cuesta 225. Los precios están pegados a los costados de las ventanillas de venta, claramente legibles.

Rompió el silencio. Son las 22 y un muchacho chileno que viene recorriendo toda la Argentina toca la guitarra, sentado en el piso. Le faltan más de dos horas para poder subirse al tren que sale a Buenos Aires y no se hace problemas. El cadencioso sonido de sus cuerdas rompe la cerrazón de una noche lluviosa.

   Cinco minutos después llega el servicio diferencial Rosario Sur, el colectivo dispuesto por la Municipalidad (ver aparte) que une la nueva estación con la Plaza Sarmiento, Rosario Norte y concluye su recorrido en la terminal de ómnibus.

   Como el sector de estacionamiento todavía no está concluido, el colectivo se ubica en la rotonda, cerca del ingreso, junto a cuatro taxis, que también se disponen de manera informal. Demasiado cerca de las vías. Luego llega un segundo servicio diferencial, y espera estacionado más atrás. Esto transcurre con estas características debido a que avenida San Martín, hacia el sur, y la propia estación están en obras, y conforman una escena extraña, sin acabar.

   A la hora señalada, 22.35, llega la formación. Poco más de 50 personas descienden en Apeadero Sur. Según los vecinos, es la cantidad que habitualmente viaja entre semana, y esa marca sube los fines de semana y los feriados.

   Nadie está en el andén para recibirlos. El clima y la hora parecen no invitar a comités de bienvenidas. La mayoría se mueve en grupos familiares o de amigos, que apenas pisan suelo rosarino se dirigen rumbo al interno 137 del micro diferencial.

   Los que fueron consultados por este diario elogiaron sin dudar al nuevo tren, por su respeto por los horarios y por las comodidades que tiene en su interior.

   En menos de 20 minutos, el primer colectivo, a medio llenar, parte rumbo al centro de la ciudad, con las paradas preestablecidas. Al segundo no hace falta utilizarlo.

La estación se vacía rápidamente y retoma su posición anterior. De moderada expectación. De palpables contrastes. De guarda por obras que le permitan alcanzar su carácter definitivo. Por ahora, todo es precario.

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